Retrato de una peste

Porque la crueldad es sinónimo de humanidad. Reseña del libro Pájaros en la Boca de Samantha Schweblin

“-¡Come pájaros! ¿La hiciste ver? ¿Qué mierda hace con los huesos?

Silvia se quedó mirándome, desconcertada.

-Supongo que los traga también. No sé si los pájaros… -dijo y se quedó mirándome.

-No puedo llevármela.

-Si se queda me mato. Me mato yo y antes la mató a ella.

-¡Come pájaros!”

 Fragmento del cuento ‘Pájaros en la Boca’ de Samanta Schweblin

Una niña de mirada luminosa que come pájaros como papas fritas, un artista con problemas mentales que alcanza la fama gracias a sus deseos incontrolables de estrellar cabezas contra el asfalto, un miedo al destino en los rostros de una familia que espera que la cura de la depresión de un imberbe no se convierta en el vaticinio de su desgracia, la sospecha de un mortal en busca de descanso ante un cavador incansable, y más situaciones que se mueven entre la delgada línea que separa a lo sobrenatural de lo cotidiano hacen parte de este descubrimiento de lo más cruel de la realidad humana.

Esa fascinación por lo inesperado y la resolución en pocas líneas de tramas irresolubles que exponen a la cotidianidad de un encuestador a someterse a la mortal furia de las pestes, y que reflejan en la pérdida de velocidad en los movimientos de un viejo hombre bala el augurio de que su vida en este mundo se acaba, muestran a Samanta Schweblin como una narradora que deambula de forma magistral por la realidad, a veces con una sospecha trivial y silenciosa. Otras con una densidad violenta e irreversible.

Samanta, en una explotación de su imaginación, vuelve lo trágico parte de lo cotidiano, convirtiendo el libro en una feroz exploración de la crueldad de los humanos en tan solo trece relatos; desempolvando con frases cortas y cronología implacable ese lugar en que cerebro no conecta con el resto de los sentidos, ese mismo espacio de tiempo en el que, por más que queramos controlarlo, nuestro lado primitivo se apodera de nosotros para mostrarnos al mundo tal cual somos: humanos.

Esta ruta hacia el asombro de la realidad humana ganadora del premio Casa de las Américas 2008, calificada por la revista Rolling Stone como un mundo en el que los muertos se encuentran con los vivos y lo siniestro. Una travesía  donde el miedo a lo inexplicable no elude al humor.

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