Prohibido el paso para vos

 

Borges, refiriéndose a la escritura, dijo ‘’las muchachas están destinadas al sentimiento, y los muchachos al verso pensativo’’, pero inmediatamente cientos de mujeres desmintieron – y siguen haciéndolo- esta apreciación absurda. Pizarnik o Storni ahora estarían escupiéndole la cara a ese Borges, o a los que deambulan hoy día en el aula, la calle o el supermercado.

En 8 y 42, hay una casa, que es un espacio cultural, que es un encuentro de producción y realización. ‘’En eso estamos’’ da talleres de yoga, Qi Gong, tango y guitarra, entre otros. Un domingo al mes, hay ‘’almacén de poesía’’, así le llaman. Se recita y se come rico. Esta casa podría ser la de la abuela, pero la de una abuela vieja, porque las puertas de la casa son largas desde el piso hasta el techo con un ventanal que te deja ver traslucido el otro lado, donde están todos y todas alrededor de la mesa esperando algo y tomando cerveza de un frasco de mermelada.

Los centros culturales entre medio y luego de la crisis de 2001, se conformaron como un espacio de contención para los más golpeados de aquel momento, donde el hambre y el desempleo atravesaba por demás a los sectores populares. El centro cultural es donde los artistas que no clasifican para el arte mercantilizado pueden auto gestionarse y vivir de lo que hacen. Es un espacio de expresión y manifestación artística accesible, plural y representativa de una identidad, y una posición ideológica-política.

‘’Recién terminaron, en un rato vuelven a empezar’’, dice una voz femenina. Hay un descanso para salir al pasillo a compartir el pucho y las conversaciones sobre el frío que hace, que cómo va la facultad, sobre la chica que canta lindo y Violeta que escribe de puta madre.

-Yo soy bióloga, nada que ver- y se ríe.  Pareciera que se ataja. La chica que la acompaña es más voluptuosa que Eugenia y le saca dos cabezas. -Yo también, nada que ver: Física- Me parece que se atajan de vuelta, como si uno esperara otra profesión, como si se sintieran desencajar en el lugar, porque qué harían un par de bióloga y física, escuchando y escribiendo poesía.

Se es víctima y participe de ciertos mandatos sociales y normas que históricamente quieren ubicarnos en un plano en particular o relegarnos a un segundo. Quizás Borges hubiera dicho encima, que esas profesiones eran de hombres. Las categorizaciones y estereotipos construidas sobre una cultura machista, calan por todos los ángulos. En las carreras que deben elegir las mujeres y cuáles no, en la literatura argentina donde se fomenta más autores hombres que mujeres, o en la forma en la que son narradas en los libros. En algún momento de la historia, mujeres escritoras como Mary Anne Evans escribían bajo el seudónimo de George Elliot,  o Amandine Aurore Lucile Dupin, que firmaba como George Sand. Parece muy lejano y bizarro, pero tenía sentido para su contexto.

La noche del domingo de En eso estamos, se titula: ‘’almacén de poesía: esta vez nos toca a nosotras’’, y no parece descabellado, hace rato que esta vez nos toca a nosotras.

– Estábamos escribiendo algunos poemas también-, cuenta Eugenia, la chica de anteojos rojos. – Pero menos romántico, más bizarro menos formal – y exhibe una A4 repleta de versos desprolijos e irónicos. ‘’Caca’’ ‘’Ladrillo’’, dice cualquier cosa, pero ella advierte que son poemas en construcción. Por eso el ladrillo en varias estrofas. Transcribe su experiencia y su cotidianeidad en versos que no dejan de ser disruptivos. Al fin y al cabo, nadie debería decir tampoco que es poesía bien hecha y que no. Como lo tenes que decir y donde.

Mientras Violeta, una de las chicas que recita dice no sé qué de las anémonas, Eugenia se indigna fanática y con entusiasmo: – ¡¡No son plantas, son animales!! ¡Y parientes de las medusas! – Mi imaginario social solamente visualiza a Nemo y a nadie más. También se queja del sistema del CONICET, de los antropólogos y que el Zoo de La Plata es una porquería. Toma cerveza y sigue escuchando atenta y fijamente a las escritoras.

Alrededor se huele un popurrí de sabores como bondiola, miel, naranja. Todo junto. Solamente alumbran unas guirnaldas de luces de baja tensión y delante posan tímidamente las tres chicas que leen y la de la guitarra. Una parafrasea sobre el agua, el tiempo. Otra habla del cuerpo de la mujer, de las tetas y el pubis, del prejuicio, la violencia. Suena acordes que acompaña los versos. Loli Molina o Jorge Drexler podrían hacer de teloneros de la puesta tranquilamente.

