Refundar la República

REFUNDAR LA REPÚBLICA

Cuando en 2015 una corporación mafiosa se apoderó del aparato del estado gracias al fraude preelectoral, llegó con un plan de acción de pocos puntos muy concretos.
Antes de referirme a ellos debo aclarar, por si a alguien le quedaran dudas al respecto, que mi afirmación de que la elección fue ganada mediante un fraude se funda en el incumplimiento en todos sus términos, por parte del presidente electo y de su banda, del contrato con el electorado que se establece mediante la publicación del programa de gobierno y por las declaraciones públicas de los candidatos. El presidente mintió a sabiendas de que no tenía intención alguna de cumplir sus promesas. Me limitaré a recordar algunas de sus afirmaciones acerca de la “pobreza cero”, de que no se iban a tocar ni devaluar los beneficios adquiridos por la ciudadanía, de que se iba a excluir el salario de la tributación del impuesto a las ganancias, de que se iba a bajar rápidamente la inflación, de la famosa “lluvia de inversiones” y de una serie muy larga de engaños premeditados, sobre los cuales no vale la pena extenderse porque son bien conocidos o, mejor, sufridos, por el pueblo en sus propias carnes.
El sinceramiento llegó muy pronto por boca del actual presidente del Banco Nación, Javier González Fraga –tal vez el único fabricante de dulce de leche del país que logró quebrar con ese producto- cuando lanzó a todos los vientos su famosa frase que empezaba con “Les hicieron creer…”. González Fraga decía que en los últimos doce años le habían hecho creer a la “gente” que con sus ingresos medios de trabajadores medios podían comprarse autos cero kilómetro, celulares de última generación, equipos de aire acondicionado e, incluso, viajar al exterior. Es decir, el economista de la Universidad Católica Argentina, situada en el puesto cuatrocientos veinte en el ranking de calidad de las universidades del mundo, culpaba al pueblo –palabra que repugna pronunciar a todos los integrantes de Cambiemos- de haber pecado largamente y lo amonestaba acerca de que había llegado la hora de expiar sus culpas.
El contrato secreto, que se ocultó al pueblo y que sólo conocían Macri y sus cómplices, era la aplicación del remanido y reiteradamente fracasado programa neoliberal. Pero había algo más. El plan, muy escueto, incluía los siguientes puntos:
En primer lugar negocios. El grupo de negociantes prebendarios que se apropian del patrimonio público desde, por lo menos, la dictadura cívico-militar de 1976 a 1983, decidió tomar las riendas del despojo en sus propias manos. Basta de tener que lidiar con la mediación de la política; a partir del exiguo éxito de 2015 saltaron el mostrador y negociaron cara a cara de uno y otro lado del mismo, como empresarios y como gobernantes. Basta echar un vistazo al “mejor equipo de los últimos cincuenta años” para apercibirse de que le concedieron el control de la energía a un petrolero, Juan José Aranguren; las finanzas a un operador de la banca privada, Luis Caputo; la agroindustria a las Confederaciones Rurales Argentinas y a la Sociedad Rural sucesivamente, con Ricardo Buryaile y Luis Miguel Etchevehere; el extinto Ministerio de Trabajo al hijo de un sindicalista que se enriqueció durante el gobierno privatista de Menem, y así siguiendo.
En lo ideológico. Compra llave en mano del paquete neoliberal. Vía libre al poder financiero para mover el dinero sin trabas y sin control. Destrucción del entramado industrial del país. Apertura irrestricta de las importaciones. Precarización laboral y desvalorización –inflación mediante- del costo del trabajo, de las jubilaciones y de las asistencias a los sectores más desfavorecidos de la sociedad. Reprimarización de la economía del país. La Argentina, en un período tan corto como tres años, vuelve aceleradamente al papel que le asigna el mundo desarrollado y, en particular, la potencia dominante: los Estados Unidos de América. De acuerdo a la división internacional del trabajo extremada mediante el proceso globalizador, los países del “Sur” subdesarrollado deben limitarse a ser proveedores de materias primas baratas, sin agregado de valor, es decir conservarse como el reservorio de suministros del “Norte” desarrollado. La extranjerización de la tierra, incluso en zonas de frontera, la indiferencia ante la ocupación de las islas Malvinas, son más que un indicio del pensamiento de este gobierno acerca de la soberanía del país. Los integrantes de la corporación que se enancó en el poder político –además de los poderes fácticos que detentan desde antiguo- tienen mentalidad colonial, se sienten delegados del imperio en su propio país, al que desprecian.
