Santiago Maldonado, poder y justicia

¿Dónde está Santiago Maldonado?: la pregunta que no paró de hacerse la sociedad argentina durante ochenta y un días exactos y que ayer, de la manera más trágica, obtiene su triste respuesta. Santiago Maldonado está muerto, y ahora se preguntan quién lo mató, si es que hay alguien que lo mató. Argentina vive hoy, lo que Paraguay experimentó seis meses atrás con la muerte de Rodrigo Quintana.

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“Pudimos mirar el cuerpo, reconocimos los tatuajes de Santiago. Estamos convencidos de que es Santiago”, dijo el hermano del joven fallecido el día de ayer a la prensa en las puertas de la Morgue Judicial de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, lugar donde se realizó la autopsia del cadáver; mientras agregaba que “en unos días va a estar el resultado final, con las muestras de ADN y la confirmación real”. Con estas simples palabras, Sergio Maldonado, y sin quererlo tal vez: un hombre en sus cincuenta, de complexión mediana y de pelo y barba canoso, que hace tres meses atrás nadie conocía y que en estos momentos está sufriendo junto a su familia por la pérdida de un hermano, logra reconstituir un intempestivo cambio de todo el panorama político de una de las economías más grandes de Latinoamérica a solo dos días de las elecciones legislativas que renovarán parte del parlamento de la misma. A la vez que abren un abanico de conjeturas junto con los primeros resultados de la autopsia que estipulan que el cuerpo no tiene lesiones algunas. Sus huesos echan luz en la oscuridad y piden escupir a gritos la verdad. Por lo pronto, y como si de una terrible paradoja se tratase, el pueblo argentino y la familia Maldonado consiguen un poco de paz y calma dentro de una tormenta de incertidumbre que no cesará hasta el día en que la reconstrucción de los hechos se lleve a cabalidad. Ahora, que toca salir a las calles para agitar verbos de rebeldía y exigir justicia más que nunca, la pregunta un poco se revierte: ¿estará el pueblo para Santiago Maldonado?

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¡Fuego al negro, escopeta!”, exclamó en un video uno de los gendarmes que participaron de la represión a los mapuches el primero de agosto de 2017, la última vez en que se vería a Santiago Maldonado con vida. La brutal forma en la que se refería a la comunidad indígena de la Pu Lof Cushamen la gendarmería argentina y el aparente odio que les tenían, pudo comprobarse aún con mayor fuerza cuando en el mes de septiembre se dieron a conocer al público los cruces de llamadas y las triangulaciones de mensajes que se hicieron con sus teléfonos los integrantes del cuerpo de seguridad los días posteriores al suceso. Pero lo que deja una inusitada sospecha de responsabilidad política, no es tanto el hecho en sí mismo de la presunción que se tiene sobre la gendarmería frente a la desaparición y muerte de Santiago, sino la propia manera en la que el gobierno de turno responde frente a un hecho de la realidad que está profundamente calado en la raigambre misma de la sociedad argentina. El número de los treinta mil desaparecidos durante la última dictadura militar argentina, que algunos tantos fascistas analistas de la realidad política del país insisten en que no es más que una proyección simbólica de grupos ideologizados de izquierda y del alfonsinismo, se construye hoy como un relato hegemónico de la historia argentina misma que reclama vigorosamente por la memoria, la verdad y la justicia para la redención de los pueblos y de las sociedades humanas del conjunto de la América Latina toda, y que explica al mismo tiempo, todo su trayecto durante el siglo veinte.

El gobierno responde mal. Mauricio Macri llama a la madre de Sergio a través de una línea privada ni bien se conocieron sus declaraciones por TV. Los candidatos oficialistas tuitean rápidamente en sus muros las condolencias correspondientes, tanto así como los no oficialistas. Sergio usa después el adjetivo de “perverso” para referirse al propio presidente y al Ministro de Justicia Germán Garavano, al cual desmiente de una supuesta llamada que recibió de su parte. “Se trataron de comunicar con Andrea (esposa de Sergio), pero es algo que a los 79 días […], me parece que era al principio, no queremos tener ningún tipo de diálogo”, dijo Sergio en una conferencia de prensa días atrás mientras brindaba una clase ejemplar de deontología periodística. “Si no tienen nada que poner, pasen música”: les refirió a los periodistas que durante más de ochenta días se cargaron la mochila de la administración de turno implantando hipótesis e informaciones falsas desde los medios de comunicación para los cuales trabajan. El clima de tensión aumenta frente a la inminencia de las elecciones de mañana. Las organizaciones de derechos humanos y los movimientos sociales llaman para hoy a la tarde a marchar en Plaza de Mayo para exigir justicia por Santiago y, ayer a la noche, ya prendieron las primeras velas de luto frente a la Morgue Judicial para conmemorar la muerte del joven artesano de 28 años. Es evidente: el gobierno de Cambiemos vive una de las peores crisis institucionales desde la vuelta de la democracia argentina en 1983; porque gran parte de la sociedad lo acusa, efectivamente, de encubrir asesinos. Los hashtags y las palabras claves explotan en las redes sociales configurando un “trending topic” que durará por lo menos hasta que se conozcan los resultados oficiales de la autopsia.

