Repetir Hamlet o sobre la interpretación.

Decir que esta versión de Hamlet es una obra posmoderna no es decir demasiado. Tanto por el bastardeo en el que ha caído la categoría como por el reduccionismo que ejercería sobre un evento que se muestra abierto a la potencia que desvía los intentos de categorización. Entonces, vamos desde el principio. Hamlet duele o el eco de los aplausos que ya no resuenan es una obra posmoderna porque coquetea con varias de las características que definen el panorama del teatro posmoderno –el texto deja de ser lo importante y se vuelve un elemento más de la puesta en escena, el estatuto del personaje se disuelve en un actor deíctico, la proliferación de signos escénicos no construyen ningún símbolo, etc.-. Lo que interesa de la obra no es tanto esos galanteos, sino el puro juego con los elementos dramáticos que elige: el dolor y la locura, en el tedio de la inacción.

El ensayo desparrama las acciones como ecos que reiteran los actores. La repetición se inscribe como diferencia: “Yo soy Hamlet. Yo soy Hamlet.” Ecos de silencio, dibujos en el aire del espacio vacío. Líneas blancas sobre un fondo negro dividen el territorio del doble. La emergencia de lo siniestro asecha entre personajes lunáticos. Oscuridad, corridas y gritos, todo aquello que inspira el teatro sagrado, pero sin esa típica solemnidad. Los actores son actores, los vimos en el camarín apenas entramos. Todos son Hamlet y la tragedia que los acomete es un drama de sensaciones.

No creo que sea bueno develar escenas clave de una obra cuando se hace una recomendación para ir a verla, pero al mismo tiempo una acción me resulta digna de ser comentada. Es que se trata de una de esas provocaciones deliciosas que tienen una substancia eminentemente performática y hacen del teatro un verdadero ritual. En un momento, hay una mutilación. Un libro se despedaza en escena. Las hojas amarillentas del ejemplar del que ni siquiera llegamos a saber su nombre, procedencia o año de publicación, se esparcen por el suelo en medio de una confusión general. El libro anónimo ya no podrá ser leído y de este modo confirma que el teatro es un hecho vivo y que la interpretación es su único fundamento.

Por Lucas Martinelli.

 

Ficha técnica:

Intérpretes: Cynthia Campano, Florencia Campano, Natalia Corrao, Federico Díaz, Rodrigo Fedele, Julián Fuentes, Milagros Gallo, Guadalupe García, Natalia Lisotto, Cecilia Maha, Analía Pelle /Participación especial: Rubén Szchumacher./ Escenografía y vestuario: Expansión Escénica / Diseño de Iluminación: Damián Monzón / Diseño de Sonido: Mariano Ferreras /Operadora: Daniela Horovitz / Diseño Gráfico: Cynthia Olivera /Asistencia de vestuario: Cecilia Maha – Cazadora Vintage / Fotografía: Juan Manuel Ledesma /Realización Audiovisual: Juan Manuel Ledesma – JML Audiovisuales./ Producción: Expansión Escénica / Prensa y Comunicación: Batahola (Blasco / Lucesole) / Supervisión y acompañamiento del proceso creativo: Eugenia Pérez Tomas / Asistencia de dirección: Mariano Basile.

Dirección y dramaturgia
Hugo Martínez.

 

Domingos de Mayo, 19hs.

Espacio Sísmico

Etiquetas: Hamlet, Teatro

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