El neoliberalismo aplicado en Argentina piensa en un país como máximo de veinte millones de habitantes; el resto sobra y debe precipitarse al abismo de la exclusión, aspirando, a lo sumo, a las limosnas de la caridad estatal para llegar hasta el límite de una corta expectativa de supervivencia sin educación, sin salud y subalimentado.
No vale la pena extenderse más; como ya he dicho, la experiencia personal de los argentinos en estos tres años transcurridos es la mejor pedagogía.
Sólo cabe agregar que, además de constituir una corporación mafiosa que se apropia descaradamente de los bienes de la sociedad, sus miembros son incapaces. No saben gobernar. Creyeron que un país se gobierna como una estancia. Gobernar un país es algo más complicado, para lo que estos CEOs no tienen ni los conocimientos, ni la inteligencia mínima para hacerlo.
Refundar la República
El gobierno de la oposición que asuma la responsabilidad de sacar al país del marasmo –pensar en un nuevo período de Cambiemos es asumir el suicidio colectivo- deberá contar con una base de poder muy amplia y sólida porque la tarea que le espera es no sólo difícil sino que requerirá de una gran energía y de un gran valor. No se trata simplemente de ordenar las cuentas, se trata de reorganizar la sociedad desde sus cimientos y fundar una nueva república. La actual está agotada y algo peor, sus bases están podridas.
Hoja de ruta para refundar la República
Los puntos que desarrollaré a continuación de un modo muy sintético no pretenden aleccionar a nuestros futuros gobernantes; no son más que ideas producto de lecturas, escuchas atentas de discursos sensatos y de la reflexión personal.
Dije que el próximo gobierno deberá tener poder y valor para abordar reformas estructurales que, seguramente, serán resistidas por los actuales dueños del país tildándolas grosera e interesadamente de socialistas, comunistas o colectivistas con el fin de desacreditarlas. Aclaro que ninguna de las acciones que propondré tiene el menor tinte de esas teorías políticas sino que se encuadran estrictamente dentro del capitalismo. Son medidas que atribuyen al Estado el poder de control básico que debe ejercer un gobierno independiente de los poderes fácticos. Un gobierno independiente está obligado a poner límites a los desbordes y la violencia del anarco capitalismo vigente hoy en día. A tal punto es como digo que muchas de estas normas se aplican en los países del mundo desarrollado; en cambio son resistidas en el ámbito del capitalismo periférico.
Las nuevas autoridades nacionales no podrán limitarse a realizar cambios cosméticos, de carácter coyuntural, para cambiar algo sin que nada cambie (gatopardismo puro). Por el contrario, tendrán que afrontar cambios estructurales que, insisto, aunque no impliquen traspasar los límites del capitalismo sí tocarán los poderosos intereses del capitalismo prebendario y concentrado que impera en nuestro país así como en la mayor parte de la región.

Será necesario actuar en los siguientes campos (El enunciado de las propuestas no indica un orden de prelación; todas son disposiciones urgentes que deben encararse como prioridad):
-Regulación del sistema bancario y financiero. Es imprescindible diseñar una nueva arquitectura financiera con un fuerte control estatal que impida que el dinero gire como una entidad autónoma sobre sí mismo en una ruleta financiera; el dinero debe estar al servicio del crédito que sirva de soporte a la economía real, la de la industria, el comercio y los servicios.
-Reforma impositiva integral. Debe pasarse de la imposición regresiva actual que se sustenta sobre los impuestos indirectos, como el IVA, para poner la carga sobre los impuestos directos que gravan la renta y el patrimonio.