El gobierno responde muy mal. La diputada oficialista Elisa Carrió dijo en un espectáculo de bochorno e insensibilidad que brindó al programa de Los Leuco en TN la noche del día en que se encontró el cadáver, que fue “prefectura el que lo encontró”, es decir el Estado, “no como en otros casos como el de López” ─en referencia al albañil Jorge Julio López desaparecido en 2006 durante el gobierno de Néstor Kirchner─, haciendo uso político-partidario del cuerpo encontrado. Cosa que por cierto, es totalmente falsa: basta con escuchar las declaraciones que hace el hijo del albañil desaparecido sobre la actitud que toma el ex presidente Kirchner y con el hecho de que en realidad el Estado argentino nunca encontró el cuerpo de López. Y como si aquello no pareciera un despropósito en sí mismo, Carrió comparó también al cuerpo con el de “Walt Disney”, riéndose de la manera más jovial, cuando los periodistas del programa conjeturaban con la idea de que el cadáver pudo haberse mantenido en estado debido a las bajas temperaturas.

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El procedimiento de esta primera autopsia se llevó a cabo con tanta minuciosidad y imparcialidad en las partes, que incluso hasta la propia gendarmería logró hacerse un lugar con la designación de un especialista de la fuerza que representa al único imputado, el subalférez Emmanuel Echazú, que integraba el grupo de los agentes que llegaron hasta la orilla del Río Chubut en la persecución a los mapuches en medio de la cual desapareció Maldonado. Cámaras y micrófonos fueron instalados en el laboratorio para su total comprobación en la investigación, y se prohibió el ingreso con celulares luego de una filtración de fotografías del cadáver que se viralizó en las redes sociales. Aparte, la operación fue dirigida por tres legistas del Cuerpo de Médicos forenses de la Corte Suprema del país vecino junto a integrantes del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), dos órganos de destacado prestigio tanto a nivel argentino como internacional. La EAAF fue uno de los principales colaboradores en la tarea que emprendió el activista Rogelio Goiburú desde hace ya algunos años para la identificación y exhumación de cuerpos de desaparecidos durante la última dictadura del General Alfredo Stroessner. También, el organismo propició su ayuda para víctimas de la dictadura de Videla (para la cual se crea en el 84), el franquismo en España y la mismísima identificación del cuerpo del Che Guevara en Bolivia en los noventa. Hay quienes están de acuerdo en calificar a la ONG como el ente más prestigioso del mundo en este sentido. Por lo que la negligencia en el caso es presumiblemente baja, mientras que las esperanzas que deposita la familia en el caso, altas.

El juez en la causa, Gustavo Lleral, dijo ayer en conferencia de prensa que el cuerpo “no presentaba lesión alguna”, por lo que de la manera más chabacana los medios oficialistas y los “trolls” que operan en las redes sociales, ya empezaron a instalar la idea de la culpabilidad de los mapuches; que ellos/as fueron los/as que plantaron el cuerpo y que desde un inicio ellos/as lo tuvieron, y que lo lanzan ahora para hacerle “quedar mal” al gobierno a tres días de las elecciones. Hoy el diario Clarín titula “Según los datos preliminares, Santiago murió ahogado, sin lesiones y su cuerpo llevaba más de 60 días en el agua” y ayer “El testigo E: un mapuche que cambió su testimonio y habría dado el dato para hallar a Santiago”. Las dos totalmente falsas; en la primera solo el diario pudo acceder a dicha información mientras que el juez Lleral en su declaración jamás habla de ahogamiento o de los 60 días en el agua; en la segunda, los propios mapuches desmienten la existencia de un “testigo E”, que supuestamente se presenta a declarar en la causa bajo el anonimato. La lucha por la “posverdad”, una realidad que aparentemente está lejos de la objetividad del universo puro pero que apela a las subjetividades humanas en un intento de apropiación de sus sistemas de ideas y de valores, hoy adquiere un punto culminante de comparación del cual sería difícil lograr romper su parámetro en la línea del tiempo de la historia de la comunicación política contemporánea en la Argentina.

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Desde un inicio el gobierno respondió mal. La Ministra de Seguridad Patricia Bullrich propició durante los primeros días de agosto declaraciones que distaban abismalmente de ser contenedoras para la familia Maldonado. La primera hipótesis planteada desde su figura, fue que Santiago ni siquiera estuvo en el lugar donde se desarrollaron los hechos. Trató a los mapuches de guerrilleros y de estar financiados por organizaciones británicas (?), mientras que el encubrimiento a la fuerza de seguridad que responde a su gabinete ministerial, fue sistemático y grotesco, al igual que el de los medios comunicacionales afines a la línea ideológica del gobierno. Es lógico pensar entonces como justo el reclamo de diferentes sectores de la sociedad que piden su renuncia desde tempranas horas en que se reconoció el cadáver de Maldonado. Pero hay un hecho que quizá deja en evidencia la complicidad con la que actuó parte del aparato de las fuerzas del Estado y que ponen en jaque seguro la responsabilidad política y penal de Cambiemos. Este es el hecho inobjetable de la participación del Jefe de Gabinete de la Ministra Bullrich durante el desarrollo de los hechos el primero de agosto: Pablo Nocetti.

