Mujeres que llevan arte a los pies

Los hay con taco aguja, plataforma, chatos; con punta afinada, redonda, con los dedos al descubierto; acordonados, con cierres o hebillas. Fabricados de cuero, de tela, de lona, incluso tejidos. Hay modelos para usar en los días de intenso calor, y los que nos dan abrigo cuando el frío se instala. Pasar por una zapatería y mirar detenidamente la infinita variedad de calzados que se exhiben ayuda a dimensionar el complejo proceso de creación, ya sea industrial o artesanal, que hay detrás de un par de zapatos, donde el último eslabón es la comercialización al público.

El calzado es un componente fundamental de nuestra indumentaria. Aquel par que elegimos cada día será el que nos recompense con confortabilidad y buen andar, o, por el contrario, nos hará sentir el rigor de su uso y un deseo infinito de volver a casa y sentir el suelo sin intermediarios. Un objeto que tuvo su origen en la protección del pie, fue avanzando a través de los años hasta llegar en la actualidad a ser considerado un elemento de expresión, de moda, de estilo. Es todo un desafío ir por la ciudad y no detener la vista en lo que calzan las personas a nuestro alrededor. El arte aplicado a los pies.

Un arte que, además, es rico en terminología. De esto dará cuenta Beatriz Portalea, quien es instructora en el Centro de Formación Profesional Nº 401 de La Plata. Diseñadora, cortadora a mano y a máquina, aparadora, armadora y suelera. Lleva toda una vida dedicada a este oficio donde la precisión es condición sine qua non para el trabajo. “Si cuando está terminado el calzado te queda chico, fuiste”, dirá tajante en la charla con LA PERINOLA. También pondrá el acento en “el otro”, aquél para quien se confecciona, y aquél con quien se trabaja en el oficio.

Un comienzo que marcó el futuro

El mundo del calzado la encontró en la adolescencia y definió cuál sería su pasión de allí en adelante, en un oficio donde el rol de la mujer estaba reservado a ser preparadora de mesa, aquella que acondiciona las piezas para que luego el aparador, generalmente hombre, cosa a máquina. “Nos costó mucho a las mujeres aprender, porque en general te tomaban más que nada para aparado, que es la parte de arriba del calzado, lo que hace la capellada y la caña; y dentro de eso, como preparadora de mesa, ni siquiera te dejaban coser. En general, eran los hombres los maquinistas, los dueños del taller, porque el aparado siempre se tercerizó, se pagaba por par y el dueño del taller tomaba gente. Esto siempre se hizo en negro”, recordará sobre sus inicios.

Tras un comienzo como aprendiza, para ir creciendo en el oficio iba de taller en taller presentándose como aprendiza adelantada, media oficiala, y, así, hasta trabajar en grandes fábricas, en el país pero también en Chile y Brasil. Tuvo sus propios emprendimientos, dos de ellos en La Plata, y en la ciudad de las diagonales también trabajó con el INTI en la investigación del uso de distintos tipos de cueros para la manufactura del calzado, como conejo, pescado, cabra. “Ahí aprendí mucho sobre lo que es el cuero, cómo se trabaja, para qué sirven”, acotará. También dictó el taller en la Casa de la Cultura de la UNLP, y, desde hace diez años es instructora en el CFP Nº 401.

-¿Cuándo te iniciaste en esta profesión y por qué calzado?

– Empecé el oficio desde muy joven, en Flores, Capital. Mi papá me dijo, `qué vas a hacer, estudiar o trabajar´, y yo dije trabajar, aunque después de grande estudié y terminé el secundario. El barrio era armenio, y había muchos talleres de aparado de calzado, era eso o corte y confección, y opté por lo primero. Ahí me picó el `bichito´ del zapato hasta el día de hoy. Cuando entrás en este oficio es adictivo, apasionante, porque todos los días descubrís y aprendés algo.

Después fui aprendiendo a trabajar en producción, miraba como se armaba, como se aparaba; y luego estudié diseño con un italiano.

-¿Cuáles son las etapas en el proceso de producción del calzado?

-El oficio está dividido en varias partes. Primero viene el diseñador o modelista, la diferencia es que el diseñador es el que marca la moda, mientras que el modelista modela determinado tipo de calzado que le dice la empresa que le haga, o si es microemprendedor hace su propio diseño o moldería. Después está el cortador (a mano y a máquina), el aparador (que se divide en dos partes, el preparador de mesa y el maquinista), el centrador del zapato, el armador (quien trabaja en la horma), el plantillero (quien realiza la plantilla y la forra), el suelero, y el empaque.

