¿Qué es América Latina?

América Latina, Latinoamérica, Nuestra América, Patria Grande. Durante los últimos años
hemos escuchado en innumerables ocasiones estas expresiones. Las hemos escuchado desde
la política progresista, desde los movimientos sociales, desde la política conservadora también.
Las hemos escuchado, enunciado, escrito y reproducido mientras gozaban de un estado de
salud impecable. O eso creíamos.

Honduras primero, un golpe de Estado, como los de antes, como los viejos, esos arcaicos que
“no podían volver a suceder”. La mayoría de la gente ,ciertamente fuera de honduras, se
dividía entre a quienes le importaba un bledo y los que se enteraban al pasar, hacían una
mueca de preocupación que apenas se disimulaba de una mueca de estornudo y preguntaban
si eso podía suceder aquí de nuevo. Si la respuesta era “No”, la mueca desaparece, el sujeto
vuelve a preocuparse por el horario de la novela. Si la respuesta era “Si”…también.

Paraguay segundo. Un golpe de Estado. Uno nuevo, nueva modalidad, nueva dinámica, de esos
que “No pueden ser un golpe de Estado”. No solo era un proceso legalmente constituido, con
las instituciones de la democracia, con las personas instituidas por el voto popular. Además,
como si no bastara con el legalismo como perro guardián, se estaba juzgando a un desviado,
“¡¡ Un cura con tantos hijos encontrados y sin reconocer!!”. La moral hipócrita haciendo de
segundo a la inercia legalista. Todo parece cerrar en paz. Por supuesto, por aquí y por allá no
pasó de ser una noticia fugaz, otra placa roja sin importancia.

Brasil tercero. La tercera no es la vencida. La modalidad se repite, eso novedoso ya no tiene
nada más de novedoso. Lo novedoso es la obscenidad, lo escandalosamente fácil que resultó
vaciar a las instituciones y a la inercia legalista de todo contenido. Ya ni siquiera es necesario
tener fundamentaciones para juzgar. Un plenario de verdugos con más causas judiciales
abiertas que pelos en la cabeza desterrando a quien no se había podido probar la única de la
que se le acusaba. Ya no necesitamos el contenido, ya no necesitamos ni la inercia en el
legalismo. Solo necesitamos la forma: el edificio del parlamento, la tutela de señores canosos
con traje y corbata y las cámaras de TV internacionales custodiando deontológicamente el
proceso.
Tercero y medio. Venezuela. Resistiendo, condenada, saboteada, saqueada, vilipendiada,
incomprendida. Las mayorías de América Latina usando el gentilicio venezolanx como un
insulto, como tantas veces se usó el de cubanx. La tiranía de las palabras ocultando cualquier
intención real de saber qué pasa. El agravante, el saber a veces no cambiaba el hecho de
transformar una nación en un insulto.

América Latina sin Honduras, Paraguay, Brasil, Venezuela y Cuba. O Paraguay, Honduras,
Brasil, Venezuela y Cuba sin América Latina.

Esos términos que de tan buena salud parecían gozar se deshacen como ilusiones, de repente
son una marca de clase, una marca política, una marca de corrupción. La palabra Europa, la
palabra Norteamérica comienza a tomar una notoriedad que optimista o ingenuamente nos
pareció superada hace no tanto tiempo.
Podemos discutir si la voluntad del pueblo se puede representar a través del voto popular,
podemos discutir cual es la forma política y social oportuna para construir una América Latina
justa e inclusiva, podemos criticar el procedimentalismo vaciado y viciado de las democracias
representativas, podemos estar de acuerdo o en desacuerdo con que la política se construye
de arriba para abajo, utilizando al Estado a favor del pueblo o si se construye de abajo para
arriba conquistando la autonomía y dignidad de pueblo ante un Estado que funciona con su
propia lógica exclusoria y punitiva. Pero quiero antes de discutir todo eso… quiero saber que
significa hoy ser Latinoamericano, que significa ser parte de Nuestramerica.

