¿Por qué se impone nuevamente la derecha frente a hechos que debieran llamar a la izquierda? Crónicas de un psiquismo endeudado

Frente a las Elecciones de diputados y senadores de ayer, somos muchos y muchas los que nos hemos dado la cabeza contra el televisor, notebook, smartphone, o cualquier objeto contundente que mostraba nuevamente el triunfo de la derecha frente a un, ya no digamos panorama, sino realidad fáctica (también contundente) que muestra el fracaso estrepitoso del oficialismo frente a sus promesas de alegría y verano todo el año. Una podría preguntarse, como en el viejo mito popular, por qué las personas piensan que hay sol, cuando evidentemente está lloviendo.

En primer lugar, como señaló Víctor Hugo Morales, esta vez no se puede hablar de “voto engañado”, ya que fueron anunciadas las medidas continuas de ajuste, empezando por la nafta que aumenta un 10% en el día de hoy. También se reconoce que este triunfo amarillo, donde el famoso dicho “no aclares que oscurece” no produce evidentemente ningún efecto, se está produciendo en diversos países a nivel geopolítico y los que se impusieron ayer son los mismos que se imponen en Palestina o Perú o etc: las grandes multinacionales con sus capitales transnacionales. Se viene a la cabeza inmediatamente, pensando en nuestro país, el Grupo Benetton, dueño podríamos decir de casi toda la Patagonia. Y se viene porque tenemos (sí, el caso no se cerró) un compañero muerto por enfrentarse a dicho grupo, donde la carátula sigue siendo desaparición forzada. Ahora bien, este es un ejemplo excelso de cómo operan simbólicamente dichas multinacionales, ya que poseen los medios de producción de subjetividades en esta época postmoderna: los medios de comunicación. Volvamos entonces al ejemplo. Se dice dos días antes de las elecciones que la causa de muerte no puede ser establecida hasta dentro de dos semanas (sea que se confíe o no en la veracidad que echarán aquellos resultados) e igualmente, como Clarín lo propone, Santiago Maldonado se ahogó (?). Sí, en un metro y medio de agua, luego de que sea de público conocimiento que se borraron llamadas telefónicas de Movistar, que hay diversos testigos que vieron cómo a Santiago se lo llevó la gendarmería, que se lavaron las camionetas, que hay videos implicando el actuar de gendarmería que responde directamente al Gobierno Nacional, luego de que se sepa que la zona había sido tres veces rastrillada, etc… No, parece que está soleado en Argentina y el “pobre chico” sencillamente se ahogó. Pero lo interesante para analizar la mente esquizoide de la mayor parte de la sociedad no es si se ahogó o no (que aunque se hubiese ahogado habría sido producto, podríamos suponer, de una violenta represión que defiende los intereses del Grupo Benetton), sino que las personas dan por hecho algo que la realidad, y eso que nos estamos manejando dentro de la Ley en donde los hechos fácticos apuntan a la objetividad material del estado de cosas, dice que no. Hola, “no se puede establecer aún causa de muerte”. ¿Alguien escucha?

Es frente a este contexto, donde los medios de comunicación ganan en contra de toda lógica y principio de realidad, que el resultado del kirchnerismo es en verdad un logro, ya que izquierda o no, peronismo o no, keynesianismo o no, es de público conocimiento también que no poseen los medios de producción actuales más fuertes, que como decíamos son los de comunicación. Lo mismo podríamos decir del FIT, que empieza a sobresalirse en el escenario nacional, sin poseer, tampoco, dichos medios. Pero volviendo al kirchnerismo, ya que clara y lamentablemente el socialismo no comienza hoy en la Argentina, ¿por qué las personas salen a la calle y siguen viendo que el pronóstico indica soleado? La cobertura mediática más a favor del mencionado movimiento social habla de un imaginario colectivo donde las cosas van a estar (¿cómo?) mejor, pero que bueno, hay que tener paciencia. Pensarán acaso que la paciencia es hija del éxito, y en ese sentido aún conservan coherencia. Pero el problema, para aquellos que nos queríamos dar la cabeza contra un objeto contundente, no debiera de terminar ahí. Porque lo que también dice el kirchnerismo y sus votantes, ya sea porque sostuvieron ese voto con verdadera convicción en lo que es el método para llegar a un mundo mejor, o bien para aquellos y aquellas que afuera vemos que más que llover se está largando una tormenta con rayos, truenos y relámpagos que hay que detener de la mejor manera posible, respecto de los medios de comunicación es que la ex mandataria ha sido fuertemente estigmatizada, denigrada, insultada, y un largo etc. que ella misma recalca en su discurso de anoche no ha tenido precedentes desde el retorno a la democracia. Pero también agrega algo clave: no hay que hacer personalismos. Esto se lo dice a una audiencia política que la apoya, ya sea mucho o poco, en el sentido de ir construyendo lo que el kirchnerismo se propone en este momento: El proyecto, La unidad. Nada de Cristina salvadora, podríamos subtitular en esas palabras, sino que se apueste a la unión y al proyecto político.

Pero lo que no se tiene en cuenta es la estigmatización y discriminación del votante cristinista, que cabe recalcar, es paradójicamente impersonal. Hemos visto en la pantalla nuestro país pintado de amarillo, y así se vive. Ella es la “chorra”, “yegua”, pero nosotrxs, si decimos que la votamos, somos los imbéciles intelectuales o los negros de mierda, dependiendo a veces de la clase social que te juzgue. Porque ciertamente, donde se concentra todo el poder subjetivante del Gobierno Nacional, es en representar identitariamente a todas las clases sociales. Votar a Macri es defenderse de la discriminación, que no ha sido sólo a la ex mandataria. Es decir “yo no soy chorro”, “yo no soy imbécil”, “yo no soy negro”, “yo no soy planero”, “yo no soy choripanero”, etc. Todas las cualidades, por demás discriminatorias, no alcanzan sólo a Cristina Fernández de Kirchner, sino a sus votantes. Con lo cual, dichos votantes, con tal de no ser excluídos del discurso hegemónico, ven sol donde hay lluvia. Algo así como en lo que en psicología llamamos Síndrome de Estocolmo, en donde el capturado o capturada se enamora de su captor. Pero la lluvia es fuerte, es densa. El poder adquisitivo de la mayor parte de la sociedad disminuyó drásticamente. El gas subió, la luz subió, la nafta subió, todo subió, menos, claro, el sentido de realidad. Y es así cómo, aunque se sea más pobre, se elige, de un modo sindrómico como dijimos, la escasez material en vez de es de la escasez de inclusión simbólica.

Este es el modelo identitario y psíquico que propone “macriavélico” (Juan Spinetto, 2017), donde el bien y el mal reinan como la lluvia y el sol. Y con lo que está en deuda el psiquismo del votante que busca, sin darse cuenta por supuesto, ser “gente como uno”, es con su salud mental. Pero como donde hay poder hay resistencia, o bien, donde hay esquizoidea hay salud mental, aquí estamos, aún el pronóstico indique derecha para rato, los que vemos lluvia pero no nos rendimos y esperamos ver el sol, ese que brilla amarillo de verdad.

 

Luz Mercade

Lic. en Psicología

 

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