Música para el Encuentro

Por Abril Lugo

 

Con el entusiasmo renovado, Matías cruzó la puerta del taller de 61 entre 5 y 6 como hace cuatro años. Esta vez, con una propuesta entre manos. Natalio Sturla, el lutier y profesor de acordeón, le abrió la puerta gustoso de reencontrarlo.

-¿Y si hacemos un encuentro de acordeonistas?
El último 4 de junio se habían visto en el Club Cultura, cuando Matías Di Loreto, como productor de La Nadia Matilde, organizó la presentación de la cantante junto al acordeonista Hernán Crespo. Natalio fue parte del público que asistió para ver al músico nacido en Haedo. Al terminar el concierto, Natalio y Hernán hablaron de lo que más les apasiona, el acordeón. En esa charla, en ese vínculo sostenido por el amor a un instrumento, Matías logró ver algo más, lo que daría forma al 1º Encuentro de Acordeonistas del Río de La Plata.

El acordeón es uno de los instrumentos más diversos. Varía en colores, en tamaño, puede tener teclas o botones. Tal vez esté afinado para que el sonido sea estridente, o más dulce, o más grave. La forma también puede ser distinta: hay modelos de los años veinte y treinta, de los setenta u ochenta.

El sonido es mecánico. Al abrir el fuelle, el aire entra al acordeón. Acto seguido, al presionar una tecla o un botón, el aire se da paso por una abertura haciendo vibrar una lengüeta afinada en una nota particular. Así funciona si se tocan las teclas en consecuencia. Pero la melodía la hace el músico.

La manufactura de un acordeón es un trabajo básicamente artesanal. Lleva más de tres meses fabricarlo, desde el diseño y armado de las cajas, la producción del fuelle, la colocación de los botones, lengüetas y teclas, la unión de todas las partes, hasta la afinación del instrumento. En nuestro país, sólo existe formalmente la Fábrica de Acordeones Anconetani, famosa también por ser la primera en Latinoamérica.

Los bajos, son los botones que están del lado izquierdo del instrumento. Los modelos van desde 24 bajos, 48, 60, 90 y hasta 120. Tocar requiere diferenciar los movimientos de las manos. La melodía, o sonido más agudo, se hace con la mano derecha. También hay que abrir y cerrar los brazos, dependiendo del ritmo que se toque es la velocidad con que se abre el fuelle.

El primer paso es abrir el fuelle

“Los acordeones son instrumentos que conectan mucho con el pasado, porque son instrumentos de los abuelos, de los padres. Mi abuela tocaba el acordeón a escondidas, porque le daba vergüenza y para que no la carguen se encerraba y tocaba el acordeón. Es de esas historias familiares que me cuenta mi viejo siempre”.

Natalio es lutier de acordeones desde 2009. Además da clases en la Facultas de Bellas Artes, en una materia del segundo año de la carrera de Música Popular. Su taller, es un cuarto de aproximadamente tres metros por tres, pero parece más pequeño por las estanterías llenas de acordeones y dos mesas que usa para reparar los instrumentos, una en el centro de la pieza, la otra junto a la puerta del lado derecho.

Al entrar, llama la atención los más de 20 acordeones puestos en tres estantes que llegan al techo y un contrabajo gastado por el tiempo, escondido detrás de una madera, en el fondo. Apenas hay espacio para caminar, sólo se puede girar alrededor de la mesa del centro que ahora tiene el fuelle y una caja del acordeón que está reparando.

Hay, angosta y escondida junto a un estante para los instrumentos, una biblioteca de casi dos metros de alto. Recostada sobre la pared del fondo hay una cuarta estantería, más pequeña, que tiene tres o cuatro acordeones con un papel pegado que dicen: ‘NO TOCAR’. Son modelos antiguos, quizás alguno ya no funcione.

Ahora se despide de un acordeonista santiagueño que vino desde Berisso a encargarle la reparación de su acordeón. En este mismo taller, estaban sentados Matías y él tres meses atrás cuando resolvieron hacer el Encuentro.

“Mi viejo tenía una orquesta, siempre tuvo una orquesta para animar bailes, allá en el campo en Entre Ríos. De las que hacen música característica, paso doble, valses, algún tango, polcas, todas esas músicas. Así que yo todas las semanas escuchaba música con mi hermana porque estaban ensayando”.