Si el criterio de nuestra americanidad (latinoamericanidad) es un criterio geográfico estamos
en aprietos: la conspiración, la legalización, pero por sobre todo la legitimación social para
trabar, voltear, destruir, destituir y asesinar (tómese literal y figurativamente) cualquier
intento de parte del Estado, o de los movimientos sociales, o de su conjugación, de achicar
cualquiera de las grandes brechas de nuestro continente (social económica, cultural,
habitacional, existencial, pedagógica y centenares de etc.) está al orden del día.
Nuestros hermanos latinoamericanos de otras partes de nuestra Patria Grande están
dispuestos a cualquier cosa por evitar que nuestras brechas se cierren.

Nuestros hermanos Nuestroamericanos están dispuestos a reventar los conceptos de derechos
humanos, a reprender a todas las Madres que con pañuelos instalaron un mensaje contra las
dictaduras a lo largo y ancho de nuestro continente, a cagarse en las nociones tan
recurridamente humanistas de igualdad, fraternidad y libertad (que tan bien suenan en todos
los templos políticos y morales pero que tan poco populares son en los proyectos de vida).
Nuestros hermanos latinoamericanos en otras partes del continente, aprovechando nuestra
falta de interés, nuestra desidia y nuestra ignorancia inventaron novedosos golpes de Estado,
los institucionales, para seguir haciéndonos creer que resguardados en la linealidad del tiempo
“esas cosas ya no pueden pasar”, pero que amparados por nuestra realimentada desidia e
ignorancia pasan con cada vez mayor grado de desfachatez.
Nuestros hermanos latinoamericanos en muchas partes de Nuestramerica se ufanan de utilizar
como adjetivos despectivos pobre, puta, maricón, enfermito, planero, cartonero, prostituta,
desviado, comunista, idealista. Y esto en el mejor de los casos. En el peor de ellos además de
usarlo como insultos los convierten en el centro de un programa político con vocaciones reales
de poder.

Si el criterio de América Latina es geográfico, si Nuestramerica es un continente, sabrán
disculpar y entender mis hermanos Latinoamericanos, pero yo no quiero ser de Estámerica.
Si nuestro criterio de Latinoamericanos es el que nos hace, más allá de las legalidades
establecidas por las fronteras, igual parte del código postal del que nacimos como del resto de
los códigos postales hoy permítanme decirles, y sabrán perdonarme y entenderme mis
hermanos Latinoamericanos, que yo hoy no quiera ser ni argentino, ni brasilero, ni hondureño
ni paraguayo.
¿Será verdad lo que dicen entonces? ¿Será que quienes estamos enojados hoy con América
Latina nos tenemos que ir a vivir a Venezuela o Cuba? ¿Será que nos tenemos que quedar ahí
hasta que llegado el momento también nos enojemos y no queramos ser ni venezolanos ni
cubanos? ¿Será que cuando las garras de nuestros otros hermanos latinoamericanos se
acerquen a nuestros pequeños refugios de sueños tratando de abrir otra brecha ya no
tendremos derecho tampoco a ser latinos en ningún lugar del mundo?
Como toda manifestación de enojo, irreflexiva y precoz no ofrezco, ni pudiese ofrecer,
respuestas a estas dudas. Solo me queda la sensación de deber no cumplido.

Ciertamente preferiría ser latinoamericano, y construir una América Latina que cierre brechas
en vez de abrirlas, que la hermandad en Nuestramerica no sea solo un ejercicio retórico, que la
justicia social y la igualdad no sean meñiques levantados sobre tazas de té en periódicos, que
esos periódicos no se vendan mientras todos nos morimos de hambre, asesinados de hambre,
de muchas hambre distintas.
Ciertamente no creo que debamos regalar América Latina, Latinoamérica, Nuestramerica. Ni
desde lo real, ni desde lo simbólico. Ciertamente debemos disputar todo lo que amenace con
abrir brechas. De lo contrario llegará un momento, ni muy lejano ni muy cercano, en el que no
habrá América Latina que nos hermane.

Discusión (0)

No hay comentarios para este documento aún.

La generación de comentarios ha sido deactivada en este documento.