PARADOJAS

PARADOJAS
Ensayo periodístico de actualidad de Jorge Andrade

Neoliberalismo, globalización y postmodernismo son los soportes teóricos, económico, político y cultural, de la actual etapa del capitalismo, la del capitalismo financiero.

En un repaso breve de temas que he tratado pormenorizadamente en anteriores artículos y documentos, diré que el neoliberalismo, corpus de teoría económica que pretende dar sustento científico a la política mundial dominante, sostiene que el mercado es el mejor asignador de los recursos. Por lo tanto, para maximizar el producto global hay que dejar actuar a aquél sin trabas, abriendo fronteras al comercio y, sobre todo, a la circulación libre del capital. Para ello propugna la menor participación posible del Estado, que debería limitarse a las funciones administrativas, legislativas y jurisdiccionales, ejerciendo el poder de policía y de defensa de las fronteras nacionales. Es decir el Estado, para la teoría neoliberal, debería reducirse a una “miniarquía”.

La globalización es la extensión a nivel planetario del sistema político y económico vigente en las democracias occidentales como sustento y garante de la libre circulación de capitales, mercancías y, como aspiración, de las personas. Pretendidamente se trata de un sistema igualitario en el cual todos los puntos de la red global, gracias a la digitalización, son equivalentes en peso y poder.

La postmodernidad, en la expresión de los intelectuales orgánicos, sostiene que tras la caída del muro de Berlín en 1989, momento simbólico de la implosión del comunismo realmente existente, se ha llegado mediante la democracia liberal y representativa y el libre mercado al “fin de la Historia”. En consecuencia, no habiendo alternativas a la vista, la nueva academia declara “la muerte de las ideologías” y el arribo a un sistema estable que asegura la felicidad individual mediante la satisfacción inmediata de los necesidades. Al estar comunicados “en tiempo real” gracias a la digitalización y pudiendo trasladarnos de un punto a otro del planeta a velocidades cada vez mayores, hemos abolido el tiempo, el pasado no existe, el futuro está al alcance inmediato de nuestras manos, vivimos en un eterno presente, hedonista, donde todos nuestros deseos pueden ser satisfechos de inmediato con solo proponérnoslo.

Esa es la teoría oficial; en la praxis sabemos que la Historia desde 1989 ha seguido transcurriendo, que las guerras no han dejado un solo día de asolar el mundo, que la democracia liberal es inestable y que sólo funciona, no sin sobresaltos, en un puñado de países ricos que pueden pagarse el lujo gracias a la transferencia de recursos expoliados del resto del mundo.

También sabemos que la globalización no es igualitaria sino asimétrica, con ganadores y perdedores, que no sólo no reduce la brecha entre los países desarrollados y los subdesarrollados, como pretenden sus publicistas, sino que la ensancha, y que la economía neoliberal, a partir de la revolución conservadora liderada por Thatcher y Reagan, ha incrementado exponencialmente la concentración de la riqueza en pocas manos y ha aumentado exponencialmente la pobreza.

Paradojas del neoliberalismo

El capitalismo tiene la capacidad de reinventarse después de cada una de las crisis sistémicas que produce. Su soporte económico, el neoliberalismo, afecto al rigor de sus modelos teóricos, demuestra sin embargo una gran plasticidad para adaptar su discurso a los objetivos que pretende según la ocasión. Sus fórmulas teóricamente irreprochables han fracasado recurrentemente en la práctica porque un razonamiento riguroso que parte de bases irreales -como la ficción del Homo economicus que pongo como ejemplo por ser fundante y la más conocida- llega inevitablemente a resultados irreales. Pero los economistas liberales, pese a sus declamaciones teóricas son hombres pragmáticos. Cuando sus postulados teóricos no les sirven, apelan a su aptitud para la acrobacia intelectual y los cambian por otros o les hacen decir lo contrario de lo que decían hasta entonces sin apenas sonrojarse. De ello tenemos hoy un buen ejemplo en nuestra patria.

El neoliberalismo suscribió en su momento entusiastamente el principio de “el fin de la Historia” proclamado por la postmodernidad y su consecuente abolición del pasado y del futuro, o sea la declaración de la sola existencia de un presente eterno y feliz. Pues en nuestro país el gobierno conservador y neoliberal, sin el menor pudor, ha adoptado el principio contrario: todos sus miembros niegan la existencia del presente, en la Argentina de hoy sólo cuenta el pasado y el futuro. El presente en la Argentina neoconservadora es un Aleph donde se toman instantáneamente todas las decisiones imprescindibles e irrenunciables para que el país sea un “país normal”. El “espesor” histórico se desenvuelve en el pasado y es ominoso, es “la pesada herencia”, y en el futuro que es venturoso y está situado en un momento impreciso diferido por ahora al segundo semestre del año en curso, el tiempo de la felicidad.

