Precarización

 

El cerco es de tejido romboidal; las manos engarfiadas enlazan los dedos en los alambres, a los lados de la cabeza; la nariz asoma al otro lado. Quizás la imagen parezca igual, pero no, no lo es. Puede estar mirando un partido de la liga regional o una jineteada, pero no. Al otro lado del cerco está La Obra. Espera que alguien lo reconozca y lo haga llamar. Está esperando trabajar.

Para cualquier vecina/o, la construcción es una vereda ocupada con escombros y arena en bolsones y unos señores morochos con cascos de plástico que comen sanguches sentados en bolsas de porlan.

Si a la misma persona se le nombra U.O.C.R.A., la imagen cambia a camiones volcadores llenos de bullangueros muchachos con banderas verde chillón que, por’ái les da por pelear en un pseudo-funeral.

Para la gente común, la obra, no significa gran cosa.

La Construcción abarca muchas actividades. Construir casas y edificios, pero también la obra pública y el montaje industrial.

Y es en estas dos ramas, que a su vez se mezclan entre sí, donde se funda el poder de la Cámara Argentina de la Construcción y de la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina.

“Hacer alambrado”. En otro contexto  es construir un cercado perimetral de alambre; en este caso no.

“Hacer alambrado” es salir de casa de madrugada caminando, en bicicleta, o viajar toda la noche en colectivo de pasaje económico o amontonados en un auto (preferiblemente GNC), para llegar, a primera hora de la mañana, a una fábrica o un predio en un parque industrial o en las afueras de algún pequeño pueblo. Aquí se inserta la escena del principio.

Que alguien conocido sea capataz, que no esté el supervisor que no nos quiere, que no estén los delegados con los que discutimos, que necesiten, urgente, oficiales “hechos”. Ruegos íntimos con el mate en la mano mirando el alambre tejido.

Tener la Libreta de Fondo de Desempleo también podía ser condicionante.

Y aquí entra otra de las características de esta actividad.

La antigua LFD, hoy ya no existe, fue reemplazada por una tarjeta chip. Ahora se llama tarjeta  “Soy Constructor”

Creado como herramienta de RRHH para grandes obras, donde las empresas constructoras necesitan tomar grandes cantidades de personal por tiempos relativamente largos (en términos de obra), pero no indefinidos, permite cortar la relación laboral sin causa ni telegramas de preaviso. La indemnización es reemplazada por el fondo de desempleo: un depósito mensual, que varía del 12 al 8 % del salario, que el empleador hace mes a mes en una caja de ahorro abierta a tal fin a nombre del empleado, que se libera con la baja. Algo muy útil en una obra de montaje industrial donde hay grandes rotaciones de personal a lo largo de 2 o más años de plazo y que, al finalizar, queda un remanente importante que la empresa no puede absorber, ya que,  terminada la obra, no puede darle más tareas. También permite al trabajador cesar la relación sin causa, ya que el fondo se cobra igual, a diferencia de las indemnizaciones tradicionales. (Ley 22.250 del año 1980 y decreto 1342/81)

Repito esto fue pensado como solución de compromiso para obras donde se arranca con 150 personas para movimiento de suelo, a los 3 meses se incorporan 500 albañiles, 200 carpinteros y 3 gruistas para iniciar la obra civil. Tres meses más y se dan de baja a 120 de movimiento de suelo, pero ingresan los primeros 200 montadores mecánicos, cañistas y soldadores  y más gruistas, clarkistas (o yaleros), eléctricos “de mantenimiento”.  Cuatro meses después ya no queda nadie delos primeros en llegar ni de los carpinteros, de los albañiles solo “sobreviven” los 100 “especializados”;  pero ya se completaron los planteles de mecánicos, eléctricos e instrumentistas. Prácticamente son los que finalizaran la obra y se irán yendo en tandas más o menos grandes, según las necesidades de avance.