Hace una semana fue la movilización a 3 años del NIUNAMENOS y entre las participes de la causa se experimenta un concepto poco usual, el de la sororidad. Ellas, las que recitan, también se juntaron a hacer sororidad entre las palabras que tienen disponibles, o que reescriben y transforman, para poder contar verdades, angustias y militar la causa que urge en el momento.  En Eso Estamos es una organización sin ánimos de lucro, una casa que permite hacer una cultura alternativa a la que está dada, pero hace al menos 3 años, en la Ciudad de Buenos Aires y en La Plata, los centros culturales vienen soportando cierres y acosos municipales.

Durante el 2014 hubo más de 50 clausuras en la Ciudad, junto a una serie de persecuciones a los movimientos artísticos por más que se pagaran las multas y se cumplieran los requisitos exigidos desde el municipio.  En 2015 se votó en la legislatura porteña una Ley de Centros Culturales, para que los espacios que no pertenecen al circuito oficial se puedan inscribir en el registro de usos culturales y tener la habilitación para salir de la clandestinidad a la que estaban condenados por la misma regulación admitida desde los gobiernos.

A la hora de la promoción de una cultura, hay una voz que está autorizada y con vías de libres de echar raíces y crecer hasta donde más quiera. ‘’La cultura no se clausura’’ es una consigna que repiten incansablemente hasta la actualidad, la red de espacios culturales. Mientras tanto el gobierno de la ciudad daba, en octubre de 2014, el reconocimiento a persona destaca de la cultura, a Marcelo Tinelli. Existe una lógica cultural que se reproduce y es legitimida. La única cultura que debe ser clausurada es la del macho.

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En 1985, un grupo extenso de mujeres conocidas como Guerrilla Girls  protestaban con una careta de gorila, contra la exposición del MoMa por no promover ni una mujer en su cartera de artistas. Su activismo feminista se extendió a la industria del cine, la cultura popular, los estereotipos y la corrupción en el mundo del arte en general.

Aún hoy en día, según El informe “Igualdad de Género: Patrimonio y Creatividad”, de Unesco en 2015, dice que las mujeres representan menos del 10% de los directores de cine y solo cuatro mujeres han sido nominadas a mejor director/a en la historia de los Oscar y sólo una obtuvo la estatuilla. A nivel mundial, el 82% de los puestos directivos en administración cultural está ocupado por hombres.  La literatura, el cine o el arte, no deja de ser un terreno de excluyentes y exclusivos.

 

En un contexto donde ser mujer deja muertes, donde desde el Estado, los medios de comunicación o las practicas habitúes se insiste en ubicar a la mujer bajo ciertas normas, agredirlas o desprestigiarlas, se hace urgente re-habitar cualquier espacio donde el género femenino circule cercenada. Habitarlos con compromiso y empecinadas/os, en vistas de cambiar la rueda con la que gira el mundo y las relaciones sociales.  Ocupar los centros culturales, que persistan y se multipliquen, es una urgencia y un derecho en si mismo.

Son el recurso con que, además de la poesía o la literatura, algunos/as cuenta para deconstruir y constituir nuevos cimientos donde las mujeres tengan el poder que les fueron escarbando, silenciado o negando.  Se trata de cuestionar las relaciones de poder desiguales que persisten y pujan por la eternidad, las mismas que sirven de alimento y sed para una cultura al servicio de un mercado y una lógica moral que mata y censura.

Decía la escritora Nadine Gordimer que “la falta de medios de distribución es un tipo de censura”. Almacén de poesía, En Eso Estamos, se trata entonces de asegurar un sitio donde reunirse para decir al fin y al cabo la verdad que molesta y duele en el interior, la misma que confluye en movimientos como el NIUNAMENOS. Más allá de re visibilizar o redescubrir mujeres escritoras o artistas, se trata de entender la cultura desde otro lado, apropiarse de los lugares.  En consonancia con la furia que produce el machismo en la sociedad femenina argentina, se trata de ocupar las palabras para romper esquemas, prejuicios, y estereotipos, para darse el derecho que la pedagogía de la política de turno intenta desaparecer. Porque al fin de cuentas, la palabra como el derecho, tampoco se pide, se toma.

 

 

 

 

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