Del futuro promisorio no voy a ocuparme en este escrito. Me limitaré a proponer que nos miremos en el espejo de las recetas neoliberales aplicadas para afrontar las crisis en países como Irlanda, Islandia, España, Italia, Chipre, Malta, Letonia, Grecia y en otros menos conocidos por no estar situados en el centro del mundo, entre estos por qué no, en Argentina, que con su sorprendente tiempo circular enfila con alegría hacia otro 2001del que han pasado apenas quince años.

Sí voy a detenerme en el pasado de la “pesada herencia”. Para hacer un buen ajuste hace falta una buena crisis, lo dicen muchos economistas neoliberales, entre ellos los mediáticos como Miguel Ángel Broda o Carlos Melconián. Y si no la hay, se la debe crear, en ello estamos. Y vamos ahora a nuestro pasado reciente.

Todos los referentes de Cambiemos que aparecen públicamente salmodian a corola oración durán-barbesca: la “pesada herencia” recibida del pasado.

Antes de pasar al análisis de la supuesta pesada herencia aclaro que no niego que la economía del país no tenga problemas que se fueron agravando con el empeoramiento de las condiciones internacionales y que esas dificultades no requieren medidas que corrijan el rumbo de modo de retomar un crecimiento enérgico con desarrollo e inclusión. Digo medidas correctivas pero no el shock antisocial que aplica el gobierno de Cambiemos para dar vuelta la tortilla a sabor de sus socios. Hecha esa salvedad no demandará mucho espacio desmontar la farsa publicitaria que pretende crear la crisis que no existe para justificar la brutal transferencia de los pobres a favor de los ricos que está en marcha. Me referiré a un artículo del anterior ministro de Economía, Axel Kicillof (“El chamuyo de la pesada herencia”, Página 12, 8/5/2016). En su nota  Kicillof nos provee de los argumentos y las cifras de fuentes insospechables, ajenas a toda manipulación, que demuestran que las razones en que se basa la acusación al gobierno anterior por la pesada herencia recibida son falacias, simples y burdas mentiras…

La rémora a que se refiere el gobierno de Macri y sus personeros, y que se instala en la opinión pública con métodos de la publicidad privada –concepto, repetición, frecuencia- dice Kicillof, se compone de cuatro causas. Son ellas:

1) Hace cinco años que Argentina no crece y no crea empleo; 2) el déficit fiscal alcanzó 7% del PIB en 2015 y fue el más alto de la historia argentina;

3) la inflación estaba descontrolada; y 4) el Banco Central estaba quebrado.

Analizaré a continuación, junto con el ex ministro, las inconsistencias de cada uno de estos argumentos.

Hace cinco años que Argentina no crece y no crea empleo

Para desbaratar la primera parte de la afirmación basta con acudir a las cifras del INDEC de Macri-Todesca que el 30 de marzo de este año publicó el porcentaje de evolución del PIB en 2015 declarando un crecimiento del 2,1%. A éste deben agregarse los incrementos de 0,8%, 2,9% y 0,5% para los tres años anteriores. La cifra del INDEC está corroborada por nada menos que la oficina de estadísticas de la Ciudad de Buenos Aires que publicaba para el año 2015 una evolución positiva del 2,7%, es decir incluso algo superior a la del INDEC.

En cuanto a la segunda parte de la afirmación acerca de que desde hace cinco años tampoco hay creación de empleo, basta con referirse a la base SIPA de la AFIP (Administración Federal de Ingresos Públicos) que computa los empleos registrados. Según esta fuente el crecimiento del empleo registrado en esos cinco años fue de 830.823 puestos de trabajo, a los que habrá que sumar el de empleos no registrados que en todos los casos sigue la dinámica del registrado.

Pero a esta mentira oficial se suma una más en las palabras del presidente Macri que declaró: “Hace cinco años que no se genera empleo, porque ocultaron el desempleo con trabajo publico inútil”. La misma fuente de la AFIP indica que en el período 2010-2015 se crearon 521.502 empleos privados registrados, es decir el 66% del total del empleo registrado creado en el período.