-Actualmente sos docente, y hacés mucho hincapié en sembrar en otros “el bichito” del oficio. ¿Cómo te acercaste a la docencia? ¿Es difícil promover el oficio en La Plata?

-Empecé a enseñar en INTI, hace 8 o 9 años, ahora hay otros instructores. Desde hace diez estoy en el Centro de Formación Profesional 401, donde fue muy difícil empezar a enseñar porque fue raro hacer comprender cómo iba a hacerlo, porque está modulado mal. En general, enseñan diseño y el oficio lo mandan a otros lados. Yo enseño todos los módulos en uno, y es muy difícil que te enseñen todas las etapas del oficio. Además, doy la parte de costos, marketing y venta del producto. Con lo primero que empiezo es con la alpargata, que es el primer calzado que se hizo en el país y que cubría caña y capellada.

La ciudad de La Plata es administrativa, no es industrial, entonces cuesta mucho la comprensión de la importancia del oficio. Mi idea era dejar a gente que comprenda, ame y lo siga, contarle todos los secretos del oficio que aprendí en estos años. Es un trabajo solidario, porque le tenes que preparar el trabajo al otro. Hago mucho hincapié en el confort, no hay nada más interesante que alguien se pruebe un calzado que vos diseñaste e hiciste. Tenemos una forma de enseñar cuidando el pie.

-Las mujeres solemos usar calzado con tacos muy altos, ¿cuál es tu opinión al respecto? ¿Cuándo un calzado es bueno?

-Si estoy trabajando todo el día y me olvido que tengo un calzado puesto, es que fueron cómodos. No debo sentir dolor en el pie. Sobre el uso de tacos, una cosa es una modelo desfilando, que calzar todo el día ese tipo de Luis XV que se le decía antes, ahora es stiletto. Lo ideal serian dos centímetros o de 5 a 7 como mucho, ni plano del todo; y si el taco es con plataforma mejor, para que nos deje caminar. Yo les digo a las alumnas que caminen, que conozcan cómo caminan, y si van a enseñar el oficio que sea respetando al pie, porque también les enseño a arreglar las hormas si alguna persona tiene afecciones en el pie. Es resolverle el problema al otro. Que use algo tuyo y que se sienta feliz. No hay nada más lindo que el abrazo y el beso de una alumna cuando se calza el zapato y te dice `gracias Bea porque puedo usar este tipo de calzado que nunca pude usar´. Nunca entendí, por ejemplo, por qué el zapato ortopédico en general es feo, no hay un buen diseño.

-Tenés una alumna en particular que está siguiendo el oficio. Hablanos de Claudia

-Sí. Tengo dos o tres alumnas más que también están en esto, pero Claudia le puso toda la garra y es en los 10 años la primera que toma gente de aprendiza, como debe ser, y sigue enseñando el oficio. Eso es muy importante, yo ya me jubilo este año. Creo que han quedado muchas semillas de este oficio en muchas mujeres, a las cuales nos costó muchísimo. Hace 40 años, 10 atrás inclusive, iba a comprar materiales a Boedo y decía que era profesora instructora de calzado y te decían `lo único que faltaba, una mujer haciendo zapatos´. Entonces, tenias que saber muy bien el lenguaje del oficio, porque cuando un comerciante te ve titubear te vende cualquier cosa, lo hemos comprobado más de una vez. Y a estos señores que me decían eso yo les respondía que en realidad sería lo ideal porque ellos zapatos de taco no usan, o se supone, y porque no es lo mismo el pie del hombre que el de la mujer. Y yo sé hacer el zapato que a mí me es cómodo.

-¿Tenés algo pendiente en esta vocación?

-Mi sueño es hacer el diccionario de todos los oficios, para que no se pierda el vocabulario argentino, para enseñar y, sobre todo, que sepan comprar. También tratamos de formar el museo del calzado, no se pudo por tiempo y costos; y sueño con que se haga el estudio del pie argentino, que nunca se hizo. Es como los talles en la ropa, y es más serio porque cuando empezás a caminar lo primero que sostiene todo tu cuerpo son los pies, y un mal calzado afecta mucho a la cadera, a la columna, a las posturas. Ahora con el tema de la importaciones están trayendo zapatos de China, donde son dos números menos del que calzamos, o el de Brasil que son dos números más. El de nuestro pie se supone más o menos por las hormas con las que se hace el calzado acá, que en general son las europeas o de Estados Unidos. Tampoco se hace el medio punto: a nivel general nadie calza 36, 37, 38, y si pedís un 36 porque crees que es lo que calzás y no te queda pedís un 37. No sabemos qué número calzamos. Lo más parecido al pie es la horma, y al no hacer ese estudio vamos a seguir con ese mismo problema.

