Porque ya nada es un mambo

Salís de la facultad y decidís volver a casa caminando. En una esquina hay albañiles arreglando una vereda. Cruzás de calle. La incomodidad de pasarla mal pesa mas que tener que caminar media, una, dos o tres cuadras extras.

A lo mejor ese albañil no, mambo tuyo. Seguís caminando y pasa una ambulancia. El chofer quizás estira el cuello y también mira. Ahí sentís asco. Y también te cuestionás si no sería mejor andar con pantalón y aguantar el calor, que andar de pollera y aguantar tanto disgusto.

A lo mejor el chofer tampoco, mambo tuyo. Pasás por una plaza y hay un grupito de pibes tomando birra. Mirás para otro lado y te haces la boluda.

A lo mejor esos chicos no, otra vez mambo tuyo. Pero después escuchás que mueren chicas, con signos de haber sido abusadas, violadas.

Entonces, de pronto el albañil, el chofer de la ambulancia, el pibe que toma birra en la plaza, esos que “a lo mejor no”, terminan siendo esos de los que “a lo mejor sí”. Y como siempre, la mujer es la que tiene que aprender a defenderse, a cuidarse y a vivir en estado de alerta.

Porque si dos chicas inician un viaje y mueren ya no es un mambo. Si una chica sale a bailar y la encuentran muerta, y el eje de la discusión pasa por cuán larga era su pollera, ya no es un mambo.

Porque ya nada es un mambo. Es una tragedia.

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