Poema treinta y dos

Podemos aceptar a Dios
volverse Hombre

para salvar al Hombre

pero no podemos aceptar
al Hombre
transformarse en Dios
para salvarse a sí mismo,

 

(Nos mata esta amnesia)

 

Y volcamos la búsqueda
En ciencias ficcionales

En falsos gurus
que nos venden tiempo

Y nos transformamos en inofensivos
Mahatmas de toshiba

Protestando en el lugar asignado.

 

(Nos anula este confort)

 

Luchamos causas de invernadero

Y nos llevan de la oreja a firmar peticiones

Para hacer justicia en mundos paralelos

 

(Ese resorte culposo)

 

Nuestro espíritu ha elegido
la escencia de la carne

para poder nombrar las cosas

e invocar las imágenes de salvación

igualando así para adentro
la conciencia colectiva.

 

Siendo doblemente
Verdugo y redentor

Salvador y asesino

Abrazamos a usted

Con las manos vacías

Y el corazón lleno.

Para así
dejar de ser

La parte verduga

Aunque sea un instante.

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