Así fue naturalizando el sonido del acordeón, hasta que un día, a los siete años, su papá le puso un acordeón en el regazo y le enseñó lo básico para tocar. Al año siguiente ya asistía formalmente con una profesora. “Tenían un sistema que ya no existe prácticamente, de varios años, donde vos había métodos e ibas haciendo paulatinamente un recorrido por el instrumento, por la teoría. Empecé ahí y estudié cinco años”.

Cuando le preguntan a Natalio cuántos acordeones tiene, se toma su tiempo para pensar. “Debo tener 10, 12 acordeones. Algunos antiguos, algunos que me han regalado, muy viejos. Y otros que he restaurado y me los quedé. Los compré para vender, los restauré y no los quise vender porque uno se enamora también de los instrumentos”.

Las primeras notas

“Empezamos ahí, en un tiempo récord. Lo organizamos en tres meses, más o menos. Cuando nos dieron la confirmación en Agosto en La Estación Provincial, arrancamos”, cuenta Matías, que se encargó de conseguir a los músicos para los conciertos finales, de hacer las invitaciones a otros acordeonistas, entre otras cosas. Cuatro años atrás, había intentado aprender a tocar el instrumento. Así conoció a Natalio.

Es periodista, trabaja en el área de prensa de la Subsecretaría de Determinantes Sociales de la Salud y la Enfermedad física, Mental y Adicciones, en Tolosa. Además tiene un programa en Radio Estación Sur sobre música y literatura, todos los lunes, que se llama Una reposera en el patio.

Su técnica era sencilla: “Gente que había en Facebook con un acordeón, lo agregaba de amigo. De alguna manera transmitía la idea en un boca en boca dos punto cero. Y a los músicos que conozco, les fui comentando la idea y les decía ‘si conocés a alguien avisame, porque quiero que funcione’.

Y funcionó.

El sábado 9 de julio, Matías estaba en la Fiesta del Vino de La Costa. Cada vez que puede, va a las fiestas berisenses. Hace 32 años, a escasas cuadras de la Avenida Montevideo, un chico de cinco años empezaba a pulsar las primeras teclas de un acordeón familiar. Ahora, en la Fiesta del Vino, se presenta como el acordeonista más importante de la zona. Germán Fratarcángelli tocó y luego vio acercarse a un joven con una propuesta entre manos.

Llamadas de por medio, Matías convenció a Germán de presentarse en el Encuentro. El músico autodidacta ya había viajado dos veces a Castelfidardo, la ciudad de los acordeones en Italia, a competir y estuvo en Japón. Ahora, a pesar de sus compromisos profesionales, sería parte del Encuentro y daría una clínica sobre el instrumento, uno de los talleres del cronograma.

Matías recordará después: “él me comentó que Niní Flores, un fuellista que falleció hace poco, estaba organizando un encuentro. De repente, la idea no era algo original, sino que estaba dando vueltas en diferentes ámbitos y que era el momento de llevarla a cabo”.

Junto a Natalio y Federico Aguirre, otro profesor que se sumó al proyecto, organizaron el Encuentro. Plantearon un cronograma de actividades para el sábado 12 de noviembre. Lo más importante era que se generara un vínculo entre los músicos. Querían recrear lo que Matías vio esa noche entre Natalio y Hernán Crespo.

Reunir los recursos no fue tan sencillo. La autogestión solventó los gastos en sonido y la producción de los flyers para difundir el evento. Tres veces a lo largo de los meses, se reunieron a hacer humita para venderla y conseguir los fondos necesarios.

La segunda vez que vendieron fue en un Centro Cultural en 50 entre 4 y 5, donde algunos músicos se prestaron a tocar, para los que se quedaban a almorzar. Para Matías, “eso sirvió para alimentar el espíritu del encuentro”.

El encuentro

Los adoquines de la Estación Provincial están calientes porque el sol pega fuerte. Desde el patio verde y sombreado que da a la avenida 72, en pleno Meridiano V, ya se escuchan las melodías encimadas de varios acordeones.

“El Primer Encuentro de Acordeonistas del Río de La Plata” reunió a más de cincuenta músicos, algunos que recién comienzan, otros con muchos años tocando. Sobre el pasto del parque de la Estación, Cesar Pavón y sus alumnos de la Escuela de acordeón “Nazareno Anconetani”, de Chacarita, ensayan piezas para su presentación.

Todos en círculo, con los acordeones puestos como corazas, como escudos musicales. Antes, fueron parte de la ronda de acordeonistas, donde cada músico, profesional o no, se presentó a los demás y tocó algo de su repertorio.
Ahora, en esa ronda improvisada en la que el profesor coordina con los alumnos los detalles finales, los acordeones son los protagonistas. Hay 7 de color rojo, 4 negros y sobresale el que es blanco marfil. Pero los instrumentos no sólo resaltan a la vista. La música es particular. Única.

