Mindhuter: psicología y asesinos seriales

      I. Psycho Killer, qu’est-ce que c’est

La escena es una pequeña joyita en la ya enorme producción de David Fincher. Los dos agentes del FBI cargan sus papeles, los meten en prolijas cajas bien a la americana y entran al ascensor. Hay una enorme complicidad entre ellos, una alegría que exuda en la sonrisa que comparten cuando las puertas se cierran y el ascensor comienza a descender. De fondo se escucha un bajo icónico y de a poco empieza a sonar Psycho Killer, el clásico de los Talking Heads. Estamos en el final del segundo capítulo de Mindhunter, la nueva serie de Netflix que repasa vida y obra de dos agentes del FBI a fines de los 70 en el germen de lo que será la Unidad de Ciencias del Comportamiento, el departamento dedicado a tratar de entender la mente de los asesinos seriales.

La elección de Psycho Killer no es casual: es de la época (Mindhunter se sitúa en el 77, justo el mismo año en que la canción tuvo su pico de popularidad) y se centra nada más y nada menos que en el tema que es el corazón de la serie, los asesinos seriales. Davis Bryne, el frontman de los Talking Heads y uno de los autores de la letra de Psycho Killer dice que quiso mostrar a través de ella la lucha de un criminal contra sus instintos más violentos y que por eso una parte está escrita en inglés y otra en francés, como para marcar ese paso de la racionalidad a la locura. Pero la leyenda de Psycho Killer no termina ahí: comenzó a sonar en las radios americanas en tiempos de Son of Sam, uno de los primeros asesinos seriales de la historia moderna de los Estados Unidos.

      II. “Mi nombre es Holden y quiero ayudarte”.      

Otra escena que marca el tono de todo Mindhunter es la que abre la historia: un hombre de rostro enloquecido le apunta a una mujer que llora en el patio de una fábrica abandonada. No sabemos bien si tiembla más el secuestrador o la secuestrada mientras él grita que quiere ver a su esposa, que solo estará tranquilo cuando vea a su esposa. Se nota que atraviesa algún tipo de episodio psicótico, al punto que cuando entra en escena Holden Ford, el joven agente especializado en psicología criminal que será el protagonista de los 10 episodios de la primera temporada, el tipo suelta a su víctima y se desnuda simplemente porque sí. Holden se esfuerza por calmarlo, le habla de su vida y de lo que le queda por delante pero no le va muy bien: mientras la rehén huye hacia la seguridad del control policial, el tipo toma el arma y sin mediar palabra se vuela la cabeza de un tiro. Queda claro que Holden tiene buenas intenciones pero con eso no alcanza.

De ahí en más, un primer capítulo con las obligatorias escenas de Holden como el agente ingenuo pero dedicado que busca encajar en un FBI cada vez más duro. Son épocas tumultuosas donde los asesinos seriales están a la orden del día y las fuerzas policiales no saben muy bien qué hacer para frenarlos. Holden cree que la respuesta puede estar en la psicología forense, pero el FBI se resiste a ver a los criminales como algo más que locos incurables. Todo cambiará de la mano del equipo que conformará con Bill Tench, su compañero desde finales del primer capítulo, un policía duro, algo chapado a la antigua y con el desgaste de años de calle. Juntos parecen casi el cliché del policía novato y el casi jubilado pero están lejos de ser solo eso.

El tridente de Mindhunter se completa con Wendy Carr, una académica de la Universidad de Boston que se suma al equipo en el tercer capítulo. Experta en psicología, Wendy ya está estudiando psicópatas a nivel teórico y se entusiasma con la idea de aplicar lo que explica todos los días en los claustros universitarios en una investigación del FBI. Con el equipo completo, Mindhunter entra de lleno en la acción (que, al contrario que en otras series de crímenes y criminales no tiene mucho que ver tiros o persecuciones). Ahora sí: ha nacido la unidad que dará a luz la perfilación criminal, una técnica que usa la psicología para entender y resolver asesinatos, violaciones y robos violentos.

Todo tiene tintes reales en Mindhunter, no solo por los criminales que aparecen en esta primera temporada (cada uno de ellos existió y se cobró víctimas en más de una ocasión, con todos y cada uno de los detalles que muestra la serie) sino que también los protagonistas están inspirados los agentes del FBI que efectivamente entrevistaron a montones de asesinos a fines de los 70 y se convirtieron en los pioneros de la perfilación.

 
III. “¿Querés llegar a las trufas? Tenés que meterte en el barro con los chanchos”.

El hombre de anteojos le saca varias cabezas a Holden, que por más pálido y debilucho que parezca no es exactamente chiquito. Habla con voz pausada y un vocabulario enorme y los anteojos de ancho marco negro que lleva puestos colaboran en darle un cierto aire de profesor excéntrico. Pero con prestar un poco atención a lo que está diciendo en una fría sala de una prisión federal norteamericana esa máscara se cae rápidamente. A Ed Kemper no le tiembla la voz cuando habla de la gente que como él “tiene la vocación de cazar a otras personas” y de cómo mató a su madre, le cortó las cuerdas vocales y las tiró por el agujero de la pileta de su cocina para ver si una buena vez dejaba de hablar un poco.

Ed Kemper fue “el asesino de colegialas”, un criminal serial que verdaderamente asoló a estudiantes californianas a principios de los 70 y que cumple cadena perpetua hasta el día de hoy. Ver cualquiera de las entrevistas que ha concedido pone los pelos de punta: habla de matar como si hiciera la lista de las compras o comentara el clima y en su versión de Mindhunter (especialmente fiel y espeluznante en un excelente trabajo de Cameron Britton) es más que lógica la fascinación con él que desarrolla Holden.

A medida que la temporada progrese iremos conociendo a más y más asesinos seriales, con Holden, Bill y Wendy adentrándose de a poco en la mente de los psicópatas, cada uno a su manera. Holden, como el protagonista, es el que más se obsesiona, al punto de visitar una y otra vez a Kemper en la cárcel y utilizar métodos bizarros para lograr la confianza de los asesinos que entrevista. Así, por ejemplo, cuando habla con Jerry Brudos, el “asesino del fetiche de zapatos” le cambia un par de stilettos por una respuesta y toda la operación termina volviéndosele en contra cuando su propia novia se compra unos iguales y Holden no puede evitar pensar en los crímenes.

La escena final (y acá vienen los spoilers) encuentra a Holden al borde de un ataque de nervios después de visitar una vez más a Kemper, que está internado en el hospital por un problema menor de salud. Es solo entonces, cuando nota que un asesino a sangre fría como Kemper casi lo considera un amigo, que finalmente Holden se da cuenta que quizás se ha embarrado demasiado y no está tan lejos de los chanchos como le gustaría creer. Para saber si tiene razón o no, habrá que esperar a ver el resto de la travesía por el chiquero, que Netflix ya encargó para el año que viene.

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