En este contexto, cuando hay actividad económica, quienes terminan su ciclo en un montaje nuevo o ampliación de existentes o reparación anual toman su tarjeta I.E.R.I.C. y se desplazan a otra obra, ampliación o parada. Es una actividad con mucha movilidad laboral y territorial. La mano de obra especializada no está desparramada por todo el territorio nacional, por lo tanto debe trasladarse desde el origen hacia la locación.

 

Ahora bien, desde los ’90 hacia aquí se ha ido incrementando una modalidad de contratación que aprovecha el régimen de U.O.C.R.A. Con la ola de “reestructuraciones” de finales de siglo surgió una modalidad de prestación acorde a las necesidades de recorte de las grandes empresas.

De esta manera algunos sectores, principalmente del área mantenimiento, se reestructuraron dejando solo la coordinación e inspección.  El resto de la actividad se tercerizó a manos de empresas, que en muchos casos son subsidiarias del  mismo holding o tienen relación con ex empleados  que supervisaban esas tareas antes de su “desvinculación”. Estas empresas se registran como constructoras y toman personal por convenio U.O.C.R.A.

Así la comitente achica plantel sin discontinuar tareas. No paga vacaciones , no precisa sostener plantel de relevo; muchas, muchísimas  veces, a los trabajadores se los cita solo si hay tareas y, obviamente, solo cobra las horas efectivamente laboradas.

Es, también, más sencillo cumplir con la OHSAS 18000, equivalente de seguridad laboral de las ISO 9000, ya que el comitente establece pautas y/o procedimientos y el contratista carga con el peso de la implementación y provisión de equipo. Y carga con las sanciones en caso de incumplimiento.

Las vacaciones comúnmente se dan cuando no hay trabajo. En realidad se da de baja al/la trabajador/a, liberándole los fondos de la citada cuenta y se lo convoca a presentarse 14 o 21 dias después.

Las/os empleadas/os de estas empresas no cobran por trabajo penoso, insalubre o a altas calorías, ya que el convenio U.O.C.R.A. no lo contempla, pero realizan tareas en áreas muy sensibles. Esto bajo el manto de silencio del sindicato “anfitrión” (el sindicato de la actividad que desarrolla la comitente).

Y no hay escándalos a la hora de los despidos. Fondo de desempleo mediante.

Inspección de obra y seguridad laboral tiene otra estrategia. El monotributo.

Estas/os profesionales y técnicas/os trabajan en relación de dependencia, pero se las/os obliga a inscribirse como monotributistas y facturarle al empleador. Además deben hacerse cargo de pagarse el monotributo. Se jubilarán con la mínima. No tienen vacaciones, ni dias por enfermedad  ni indemnización por despido, ya que nadie los despide. Hay vencimiento de contrato. Y al no existri despido documentado no tienen derecho a seguro de desempleo de la A.N.Se.S.  Además seguirán pagando el monotributo hasta que se den de baja, aunque no facturen.

En honor a la igualdad de género, gran cantidad  de estos puestos, sobre todo en lo que refiere a seguridad laboral, son cubiertos por mujeres. Se les paga menos que a los hombres. Y no se les reconoce licencia por maternidad. Sólo se cobra lo efectivamente trabajado.

Hay casos aún más retorcidos. El comitente contrata estos servicios a empresas consultoras y la/el contratada/o debe facturarle a la consultora. La relación de dependencia se desarticula hasta el infinito.

Resumiendo, cuando se escucha hablar de precarización laboral, lo primero que viene a la mente es trabajo en negro. Sin embargo lo descripto es precarización pura y dura, disimulada de trabajo formal. Incluso embellece los índices del I.N.D.E.C. y la U.C.A. Figuran como trabajadoras/es con pleno empleo, pero tienen montones de derechos cercenados.

Si falta una cereza, esta práctica la llevan adelante empresas privadas, pero también y en gran medida empresas y reparticiones  estatales de los tres niveles.

 

 

Gustavo Eduardo Feraboli

Argentina, Abril de 2017

 

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