Mis 4 días en Madrid: JP

El año pasado tuve la suerte de poder viajar por primera vez a España a visitar a mi hermano que vive allá desde el 2006. A esta suerte se le sumaba conocer a primer sobrino y ahijado, y al hijo de la esposa de mi hermano, brasilero, de 16 años. De repente tenía dos sobrinos, uno recién nacido y otro adolescente, en el culo del mundo. Las últimas dos semanas de ese viaje, las pasé viajando sólo y, anacrónicamente, voy a escribir mis experiencias en ese viaje epiléptico.

Odié Madrid cuando llegué. Es todo lo que me molesta de los porteños, así como Barcelona comparte con Buenos Aires todo lo que me encanta de vivir en Palomar y pasarme las noches en Capital. En Madrid, los hostels están llenos de alemanes gritones y turistas de demás países sin deuda externa que tienen la idea fija de que viajar es vivir un American Pie permanente.

La segunda noche, ya me cansé de los boliches pasando reggaeton, era como salir por Ramos pero sin piñas. Esa noche mientras fumaba en la puerta del hostel conocí a un pibe que hablaba con el tono de un amigo del barrio. JP jugaba al poker.

Esto escribí unos días después:

Está a punto de cumplir 24 años y trabaja de empleado administrativo sólo cuatro horas al día, en la empresa de su viejo. “No importan los detalles”, dice JP. Tiene una sonrisa larga y ojos achinados. Físicamente encaja perfecto con el perfil de un futbolista en ascenso que está cobrando los primeros salarios abultados: por su chomba impecablemente blanca y por la cadena de oro finita y brillosa que hace juego con un reloj, también dorado. Ese trabajo familiar no es su profesión, así como JP no es su nombre verdadero. Y está tan acostumbrado a usar su seudónimo porque se mueve en uno de los ambientes ilegales menos regularizados y más rentables del mundo: juega al poker.

Está en plena edad de decisión de vida. Esa edad que todos vivimos enredados en el “no se qué hacer” y el disfrute propio de la juventud. Pero no lo representa, nada de eso se ve reflejado en él cuando habla. Está a punto de irse a vivir sólo, es seguro, tiene un celular más grande que la taza de café con leche que está tomando y los últimos cuatro meses del año pasado los vivió viajando, desde Israel a España, jugando al poker. “En PokerStar, casi todos los días. Después en casinos y muy poco lugares privados. De visitante no te podes meter en cualquier lado y menos en países que no conoces”, cuenta. “Empecé a jugar a los 13, 14 años, en Internet. Siempre me gustaron los juegos de cartas, el pool, el ajedrez, pero no tenía idea que algo de eso me podría dar de comer”. Habla con la pasión de un artista por su obra, y habla mucho, como si con una sola pregunta hubiera alcanzado.

 – No sé si hubo un momento en el que me di cuenta de que podía llegar a vivir de esto, o viajar gracias a esto. Viajar es lo que más me gusta hacer, quiero conocer la mayor cantidad de países que pueda. Y todo lo que recorrí el año pasado fue gracias al poker. Aunque es difícil, no hay un método, no es algo claro, ni hay una sóla manera de hacerlo. Es el resultado de muchas cosas.

Empecé a jugar en Internet, en páginas que no eran por dinero. Ya a los 17, 18, cuando vi que me iba bien, probé una vez por poca guita, unos pesos que tenía ahorrados. Perdí y me dió mucha bronca. No era la bronca que sentía siempre cuando perdía, ahora había guita en el medio, daba mucha más bronca. De caliente volví a jugar y gané. Ahí sentí un gustito que estaba bueno.

De repente, tenía 50 o 100 pesos más para las cervezas cuando salía con mis amigos, o me daba cuenta que me alcanzaba para comprarme un poco de pilcha. Me gusta vestirme bien, estar arreglado – tiene una dentadura de publicidad – y lo podía hacer con lo que ganaba jugando. Mis amigos empezaron a entrar a la facultad, empezaban a trabajar nueve horas en una oficina y yo me la pasaba en la pc. Lo más gracioso fue cuando empecé a ganar más que ellos. Pero no es sólo una cuestión de la plata, es todo, es moverse en esto lo que me gusta. (…) ¿Peligroso? Y… a veces sí. Según a dónde vayas a jugar, por eso tenés que portarte y jugar bien. Los que organizan muchas veces son jugadores de sus propios torneos y quieren buen nivel, pero no que un pendejo los deje sin un mango.

Desde que en 2008 saltó el quilombo de la APPA -Asociación de Profesionales de Poker de Argentina- se puso más fina la cosa. Les cayó el Gobierno de la Ciudad y la AFIP en un torneo que organizaron en cuatro hoteles diferentes, la misma noche. Hay que tener cuidado de ambos lados, pero yo desconfío más del gobierno que de los que organizan estos eventos. Porque los del Gobierno de la Ciudad ya sabían de todo y de la nada se les da por laburar un día.

También, ves cosas raras. Por ejemplo, yo juego mucho por Once. Se juega de noche, son lugares alquilados u hoteles, y cuando vas a entrar hay un morocho de dos metros que está calzado. Nunca me palparon de armas, eso siempre me pareció raro, bueno también soy un fideo… ¿En qué estaba? ah! iba a eso. Hay un flaco que está armado en la puerta y sabés que adentro al menos uno más hay. Nunca pasó nada, nunca, pero sabés que hay tipos que están preparados por si pasa.

Después vas al casino y te sentís en el Sheraton. Ahí, es todo más hablado y yo que soy pibe me re bolasean. Tenés que tener actitud sino te pasan por arriba, eso también me gusta. En el viaje jugué en casinos de Berlín, París y Barcelona (…) No, con el idioma no tuve drama. De última hablás en inglés y listo, ¡pero el juego es idioma universal! Fue una experiencia increíble, me lo pagué todo con lo que gané jugando antes y durante el viaje, pero el viaje en sí fue de placer. Lo empecé con un par de amigos y después se fueron volviendo, aunque conocí mucha gente, viajar es increíble. En Madrid me hice amigo de un colombiano que jugaba al Warcraft, un juego de estrategia que tenés monstruos y cosas así. El pibe estaba patrocinado y viajaba de torneo en torneo, una locura. Aunque estaba todo el día en el hostel jugando, a mí me gusta salir y conocer la ciudad.

Ahora no tengo planeado otro viaje, me gustaría mucho recorrer Asia, debe ser loco. Pero primero me quiero asentar un poco, ya tengo un departamento para irme a vivir con unos amigos y hasta me traje unas semillas de Holanda para armarme un indoor. Si me llego a quedar sin jugar me hago dealer y listo. -risas- (…) Na, en el aeropuerto no me dijeron nada. ¿Qué me van a decir? Las traigo en el bolsillo, son porotos.

 

Attachments

Discusión (0)

No hay comentarios para este documento aún.

La generación de comentarios ha sido deactivada en este documento.