Güelo, el nombre del retorno a las raíces

Dos máquinas de coser, “la negrita” y la que era de su abuela, están ubicadas en sus respectivos puestos para unir cañas y capelladas. Una línea de hormas cruza por la mitad la repisa, la que también exhibirá un universo de telas que próximamente darán forma a un calzado. Una mesa de trabajo refleja todas las herramientas necesarias para la confección, desde pequeños clavos hasta pinzas, martillo y adhesivos. Una pared lateral develará el origen del nombre del taller: penderá allí un cuadro de su abuelo, a quien ella llamaba “Güelo” de pequeña y por quien tenía un fuerte afecto. Claudia Barboza dio vida a este espacio de trabajo hace dos años, y da cuenta de los importantes logros alcanzados en este tiempo: excelentes ventas de las “comoditas”, y la incorporación hace poco de una empleada. Pero va por más. Y entre mate y mate dará cuenta de ello.

-Fuiste alumna de Beatríz en el CPF 401, y ahora tenés un taller propio. ¿Cómo fue que te interesaste en el oficio?

– El calzado me interesó siempre. En la adolescencia mi mamá me dijo `vos tenés que mirar a las personas a los pies y ver de acuerdo como tenga el calzado´, y bueno me acostumbré. Cuando empecé a comprarme calzado quería tener algo que me quedara bien a mí y no necesariamente lo que estuviera de moda, no salir a la calle y tener todos los mismos modelos pero distinto color. Hasta que mis hijos crecieron, me jubilé y quería hacer algo. Fui al Centro de Formación y unos cursos decían aparador de calzado, armador… Y yo pensaba ¿será para hacer el mueble? Pregunté y me dijeron que me iban a enseñar a hacer el calzado. Fue un curso muy intenso, de lunes a jueves de 8 a 12. Lo primero que aprendí fue a cortar alpargatas, y eso me tocó mucho porque me movió mis raíces, ya que yo me crié en el campo y mi abuelo usaba, y en la adolescencia llegué a usar las de yute como él. Tengo una conexión muy fuerte con mi abuelo, que ya falleció, y por él se llama Güelo el emprendimiento, que era como yo le decía.

- ¿Fue difícil arrancar con el taller? ¿Cómo es tu método de trabajo y en qué te especializás?

-El taller hace dos años que lo tengo. Al principio, con las cosas que podía, máquina de poste no tengo (N.R.: es la ideal para el oficio), tengo una máquina que tiene 110 años, era de la abuela de un amigo, y otra que va a empezar a trabajar también.

Trabajo por encargue, normalmente hago producción. Con Bea aprendimos primero las pantualpargatas, que yo le puse comoditas, son para entrecasa. Primero comencé a hacer las de Estudiantes y de Gimnasia y después seguí con otros diseños. Tuve éxito el año pasado y éste; mi hermano tiene un quiosco donde comercializa el producto, y en Ensenada una amiga. Trabajé sola hasta este año, pero hace poco pude tomar a alguien para que me pueda ayudar y hacer el trabajo más rápido, ya que tengo más demanda. Y ya estoy haciendo algunas sandalias para el verano y quiero sacar también las alpargatas con diseños propios. Tengo la marca, y es mi deseo. El plus es el diseño, y el placer de hacerlo.

Claudia, o “Clota” como la conocen, contará también la otra alegría, compartida con su mentora, que le llegó de la mano del calzado: la solidaridad y la enseñanza. Poco después de haberse formado en el oficio, cargó sus hormas, lonas y herramientas en el auto y partió rumbo a Santiago del Estero. Destino: Puesto del Rosario, una pequeña localidad en el Departamento de Atamisqui. Allí, Claudia apadrina a tres alumnos, dos que ya egresaron de la secundaria y siguen estudiando, y uno que cursa en la Escuela 749. Y hace extensiva una invitación: “Necesitamos padrinos, porque hay chicos que aún no tienen”. Ella se acercó al padrinazgo a través de su primo, y por medio de él a una asociación dedicaba a apadrinar a chicos de escuelas rurales. Cuando vio en el calzado la herramienta para llevar ayuda, no lo dudó. Y en un segundo viaje, Beatríz fue con ella.

-Yo ya había llevado otros proyectos, y cuando aprendí a hacer alpargatas para mí era el arma que necesitaba para llevar, porque allá falta trabajo y no tienen tantas posibilidades como nosotros. Primero viajé yo, y di tres días de clase. Es algo que hicimos con los padres de los alumnos, porque las mujeres hacen absolutamente todo en el hogar, y el hombre normalmente es trabajador golondrina y falta dos o tres meses de su casa, vuelve, trae le dinero y si sale otra cosecha vuelve a viajar. Esta gente ya a los 30 o 35 años están enfermos de la columna, son personas jóvenes y tienen un desgaste muy temprano. La idea de llevarles esto es que puedan desarrollar algo, comercializar y favorecer el arraigo en el lugar.