-Control estatal del comercio exterior. Sin necesidad de llegar a la estatización de las exportaciones e importaciones, debe regularse el comercio exterior para ponerlo al servicio de la producción y de la soberanía alimentaria. Debe darse prioridad al abastecimiento de las necesidades de la población y a partir de ellas establecer los saldos exportables. Debe restablecerse la obligación de ingresar al país las divisas provenientes de las exportaciones dentro de un plazo razonablemente corto. Así también debe impedirse la acopiación de stocks, estableciendo la obligación de vender las cosechas.
Deben regularse las importaciones de modo de limitar el ingreso de productos suntuarios y superfluos, así como también la de aquellos que compiten con ventaja sobre la producción nacional. Debe protegerse la producción nacional sin que ello signifique poner un cerco indefinido en el tiempo sobre una industria ineficiente. La industria nacional, en plazos razonables, debe alcanzar un nivel de eficiencia que le permita competir de igual a igual con la producción extranjera, de manera que, progresivamente, se puedan levantar las barreras de protección. Hay numerosos ejemplos en la historia, empezando por el del Reino Unido, siguiendo por los Estados Unidos y en tiempos más recientes el Japón de después de la segunda guerra y, en el final del siglo XX Corea del Sur como caso más destacado dentro del desarrollo del sudeste asiático, que protegieron su industria hasta que ésta estuvo en condiciones de competir internacionalmente. Esto no quiere decir que “todos” los productos necesarios deban ser de producción nacional. Deberán elegirse rubros con alto valor agregado nacional que resulten rentables a mediano plazo tanto para abastecer la industria nacional como para exportar.
-Control estatal del comercio interior. En un comercio interior fuertemente oligopolizado y extranjerizado deben establecerse controles sobre precios y costos. Deben analizarse las cadenas de valor para evitar distorsiones, tanto en la participación en los ingresos a partir del productor hasta llegar al minorista como en el precio final al público. El mercado es un mal distribuidor de los ingresos porque en él no hay competencia sino preponderancia de los conglomerados más poderosos.
-Control estatal efectivo sobre los servicios públicos. Debe devolverse a éstos el carácter de derechos y no de mercancías sujetos a la ley de la oferta y la demanda. Desdolarización de las tarifas.
-Recuperación del tejido industrial y diseño de una matriz de desarrollo con alto valor agregado. Los saldos comerciales de la agroindustria son históricamente insuficientes para financiar el desenvolvimiento industrial, lo que, ante la escasez de divisas asociada al crecimiento produce la recaída cíclica en la restricción externa (dólares insuficientes).
Para consolidar un desarrollo con base industrial –es la única forma de dar trabajo y bienestar al país de más de cuarenta millones de habitantes que hoy es Argentina, la agroindustria, el mal llamado “campo”, con las industrias asociadas alcanza, a lo sumo, para dar empleo a un 35% de la población activa, según los estudios que analizan su capacidad de ocupación, o sea no más de dieciséis o diecisiete millones de personas.
Como ya he dicho, un desarrollo industrial serio y consistente necesita de una protección inicial para consolidarse y lograr el rango de eficiencia que le permita en el mediano plazo competir de igual a igual con los productos extranjeros. Por lo que progresivamente las protecciones deben poder reducirse hasta que la industria deje de necesitar andadores.
La competitividad no se logra sólo con un tipo de cambio alto, sino que debe sumar el incremento de la productividad que depende de la eficiencia de los sistemas y de la modernidad de los medios de producción; pero no sólo de ellos sino además de una infraestructura actualizada que ponga a su disposición el Estado. Así también es indispensable la disposición de crédito fluido y barato, tanto para invertir en capacidad instalada como para financiar las exportaciones. Además debe contar con una política exterior eficiente en la apertura de mercados no tradicionales.
Hay otros caminos complementarios para alejar la aparición de la restricción externa, mal crónico de la Argentina, tales como los acuerdos para crear mecanismos de pago Sur-Sur que compensen los intercambios comerciales mediante monedas de cuenta y pago del saldo en monedas locales sin necesidad de utilizar dólares. La política latinoamericana que propusieron los líderes populares que gobernaron en estos países durante los primeros quince años de este siglo, intentó avanzar en ese sentido y en otras políticas de colaboración con éxito variado. Hoy, la derecha gobernante en estos países desmantela todas las medidas de unidad y colaboración, adoptando una política de seguidismo de la potencia hegemónica, asumiendo el papel en el que se sienten más cómodos: el de virreyes designados por el reino para depredar sus propios países, dentro de los cuales actúan como una clase colonialista para la extracción y el saqueo.
