Phelps o el nunca como condición de posibilidad

Nunca.
El “Nunca” lleva el perfume de lo terminal, lo inamovible. Se viste con las ropas de lo eterno y lo solemne. Phelps llegó a Río envuelto en nuncas. Nunca un nadador mayor de 30 años había ganado una medalla en un JJOO. Nunca nadie había ganado una misma competencia en 4 juegos consecutivos. Nunca se había molestado en saberse los nombres de sus compañeros de postas. Eran solo 3 requisitos necesarios para poder correr la prueba. Nunca lo habían desafiado tanto tampoco. Desde Londres 2012 donde un error de cálculo y el exceso de confianza permitieron que Le Clos (un purrete sudafricano con ansias de protagonismo) le arrebatara su prueba fetiche (los 200 mts mariposa) y lo obligara a conformarse con la plata. Justo a él, un tiburón que hasta ese momento llevaba una dieta hipercalórica a base de oros. Nunca se había sentido tan vulnerable como cuando tuvo que ingresar en la clínica de rehabilitación de Meadows, en 2014, para enfrentarse con el peor de sus temores: Él mismo.
Nunca más, fue lo que le escuchó decir al entrenador de toda su vida, cuando le pidió que lo volvieran a intentar una vez más, después de haber sido arrestado por conducir con exceso de alcohol en sangre en septiembre de 2014. Le importó poco, lo convenció a base de cambios y entrenándose mejor que… si obvio, que nunca.
No entiende de nuncas. Quizás habría que arriesgar que para él son combustibles, lo catalizan, lo mejoran. Son límites que lo desafían a correrlos, a llevarlos un poco más allá. Se alimenta de ellos, los mastica y los escupe. Los devuelve más difíciles, inverosímiles.
Nunca había perdido los 200 mts mariposa en un juego olímpico, ni siquiera con 19 años en Atenas 2004. Es SU prueba. Por estilo y por distancia. Mezcla ideal de técnica y velocidad. A Londres 2012 llegó con la sombra del retiro autoimpuesto y físicamente dando ventaja para la elite. Apeló a la historia y al respeto a la leyenda. Mordió el polvo. Un mal cálculo y un exceso de confianza en la brazada final lograron que tronara el Olimpo. Plata. Un tal Chad Le Clos le asestó el primer golpe al dios acuático para demostrar, que incluso en una pileta, podía sangrar. Su adicción a la competitividad le hizo ganar un par de oros más y otra plata en 2012 tras lo cual anunció su retiro. Todos nos quedamos con esa imagen. Reforzamos nuestro idilio cuando vemos a los más grandes sufrir, luchar y perder. Parecerse un poco a nosotros. Las derrotas los vuelven aún más grande. Necesitamos saberlos humanos, revertirles el proceso idílico en que los embarcamos.
Pasaron 4 años, se humanizó como nunca. Lo sancionaron, lo humillaron con el castigo, se volvió vulnerable y fue padre. Entró en una clínica de rehabilitación. Enfrentó sus miedos y se refugió en la lectura. Nunca había leído más que historietas. Se aceptó con sus aciertos y sus errores. Pasó días con gente desconocida, en un lugar con una pileta en la que llegaba al otro lado en dos brazadas. A una hora del lugar, la delegación olímpica estadounidense hizo base para la preparación a Río 2016. En el natatorio donde practicaban colgaba una gigantografía suya. Lo afirmaba ganador sólo de 16 medallas doradas. El Phelps de Londres no existía. Cronos se detuvo en 2008.
El 9 de Agosto de 2016 se citó nuevamente con el “nunca”. El lugar fue el de siempre: una pileta. ¿Sus rivales? Kenderesi un húngaro de 18 años que lo venía maltratando con sus tiempos en la serie previa y en la qualy para la final. Además el tal Le Clos que declaró que estaba terminado, que le enrostró que los tiempos que él venía haciendo, Michael hacía años que ni se acercaba. La clasificación previa nos brindó show: Le Clos boxeando al aire con un Phelps sentado a centímetros. Capucha puesta y auriculares “as usual”, pero la mirada típica de ensimismado faltaba. La cara denotaba bronca. 4 años es mucho tiempo. El tiburón estaba con hambre y olía la sangre muy cerca.show previo
La final estuvo a la altura. Sacó a pasear a la irreverencia juvenil del húngaro y humilló a Le Clos, que sólo pudo ver de reojo como la historia le pasaba por el costado y se escapaba (la foto del momento será icónica). El sudafricano ni siquiera entró al podio.
Phelps tocó la cruz antes que ninguno y el olimpo respiró aliviado. Oro. Su hijo pródigo volvía después de un largo tiempo. El festejo reflejó a este nuevo Phelps. No fue el eufórico de Pekín y los 8 oros. Primero miró a los costados y negó con el índice. Esto es para vos, para vos y para vos también parecía decir. Después, subido a la divisoria y con medio cuerpo fuera, pedía con ambas manos que vengan. Todos contra él. Él contra la historia. Nunca un nadador mayor de 30 años había logrado una medalla dorada en una prueba individual en los JJOO.
Ganó su 21 medalla dorada en la posta 4 x 200 libre, apenas media hora después. Sus compañeros hicieron todo por él. Le entregaron el último relevo con una ventaja obscena. Por primera vez se sabía sus nombres y que hacían. Ellos le regalaron un paseo en forma de medalla de oro. Nadó a placer y se llevó los flashes. Otro día en la oficina, con la diferencia que ésta vez cedió el protagonismo a sus integrantes de posta. Phelps siempre hizo más grande a sus rivales Cavic, Lochte, Cseh. Competir contra él los mejoró, ahora también reconocía a los suyos.
¿Eso era todo? Nunca. Se guardó para el capítulo 22 un escándalo. 200 mts medley (estilos). La prueba madre del deporte madre. Ostenta el record Olímpico. A centésimas del mundial que está en manos de Lochte, su compatriota y eterno rival. Ambos clasificados para un último duelo. En la final también estaba César Cielo, el crédito local. Velocista y récord olímpico vigente en 50 mts libre.
La pileta era un volcán. Le aguantaron el ritmo únicamente en los 50 mts mariposa de la salida (su estilo). Sacó diferencias en espalda y le empezaron a mirar la estela que dejaba en los 50 mts pecho. Phelps nunca fue bueno en ese estilo. No tiene ninguna medalla ni compitió en pruebas de ese estilo. Es, pecando de atrevido, su punto débil. Ayer lo usó para sacarle más de un segundo de diferencia al resto. Pura técnica. Prendió el turbo en los 50 finales libres para agigantar su leyenda. Oro, again. Le sacó tanta distancia al resto que nos regaló otra instantánea icónica. Como si fueran juveniles, tuvo tiempo de mirar para atrás después de tocar y ver al resto que todavía no llegaba. Escándalo. Desde Pekín 2008 que no estaba a este nivel. Rompió todos los moldes.
Todavía le quedan los 100 mts mariposa y la posta 4 x 100 estilos. Empieza a despedirse y su sombra se agiganta. Resignificó su deporte. No queda más que disfrutarlo. Nunca se vio un atleta de tamaña magnitud.

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