Caminar unos pasos más hacia la estación implica mezclar dos melodías diferentes. El ritmo característicamente italiano que salía del acordeón de Cesar Pavón, empieza a combinarse con un clásico del rock argentino. Sentados en el andén, donde en otras épocas pasaban los trenes, dos jóvenes, uno frente a la otra, ensayan Seguir Viviendo Sin Tu Amor. Algunos se paran a observar, otros simplemente se dejan llevar por la música.

Mientras tanto, dentro de la estación, suena un paso doble acompañado de un triángulo que le hace la segunda a los acordeones. Algunos aficionados se reunieron a improvisar alrededor de las mesas del buffet. Se ven acordeones en exposición, pequeños, medianos, con 96 bajos, con 120. Con teclas, con botones.

Hay un sentimiento de pertenencia en el aire. Para la mayoría, es la primera vez que se cruzan con tantos fuellistas. Algunos vienen desde Córdoba o Bahía Blanca.

Matías va y viene. Suena la voz de la locutora, que anuncia que en minutos comenzará el acto de apertura del Encuentro: el desfile de todos los acordeonistas tocando la misma canción por los adoquines de la Estación Provincial, sobre 17 y 71. De ese lado está armado el escenario. Pronto subirá Natalio junto a su compañero Pablo Besser, a tocar música popular de Europa del Este, mejor conocida como Klezmer. También tocarán Germán y Hernán Crespo.

Pero antes, los músicos se reúnen. Es momento de hacer unir los acordeones. La concurrencia de vecinos, sentados frente al escenario, ve llegar a sus espaldas a más de 20 músicos caminando con el acordeón en movimiento. El Encuentro de Acordeonistas queda inaugurado.

Cesar Pavón se para frente a sus alumnos, todos en fila, y hace la señal. Lo que habían practicado minutos antes provoca bailar. Hay entre ellos, una pareja de la colectividad italiana, vestidos con ropa típica de su país, que no tarda en hacerse dueña de la música. Bailan todos, y los que no, aplauden alegres. Como dice Natalio, “el acordeón siempre fue un instrumento muy popular, muy de la fiesta”.

El final de la melodía

Se escucha a lo lejos un acordeón ensayando un tango. Algunas sillas desparramadas en el Rectorado y un escenario armado esperan que en minutos se presente Raúl Barboza. En el lugar están Matías y Federico, con un stand del Encuentro de Acordeonistas, que se hizo hace pocas semanas, para promocionarlo. Barboza pasó por allí, conversó con ellos. Rió, como siempre.

El último 26 y 27 de noviembre, el Ministerio de Cultura de la Nación organizó en el patio del Rectorado de la Universidad de La Plata “Fuellistas, Chamamé más Tango”, con el objetivo de acercar a la comunidad al bandoneón y al acordeón.

Niní Flores tenía razón. Hace tiempo venía gestándose la idea, y se había dado forma al proyecto “Fuelles Argentinos” el encuentro itinerante, que tuvo su primera edición en Octubre de este año en Chaco. Ahora llega a La Plata, con la presencia de Nestor Marconi y el Maestro Raúl Barboza.

Hay pocos jóvenes, no es como la tarde de aquel sábado en la Estación Provincial. El Encuentro de Acordeonistas estaba pensado para un doble público: los músicos, autodidactas y profesionales, para que se reúnan y compartan su conocimiento; y los vecinos, la gente de a pie, para difundir un instrumento que en los últimos 30 años cayó en desuso.

Para Matías “el músico autodidacta, el que no sabe leer una partitura, tiene entrenado el oído como para sacar una melodía, y estar en contacto con el otro es fundamental. Hay anécdotas de músicos súper reconocidos que la primera forma de aprender fue esa, como copiando”. Así empezó Barboza a los siete años, de oído. Así sacó el tango que ahora está practicando.

Se abre el fuelle grave. Se escuchan los dedos juguetear por los botones. El fuelle se cierra despacio. Se abre. Los dedos bailan en las dos hileras de botones. Silencio en la mente, que se llena de melodía. Dulce melodía que la mano derecha hace recorriendo los botones del acordeón cromático. Suenan dos o tres notas agregadas espontáneamente. Música.

Barboza está tocando.

Discusión (0)

No hay comentarios para este documento aún.

La generación de comentarios ha sido deactivada en este documento.