Los políticos hoy en el poder regional, con contadas excepciones, entregan el manejo económico a técnicos deculturizados en las universidades norteamericanas a donde concurren a obtener sus postgrados. Previamente fueron adoctrinados en las universidades de sus propios países colonizadas por el pensamiento económico único: la ortodoxia del neoliberalismo. Se doctoran presentando a sus evaluadores elegantes modelos econométricos, pero son incapaces de entender la realidad. Sus cabezas no les permiten manejar en la práctica sino instrumentos rudimentarios, modelos toscos, simplificadores, monocausales. Los monetaristas que gobiernan nuestro país –no hablo del presidente que parece ser analfabeto funcional- los expertos en economía que nos gobiernan, para contener la inflación conocen una sola receta: contracción de la masa monetaria, y para detener la corrida del dólar tasas siderales de interés; ambas medidas recesivas que afectan la capacidad de consumo e infligen sufrimiento al pueblo. No conocen el concepto de inflación de costos que su mismo gobierno fogonea con el aumento continuado de los servicios públicos, de la energía y con la dolarización de la economía que nos hace ingresar en un círculo vicioso de incremento de precios.
-Desmantelamiento de los oligopolios de información que han abandonado la tarea informativa para convertirse en operadores políticos en defensa de sus propios intereses económicos y los de sus socios.
Puede tomarse como ejemplo el caso de los países del mundo desarrollado donde los grupos no pueden poseer a la vez medios gráficos y medios visuales. Debe actuarse con rapidez y decisión para evitar las operaciones con que estos medios poderosos traban el proceso que perjudica sus intereses.
-Reforma integral del poder judicial. Hemos traspasado el límite tolerable de ineficiencia y concentración de privilegios del poder judicial, al punto de que estamos ingresando en la descomposición del sistema. Deberá reconsiderarse el procedimiento de selección de los miembros del poder judicial de modo que se convierta en una carrera basada en la capacidad profesional y honestidad personal, eliminando todos las prerrogativas indebidas de que gozan a la fecha los miembros del poder judicial. Puede pensarse incluso en la elección popular de la judicatura, a semejanza de los otros dos poderes del estado.
-Reforma integral del aparato de seguridad (policía federal, policías provinciales, gendarmería, prefectura, policía aeroportuaria). Debe desarmarse el entramado corporativista y mafioso que funciona como sistema en los cuerpos de seguridad. Los agentes que los integren deberán formarse con criterios democráticos, preparando a sus miembros para actuar como cuerpos protectores de la sociedad y no como organismos centrados en la represión.
-Reforma integral de los servicios de inteligencia, que deben quedar bajo el estricto control del parlamento incluyendo, muy en especial, el manejo de sus fondos reservados.
-Debe auditarse la deuda descontrolada que contrajo durante los escasos años de su gestión el gobierno de Macri, rechazando el pago de la que se considere ilegítima y negociando con los acreedores la reestructuración de la que resultare legítima.

Reformas sustanciales como las que propongo y considero indispensables si el país quiere empezar a recuperar seriamente su soberanía, requieren de una ley de fondo que las sustente. Una nueva constitución debe redactarse tras una reflexión profunda y seria pues deben someterse a escrutinio los tres poderes del Estado.
Incluso podría ponerse a consideración la propuesta del doctor Raúl Zaffaroni, que sugiere reemplazar el régimen presidencialista por uno parlamentario. La justificación de Zaffaroni para este cambio se basa en el propósito de lograr mayor estabilidad institucional gracias al fusible de la institución de primer ministro. Un parlamento elegido por el voto popular y un primer ministro que el parlamento puede remover cuando pierde su confianza.
Dejo a salvo el conocimiento jurídico así como la inteligencia del doctor Zaffaroni, que no necesitan de mi crédito para ser reconocidos, por quien, además, siento un profundo respeto y admiración. Personalmente, desde mi modesto punto de vista, no estoy convencido de que la todavía frágil e inestable democracia argentina pueda prescindir de la figura personal de un presidente fuerte –además de sensato, honesto, inteligente y valeroso- siempre y cuando esa figura se encuentre. No quiero decir personalismos, pero sí, por el momento, de liderazgo que trasmita seguridad.