El déficit fiscal alcanzó 7% del PIB en 2015 y fue el más alto de la historia argentina

El ministro de Hacienda y Finanzas, Prat-Gay, en una de sus primeras conferencias de prensa, apeló a una contabilidad creativa, en violación de las normas generalmente aceptadas para la contabilidad pública por los principales países del mundo. Afirmó que el déficit fiscal era del 7%, para lo cual llegó al despropósito, o tal vez al cinismo, de incluir en el déficit el resultado de las decisiones de su propio gobierno que desfinanciaron el erario público, tal como la quita o reducción de retenciones a las exportaciones del agro y de la minería., Fabricó, de esta manera, una de las mentiras de la propaganda goebbelsiana que distingue al nuevo gobierno y que opera sobre la conciencia de las personas.

El déficit real antes de la manipulación del ministro macrista fue del 2,3% del PIB, que es el que consigna el FMI (Fondo Monetario Internacional) en sus estadísticas y que está en línea con el de cualquiera de los países “serios” y bien administrados del mundo (El Tratado de Maastricht para la Unión Europea establece que el déficit fiscal de los países miembros no debe superar el 3% del PIB).

La inflación estaba descontrolada

Todas las mediciones, incluso las del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y la muy rústica y tendenciosa llamada “IPC Congreso” señalaban una caída significativa de la inflación en el año 2015,la que hasta el momento de los anuncios de devaluación en campaña de Prat-Gay que motorizaron el inicio de la disparada de los precios (Período enero-octubre 2015 comparado con igual período de 2014) a lo sumo llegaba (en el caso del IPC Congreso) al 20%. Esto, como señala Kicillof, sin medidas recesivas sino, al contrario, manteniendo un crecimiento razonable dentro de un clima de estancamiento mundial y protegiendo el empleo. En cambio la jugada del nuevo gobierno está clara: cuando logre contener la inflación, sea en el mítico segundo semestre de 2016, como afirma Prat-Gay o en 2019 como manifiesta el presidente del Banco Central Stutzenegger, será por medio del hundimiento de la actividad, gracias a la caída del salario real y al aumento del desempleo al que aspiran los gobernantes para disciplinar a los trabajadores (mínimo 15%).

El Banco Central estaba quebrado.

Al 9 de diciembre de 2015 las reservas del Banco Central eran de u$s 25.092 millones considerando, como recuerda el ex ministro Kicillof, que en octubre se habían pagado los 5.000 millones de dólares del vencimiento de los bonos Boden 2015,

El gobierno de Mauricio Macri, a partir del 10 de diciembre de 2015, convirtió e ingresó a las reservas 3.000 millones de dólares del swap (intercambio de divisas) con China del que se burlaba por inservible el economista pro gobierno Orlando Ferreres y el coro afiatado de economistas neoliberales mediáticos. Y a partir de ese momento se inició la política contraria a la de los últimos doce años de desendeudamiento kirchnerista. El Banco Central tomó 5.000 millones de dólares de un sindicato de bancos extranjeros a una tasa de interés del 6,7% y a un plazo de once meses, entregando como garantía de pago títulos de la deuda pública por u$s 10.000 millones. YPF se endeudó en u$s 1.000 millones. La provincia de Buenos Aires obtuvo un crédito de u$s 1.250 millones a la exorbitante tasa del 9,75%. El Estado Nacional se endeudó en u$s 16.500 millones para cerrar el ruinoso acuerdo para el país con los fondos buitre. En total los dólares obtenidos por vía de endeudamiento suman u$s 23.750 millones, que adicionados a los 3.000 millones de dólares del swap con China computan un ingreso al Tesoro de u$s 26.750 millones. Estos ingresos más las reservas existentes a la fecha del cambio de gobierno totalizan u$s 51.842 millones. Al momento del artículo del ex ministro las reservas alcanzaban a poco más de 31.500 millones de dólares las que, si se restan los 5.000 millones de dólares prestados por los bancos que deben devolverse en diciembre, se quedan en 26.500 millones o sea casi las mismas con que se contaba antes del inicio de la carrera endeudadora. Concluyendo, en un rush de apenas cinco meses, con un record de velocidad que supera a la de los años noventa del siglo pasado y como en gran parte de la historia del país, se endeuda la Nación, se hipoteca a sus generaciones venideras para pagar deudas con usura y financiar la fuga de capitales por parte de los clientes prebendarios del gobierno derechista de turno.

Buenos Aires, mayo de 2016

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