Después viajamos con Bea (viajamos dos veces al año), vio lo que estaban haciendo, reafirmó los conocimientos, agregó otros, y hoy en día están fabricando alpargatas. Allá la única fábrica de alpargata está en La Banda, que está muy lejos, entonces ellos tienen una zona donde pueden comerciar bien su producto. Crearon una pequeña cooperativa, son unas 15 personas. No tienen un lugar porque no tienen luz eléctrica, así que trabajan de día en una pequeña parroquia y el cura les dio el lugar. Eso te llena de ganas, de orgullo, y sin ella (por su profesora) no hubiera podido. Te hace adicta al oficio, es bellísimo.

Mujeres que se abren paso

La pinza estira el corte hacia arriba y lo gira, y un clavo llegará pronto para mantener la pieza sujetada a la horma. La tarea se repetirá la cantidad necesaria de veces hasta completar todo el contorno del molde más similar al pie. El adhesivo será el paso siguiente, lijar el sobrante, y adherir la base. Un calzado listo para ser presentado y comercializado. El último eslabón será la recepción del cliente.

Estas dos mujeres artesanas de un oficio milimétrico siguen colaborando juntas, investigando nuevos materiales y productos. Descartando algunos, sorprendiéndose con otros.

- Se suele asociar a esta profesión al ámbito masculino, incluso por la fuerza necesaria para el trabajo manual en la horma. ¿Qué es lo más difícil de afrontar en esta vocación siendo mujeres?

-B: Lo que más nos cuesta ser respetadas cuando vas a comprar materiales, que te vendan lo que vos querés y pedís. Estamos en el Siglo XXI y todavía te miran raro si comprás en cantidad, o te preguntan ¿qué vas a hacer, para qué lo querés? Es como que te toman examen. Todos los comercios están manejados por hombres, tenés que saber muy bien la terminología y el oficio para imponerte al vendedor. Después la producción está en nosotras, y no hay nada mejor que el producto terminado, puesto y que se convenzan que una mujer lo puede hacer.

-C: Coincido, y me ha pasado siendo principiante. Ella lo primero que te enseña es la terminología, pero a veces no se aprende tan rápido. Yo he titubeado y me han preguntado esas cosas. Y me pasó, por ejemplo, cuando fui a comprar una lona azul, y luego Bea me dijo que no era lona.

-¿Cuál es la etapa de la confección que más les gusta y qué calzado es el favorito de cada una?

-C: La etapa más linda es diseñar, crear algo propio; y después es el producto terminado, y sobre todo cuando te dicen `che, está bueno esto, es cómodo. ¿Tenés más, otro color?´. Eso te dan ganas de seguir. Y me identifico con la alpargata, y mi objetivo es llegar hasta el número 48, porque descubrí que hay gente que calza números grandes y no tienen acceso a un calzado económico y cómodo. Que no tengan siempre que caer en una casa de deportes y pagar un calzado si bien cómodo pero que no es económico. Y hay jóvenes que calzan números grandes y les gusta estar informal. Pero también, de la misma manera que los números altos tienen ese problema, lo tienen los de 38-39-40 porque es donde está la línea de mujer, desde 38-48 es mi idea de llegar.

-B: Me gusta más la bota alta, con taco Luis XV, el tema es que no tenemos las máquinas en el Centro para enseñar. Y como yo se la metodología antigua, sin grandes maquinarias, este año voy a ver si lo enseño. Porque mas allá que tenga las máquinas para enseñar, el alumno no, porque salen muy caras. Claudia fue para aprender Luis XV y terminó amando la alpargata, con toda la variedad de modelos y texturas que tiene. Yo aprendí este oficio solamente en cuero, cuando empezaron a venir cuerinas y telas tuve que aprender de nuevo, por eso digo que es un oficio en permanente aprendizaje e investigación.

Las etapas que más me gustan son el diseño y el aparado… y armado, y ensuelado, ¡me gustan todas! Y enseñar, me encanta enseñar, creo que es el legado que uno puede dejar en la vida, y plantar semillas y que esto crezca, y que la mujer se juegue y crea en sus ideas. Esto es prueba, error y solución. Es milimétrico, una vez que está terminado fuiste. Por eso enseño el prototipo, el análisis, la investigación de cada cuero y tipo de calzado.

Datos útiles:

-El Centro de Formación Profesional Nº 401 está ubicado en calle 56 Nº 970, entre 14 y 15.

Güelo.

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