Además de las medidas propuestas hasta aquí, el nuevo gobierno debería tomar decisiones urgentes para reactivar la economía y empezar a reconstruir el tejido social terriblemente deteriorado en tan corto tiempo por este gobierno de casta. Sería imprescindible inyectar medios de pago a través de sueldos, jubilaciones y ayudas sociales que pongan en marcha el aparato productivo paralizado. Un incremento de la actividad que “agrande la torta” y aumente la recaudación para conseguir un crecimiento rápido y genuino sin producir un nuevo golpe inflacionario. La inflación, por otra parte, tendría que yugularse por el lado de los costos mediante la desdolarización de los servicios públicos y la energía, así como por una congelación transitoria de las tarifas.
Las medidas de emergencia, como esta última que propongo, son de un carácter extraordinario y transitorio, hasta tanto la economía encuentre un piso de estabilidad. A partir de allí y a mediano plazo, la razonabilidad y el orden económico se obtendrán mediante el desarrollo industrial sustentable, el fomento de las economías regionales, la consolidación del consumo privado y público, el aumento de la inversión con recursos genuinos y la competitividad internacional de nuestra producción.
Para alcanzar estas metas habrá que programar a mediano-largo plazo, para lo cual será imprescindible que un gobierno progresista tenga tiempo para consolidar el plan de desarrollo. Un nuevo voltear del péndulo hacia la derecha abortaría todo progreso y se recomenzaría la periódica contramarcha regresiva que nos mantiene estancados en la Historia.
Entre las decisiones de largo plazo que requieren continuidad política están las de la conectividad de todas las regiones del país.
-Es imprescindible construir una red vial extensa que interconecte las diferentes regiones y acorde con las dimensiones del país.
-Debe recuperarse el ferrocarril, tanto para el traslado de pasajeros cuanto, en especial, para el transporte de mercancías. Debe construirse una red de vías con un sentido integrador, es decir, no con la figura de la media tela de araña con centro en el puerto, pensada por la potencia colonial británica y la burguesía nacional para la extracción y la exportación, sino una red troncal que comunique todas las regiones del país.
-Debe potenciarse la línea aérea de bandera incluyendo aeropuertos con fines promocionales e integradores que no obliguen a los viajeros a pasar por Buenos Aires para dirigirse de un punto a otro con el consiguiente incremento de costo y tiempo..
-Debe recrearse una flota mercante que retenga los fletes en el país evitando una salida innecesaria de divisas.
-Debe recrearse el instituto nacional de reaseguros para conservar en el país el mayor volumen de primas sin necesidad de erogar divisas a esos fines.
-Y, por supuesto, deben concebirse con un sentido nacional todas las redes de nuevos medios de comunicación.

Estamos en el corto plazo y hay que actuar rápido pero sin atolondramiento. Y el primer paso es lograr una coalición opositora, un frente patriótico que aúne un poder fuerte y, además, y tan importante como la adopción de un programa de salvación nacional, que sea encabezada por la figura de un líder capaz de conducir las políticas nuevas, audaces y que, no hay duda, se encontrarán con la encarnizada resistencia de los intereses creados.
Hay que buscar un líder entre lo que hay. Hagamos juntos un repaso de lo que está en oferta en el mercado.
En busca del personaje
Descarto a Juan Manuel Urtubey, cuya inclusión dentro de los opositores es una licencia poética, pues su ideología es la misma que la de Macri.
No vale tomar en cuenta a Miguel Pichetto, mayordomo del poder sin adjetivos, que de armador político de los gobiernos kirchneristas en el senado pasó a articulador con el oficialismo de Cambiemos. Finalmente intentó cortarse como presidenciable sobreactuando posiciones reaccionarias, en particular en los temas de la inseguridad y la inmigración. Se supone que tenía esperanzas de convertirse en el Bolsonaro argentino, más refinado que el troglodita Olmedo, pero las encuestas no le dan y parece haberse bajado de la competencia.
