Milena Pafundi: “Sentí la necesidad de hacer más que una obra linda, flashera y estética”

Ni una menos fue una convocatoria que puso en alerta a la sociedad argentina sobre lo que significaba la violencia de género. En ambas marchas, 2015 y 2016, el arte estuvo presente en diversas formas. Una de ellas fue el “articiclo”, que es una especie de triciclo que tiene un proyector montado arriba por donde salen las imágenes con mensajes de todo tipo, como el número de la línea de asistencia al aborto o las caras de Eva Perón o Diana Sacayán, la activista trans asesinada el año pasado. Esta herramienta pretende incentivar la participación social y el debate público no solo sobre violencia de género sino también sobre distintos derechos como el derecho a la vivienda, a un medio ambiente sano y la diversidad cultural. “Con el articiclo la idea es llegar a más gente para interpelar a quienes creen estar muy informados y a los que no lo están”, dice la “artivista” y feminista Milena Pafundi, quien es la encargada de manejar esta herramienta en cada marcha. “Por lo general, todas las personas reaccionan bien a las consignas feministas o a favor del aborto o a favor de la inclusión laboral trans o de los derechos humanos”. Y agrega que el objetivo principal es llegar a esa sociedad “indiferente” para “hacerla reflexionar” y se cuestione a sí misma como hace ella todos los días de su vida respecto a lo que la rodea.

Tanto con la participación del “articiclo” en la marcha Ni una menos como con tu exhibición en el Centro Cultural Matienzo, Tóxica, que busca cuestionar “la masculinidad hegemónica como fuente generadora de violencia de género” se ve una gran influencia del feminismo ¿Combatir la violencia de género fue lo que te convirtió en “artivista”?

Lo que me realiza como tal es el entrecruzamiento de cuestiones que tienen que ver con la perspectiva de género dentro de las obras o performances. Pero no me aboco exclusivamente a este tema sino que también estoy a favor de los derechos humanos y desde el artivismo, luchamos por la igualdad para que todas las identidades de género que existen sean respetadas y tengan la misma igualdad de oportunidades y derechos (salariales, salud, trabajo) entre otras cosas. En Tóxica elegí trabajar sobre la masculinidad hegemónica para no poner el foco en la mujer como víctima y no seguir revictimizándola. La idea fue hablar un poco de todas las mujeres incluyendo a las trans, y por el por qué padecemos de maltratos. Para mí la razón de ese maltrato tiene que ver con la masculinidad tóxica que es la responsable de que exista, y el objetivo es decostruirla, tanto varones como mujeres, porque hace mucho daño a la sociedad.

El lugar en donde se exhibió Tóxica no tiene tintes feministas…

Yo creo que ahí reside el motivo por el cual atrajo también a los hombres y logró interpelarlos por completo a través de ese cilindro que instalamos, donde vos entrabas y la máquina te daba un papel con mensajes misóginos que estaban ligados a la idea de masculinidad o las estadísticas que mostraban lo mal que hace el machismo a la sociedad. Esa interpelación hizo que se incomoden, algunos se pusieron violentos y a otros les encantó y se fueron con sus reflexiones. Lo que generaba era una contradicción porque era visualmente algo muy lindo pero con un mensaje fuerte.

¿Cómo evalúas esta obra y cuál es tu respuesta ante quienes reaccionaron mal?

Creo que es una respuesta a la indiferencia porque está montada en ese espacio que interpela a mucha gente que tal vez que cree ser feminista o cree no tener una mentalidad machista y que están del lado de la igualdad. Pero cuando empezas a investigar y a charlar un poco el tema te das cuenta que no es así sino que hay muchas características que tenés que ir decostruyendo de alguna manera. Y creo que la intoleracia de cierto tipo de personas a la obra, tiene que ver con que no la comprenden y por mi lado pienso que hay que tener un grado mayor de paciencia y tratar de concientizar, charlar y abrir preguntas. No es para nada fácil y en internet se ve más la impunidad de esos comentarios porque hay identidades reservadas y eso les da derecho a ser lo más violentos que puedan, lo cual es bastante triste. Y aunque a veces enoja mucho, reitero, hay que tenerles paciencia.

En 2002 fuiste integrante del proyecto audiovisual Tekhnë y dos años después empezaste a ser “video artista”. También trabajaste en la agencia de noticias Telám y el presente te encuentra como coordinadora del Área Audiovisual en el Ministerio Público de la Defensa, CABA ¿Cuándo empezaste a combinar lo audiovisual con tu militancia feminista en tus trabajos?

En audiovisuales fue donde más logre porque quería salir de la fiesta, la noche y el club, y lo empecé a convertir, de alguna manera, en actos performáticos con un principio y un fin, en otros espacios. Esto hizo que fuera inevitable empezar a interpelarme con algunas cuestiones de mi vida y la formación que tuve, porque trabajé 5 años en Telám que me marcó porque estaba en constante contacto con contenidos de todas las aéreas, más en lo político y ahí sentí la necesidad de hacer más que una obra linda, flashera y estética, en donde se percibieran las preocupaciones del día a día para poder interpelar a un montón de gente a través de otra manera de ver las cosas.

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