El mismo fue quien ordenó la represión por parte de la gendarmería a los mapuches que habían cortado la Ruta n°40. El problema es que el Juez de Esquel (apartado de la causa en septiembre), Guido Otranto, solo dio la orden por escrito de desalojar la Ruta, mientras que los mapuches ya lo habían hecho incluso antes de que llegaran los gendarmes y se encontraban ya en su comunidad para cuando el arribo de las fuerzas. De esta manera, Nocetti invoca la figura de “flagrancia de crimen”, porque objetaron un piedrazo que le habían propiciado al súbalferez Mannuel Echazú los mapuches durante el corte de ruta, que efectivamente puede comprobarse con la fractura del pómulo del oficial, pero que al mismo tiempo no deja sustento puesto que una enfermera de gendarmería brinda más tarde fotos y un testimonio que comprueban que Echazú fue herido dentro de la comunidad y no afuera. En las fotos, se lo veía caminar desde el Río Chubut con la cara ensangrentada y una escopeta recortada (prohibida en estos operativos). O sea, la flagrancia no existió nunca. A todo esto se le suma la lógica contradictoria de las declaraciones de algunos gendarmes que dijeron desde un inicio que ni siquiera habían llegado a la vera del río, mientras que otros afirmaron después que esto ocurrió en efecto.

Estos hechos son sustanciales para comprender el panorama político en el cual se encuentra el gobierno de Macri, que ahora puede y debe soltarle la mano a la Ministra y dejar que se hunda sola por encubrimiento junto con Nocetti, así como no lo hizo al principio; pero al hacerlo, también deberá apuntar a los “gendarmes sueltos”. Mucho se ha dicho al respecto en este sentido, porque habría un supuesto “pacto de silencio” entre la gendarmería y el gobierno luego de que ocurrieron los acontecimientos, según especulaban y especulan todavía muchos periodistas y analistas políticos no oficialistas. La administración de Macri presentó un sorprendente giro de 180 grados en relación a la contención brindada a la familia ni bien se encontró el cadáver el martes pasado, como ya lo remarcaba Sergio Maldonado y la diputada Carrió anteriormente. Como queriendo abanderarse de la causa luego de tres meses de absoluto silencio. De hecho, las únicas apariciones públicas que realizó el presidente sobre el caso Maldonado fueron: la primera en un ascensor donde un periodista lo interpeló al respecto, y en donde el presidente no tuvo más remedio que responderle. Y la segunda: al día siguiente en una breve conferencia de prensa donde habla no más de un minuto sobre el tema. “Estamos colaborando con la Justicia”, sintetizó en aquellas oportunidades.

Periodistas como Jorge Asís apuntan ante todo esto a la hipótesis del nocaut. Hace dos días atrás en su cuenta de Twitter y luego también en el programa del periodista Alejandro Fantino del cual es un invitado habitual, el mismo dijo que la “gendarmería vacunó al gobierno” (en referencia al supuesto pacto), y que “el cadáver se esperaba para después del 22 de octubre” (en referencia al día de las elecciones legislativas de este domingo en Argentina). Este panorama deja ambigüedades sin resolver, pero que podrían explicar tal vez lo que está viviendo en estos días la Argentina, puesto que es una hipótesis muy factible que se comprueba con la capacidad con la que el gobierno está tomando el caso actualmente. La gendarmería no le va a soltar tan fácilmente la mano al gobierno, mientras que este ahora solo intenta sacarse todo signo de culpabilidad luego de haberse roto el pacto. Es decir, el gobierno ahora está en las nubes, quedó shockeado, está en nocaut, no sabe qué decir y ahora con la comprobación del dato de la autopsia que estipula que el cuerpo no tenía lesión alguna, intenta apropiarse de la causa a como dé lugar; e incluso ─como si no tuviera ningún tipo de dignidad y respeto ante la muerte humana─, manda a sus focus group y asesores electorales para analizar a través de encuestas telefónicas el efecto político que podría generar en sus votantes la muerte de Maldonado durante las elecciones de mañana.

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En los días siguientes, se podrá presenciar un auténtico periodismo de guerra en los medios de comunicación masivo de la Argentina que intentará dilucidar, desde las diferentes posturas ideológicas ─y mintiendo de la manera más impune según se dé la oportunidad─, ¿quién mató a Santiago Maldonado? ¿El agua del Río? ¿La gendarmería? ¿Los mapuches? Lo único cierto y de lo que el mundo entero puede estar absolutamente seguro, es que la última vez en que el mundo vería a Santiago Maldonado sería durante un operativo represivo e ilegal dentro de un contexto monopólico por la eterna puja de la Tierra de los oprimidos y los opresores, y que si esto no hubiese sido así, hoy, Santiago estaría con vida. A no olvidar: el conocimiento es poder y justicia.

 

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