Paso ahora a los candidatos con expectativas serias:
Roberto Lavagna. Tiene una relativa experiencia en cargos políticos ejecutivos. Es verdad que fue un buen ministro de economía en tiempos tormentosos, pero no era la cabeza que tomaba las decisiones finales, sobre todo cuando tuvo por encima una personalidad fuerte como la de Néstor Kirchner.
Es la esperanza blanca de la coalición conservadora en descomposición que desea reorganizarse alrededor de una figura que no esté desprestigiada como Macri y que sea aceptable para las clases medias conservadoras. Clarín lo infla como globo de ensayo, pero si quiere posicionarse seriamente tendrá que largar lastre de personajes tan desprestigiados como Luis Barrionuevo que se cuelga de su posible candidatura para postularse a gobernador de Catamarca.
Tiene el hándicap de la edad avanzada para iniciarse en un cargo exigente en tiempos turbulentos. Justamente por razones etarias no puede dar seguridades de continuidad.
Es un hombre conservador, aunque lo creo capaz de negociar con posiciones progresistas en el campo social. No lo veo con capacidad ni voluntad para realizar cambios profundos como los que son imprescindibles para salvar la República. Tendrá tendencia a llegar a acuerdos con el poder económico y político establecido.
Sergio Massa
Es un personaje sin ideología, capaz tanto de ir como adlátere de Macri a Davos (2016), cuanto de criticarlo frontalmente según como vienen los tiempos. Se maneja no por convicciones sino de acuerdo a los vientos que soplan en la sociedad y a las compulsas de las encuestas de opinión. De ahí sus posiciones reaccionarias en relación con la inseguridad y la inmigración.
Personaje resbaloso, imposible de atrapar en ninguna idea concreta; a tal punto que en su entorno más cercano sotto voce lo han apodado “Sergio el aceitoso”.
Martín Loustau
También se candidatea Martín Loustau, picaflor de la política, a quien no se puede acusar de labilidad ideológica como a Massa, pues es tal su capacidad de adaptación que parece que ni él mismo sabe lo que piensa.

Daniel Scioli
Scioli ha reaparecido públicamente anunciando que quiere tener una segunda oportunidad y se postula como candidato a la presidencia.
Creo sinceramente que Scioli no es una mala persona, pero para gobernar hace falta algo más que buenas personas. Hace falta ideas claras, objetivos concretos y energía para alcanzarlos, atributos que no adornan la personalidad del candidato.
Además, su formación, así como su pertenencia familiar y económica lo adscribe al pensamiento conservador. Es un “facilista” que prefiere arreglar los problemas inmediatos sin una mirada que proyecte hacia lo mediato. Un ejemplo significativo fue el retroceso en la reforma de la policía de la provincia de Buenos Aires que había emprendido Felipe Solá por intermedio de León Arslanián. En lugar de profundizarla prefirió abortarla pactando con los mandos policiales corporativos para obtener una pax transitoria con ellos.
Agustin Rossi. Lo creo capaz de encarar y llevar adelante las reformas necesarias. Tiene el inconveniente electoral de ser una figura identificada con Cristina Kirchner y, en consecuencia, atado a la rémora del fuerte rechazo que tiene Cristina en un amplio sector de la población.
Felipe Solá
Creo que posee la capacidad de conducción y la fortaleza de carácter como para acometer las reformas necesarias. Además tiene aptitudes de negociador de modo de llegar a acuerdos con quienes piensan de modo diferente a él. Aunque es un político de raigambre conservadora puede aceptar posiciones más progresistas que la suya. Un ejemplo reciente es su voto a favor del aborto libre y gratuito, no obstante estar personalmente en contra de la interrupción del embarazo.
Axel Kicillov
Un académico devenido político.
Pero no tanto, como su lista en el Centro de Estudiantes de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA: TNT, Tontos pero no tanto, que le disputaba la conducción del Centro a la eternizada lista Franja Morada, que integraban miembros de la Unión Cívica Radical.
Axel Kicillov, profesor de Pensamiento Económico en esa facultad, así como en otros centros académicos, hizo sus primeras armas políticas en la Facultad de la avenida Córdoba.
Kicillov ha demostrado sus aptitudes, tanto para desempeñar cargos ejecutivos, como el de ministro de economía que ejerció durante la última presidencia de Cristina Kirchner, cuanto para los de carácter deliberativo y de debate como el de diputado que ocupa desde la asunción de Macri a la primera magistratura.
Dueño de una formación técnica sólida, hábil en la polémica, maneja un leguaje sólido y fundamentado con riqueza de argumentos tanto como de lenguaje, éste sin empaque, pues da a su discurso profundo la apariencia de una charla informal.
Conecta con la opinión pública, en particular con los jóvenes, no sólo por su discurso descontracturado sino por su apariencia de muchachito. Tal vez su estilo y su aspecto físico inspire menos confianza a los mayores pomposos y conservadores, pero esos son prácticamente irrecuperables.
No obstante su aspecto juvenil ya ha alcanzado la madurez de la juventud pues promedia la cuarentena.
Aunque en la percepción popular su figura está estrechamente vinculada con Cristina, no parece que lo estuviera afectando demasiado el lastre asociado a la imagen negativa de la ex presidente.
Las virtudes personales de Kicillov reforzadas por una edad que le permite estar en la plena posesión de sus medios, son una ventaja comparativa con relación a los otros candidatos de la oposición que he mencionado más arriba quienes, o se encuentran al fin de su carrera, como Roberto Lavagna, o están mucho más cerca de ese final que Axel Kicillov que puede tener una larga vida política por delante.
Y… Cristina Kirchner
No hace falta describir las cualidades de Cristina Kirchner para gobernar. Sus virtudes y sus defectos son harto y públicamente conocidos. No seré yo quien descubra que podría ser perfectamente quien liderara el proyecto liberador que he esbozado someramente en estas páginas. Sólo me detendré en matizar dos de sus rasgos de carácter por los que más se la ha criticado: se la tilda de autoritaria y terca.
Quizá, en verdad, hay algo de eso en su carácter; sin embargo, las necesidades políticas y, tal vez, no le neguemos el mérito, su capacidad de autocrítica, le han hecho suavizar esas aristas. Baste recordar dos situaciones. La más reciente la del tratamiento en el senado de la ley de interrupción libre y gratuita del embarazo. Cristina Fernández votó positivamente no obstante que su postura personal es contraria al aborto. Y, mucho antes, al poco tiempo de iniciar su primer mandato, en una situación más difícil, cuando, en 2008, debió enfrentar la rebelión del poder agroexportador –que la operación de propaganda identificó con el generalizador sustantivo “Campo”- contra la resolución 125 que establecía retenciones móviles a las exportaciones de granos y oleaginosas. En ese momento aceptó presentar al Congreso un proyecto de ley que modificaba los supuestos de la 125 estableciendo retenciones escalonadas según el tamaño de las explotaciones y su distancia a los puertos de salida.
Los inconvenientes con que se enfrenta la eventual candidatura de Cristina Fernández es el alto rechazo que tiene su figura en un segmento grande de la población, así como también su desgaste personal, tanto por el largo ejercicio de la función pública cuanto por la ofensiva judicial contra ella y su familia que se orquestó desde que gobierna Macri.
Me cuesta admitir que Cristina sea la única candidata mujer a la presidencia entre tantos candidatos hombres. Parece que lo que ocurre es que a algunas de las posibles candidatas se les pasó el momento político justo y a otras no les llegó todavía. Entre las primeras la más destacada, a mi juicio, era la figura de Nilda Garre, dueña de una personalidad que tiene bastantes puntos en común con la de Cristina Kirchner. Por lo que sea, Garré ha quedado fuera del ámbito que abarca el presente radar político. Entre las que están en gateras pero todavía no les ha llegado el momento puedo mencionar a Verónica Magario, intendente de La Matanza, quien aún debe ascender en el cursus honorum.
Otra posible candidata del futuro, que hoy por hoy se encuentra algunos peldaños más abajo, es la diputada de la provincia de Buenos Aires por Unidad Ciudadana y decana de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad de La Plata, Florencia Saintout.
Buenos Aires, abril 2019
Jorge Andrade

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