Matcheame toda.

Tanta soledad, todos conectados.

Las vidrieras están diseñadas para enriquecer la experiencia de comprar: detener y atraer al cliente. Si la tocás, ya sea con la palma abierta o con un dedo, es que tenés necesidad de poseer, conseguir y explorar más allá de lo que estás viendo. Si te parás o te inclinás, quiere decir que te morís por conocer más del producto; estás en manos de la fantasía, la intriga, la curiosidad y seguro que vas a entrar para descubrir el gran misterio que la vidriera te propone. Así se plantean las app de citas en el mundo de hoy. Como una teatralidad que propone mostrar lo que se quiere vender: emociones, momentos, gustos, lo que me define, lo que me hace ser yo. Viajes, deportes, cerveza o fernet, cigarrillo sí o no, familia y/o hijos, etc.

Y como en las vidrieras el comprador le exige a las marcas que se adapten a su forma de vivir, de pensar y de sentir así parece que se muestran las fotos de estas app, donde si te copa mi estilo comprá y sino bajate.

Esa sensación latente de querer mostrarme y editarme para ser lo más comprable posible. Con una necesidad de ser mirada, leída, en cierto modo deseada, por ese otro que no conozco, pero igual quiero cautivar.

Sumar matchs (crush o combinaciones entre dos personas que coinciden con el botón ♥) y ver cómo esa persona que elegí con un simple corazón digital, también me elige. Aunque nunca hablemos, aunque nunca nos conozcamos.

Una app, es una aplicación que se instala en dispositivos móviles para facilitar una labor concreta tanto de carácter profesional, como de ocio o de entretenimiento. En este caso las apps como Tinder, Kickoff, Happn, Badoo, OKCupid o AdoptaUnChico, entre otras, cautivaron el mundo de las citas donde se ofrece la posibilidad de crear perfiles digitales y nuevas formas de relacionarse y de concebir vínculos novedosos entre personas. Como también, engendrar maneras de exhibir la intimidad, al menos desconocidas hasta ahora.

Todas las apariencias en estas vidrieras digitales son percibidas de una manera más o menos deseable, es decir, los cuerpos pueden atraer a ese otro que está a la caza de la persona perfecta. Con la premisa de que todo entra por los ojos, se generan barreras estéticas bien fijadas dejando de lado el encuentro cara a cara y otros aspectos que hacen a la seducción y atracción personal ¿Cuándo nuestra apariencia se convirtió en una representación única y absoluta de nuestro ser? ¿Cuántas X habremos puesto y desperdiciado la oportunidad de conocer a ese otro que quizás tenía mucho más para brindarnos que ese corazón perfecto que quedó en la nada? ¿Qué es lo que perdemos cuándo sólo somos un cuerpo cosificado u objetivado en un espacio superfluo y efímero?

En cuanto a los modelos corporales actuales que podemos visualizar en estas aplicaciones son mayormente: el cuerpo femenino siempre delgado y sexy para obtener el cual nos tomamos la foto desde el mejor ángulo, porque nos hace más esbeltas. El modelo masculino, en cambio, con un cuerpo atlético y musculoso, casi siempre aparece la foto en el baño frente al espejo mostrando los abdominales marcados. Y cuando no, la típica en el ascensor, que al parecer tienen buena luz para tomar fotografías. Ni hablar de la cantidad de filtros y efectos que ponemos a las fotos que hasta llegan a despersonalizarnos, con tal de encajar en el estereotipo de venta.

La suma de match comienza a convertirse en un deporte o un juego donde hay que alcanzar determinada cifra. De repente, vemos que en nuestra lista de chats nos gustamos (físicamente) con 15 personas, pero aún no hablamos con ninguna. Y ahí comenzamos a entrar en cada uno de los perfiles y eliminar, por el mero hecho de quedarse con el mejor o disminuir la cuantiosa lista que me es molesta a los ojos. Todo este análisis es aún sin emitir palabra alguna. Vemos que fuma, lo eliminamos. Vemos que mide menos de 1.70 mts, lo eliminamos. Ni hablar si vemos que vive lejos, los esfuerzos por el encuentro con el otro quedaron en otra época. ¿Nos convertimos en publicidades? ¿En ventas al mejor postor?

Curiosamente, estas tecnologías hicieron aflorar un afán de exhibicionismo latente en muchos, que sin pudor alguno exponen toda su intimidad en los mensajes e inclusive en sus perfiles. Y, por otro lado, una gran puerta abierta para los voyeurs, por supuesto. En este sentido el exhibicionismo y la visualización quedan equiparados. ¿Se podría establecer que tanta exposición llegó a alterar las nociones de intimidad y privacidad, tanto que la mayoría de las conversaciones quedan ligadas sólo a estas prácticas sin necesidad de un contacto personal?

Vamos a abordar otro punto importante, ¿qué pasa cuando del otro lado de la pantalla no hay un voyeur y te llega esa imagen no deseada, al menos quizás no digitalmente y comenzás a conocer más de lo que esperabas? ¿Las personas tienen la necesidad de darse a conocer con tanta profundidad? Me pregunto, ¿tanto querés que vea antes de verte?  Y de esta forma, comienzan a rodar las fotos íntimas de una persona que no conocemos en los grupos de amigos: ¡mirá lo que me mandó [email protected]! y todos los comentarios que llegan detrás. ¿Se perdió la barrera entre lo público y lo privado? ¿Este tipo de imágenes motivan el encuentro personal? ¿O sólo quedan en la relación exhibicionismo-voyeurismo? ¿Hay necesidad de encuentro? ¿Qué queda para lo privado? Y si sólo estas app cumplirían el objetivo de sólo sexo ¿eso se termina concretando? ¿O también hay peros para un encuentro sexual?

Muchos contactos, poco contacto. ¿Qué nos llevó hasta este lugar? ¿Falta de tiempo, quizás? ¿Individualismo, comodidad? ¿Encuentros utilitaristas? ¿Estas son las relaciones que queremos construir? ¿Distancias reales tras la supuesta cercanía online? ¿Una vidriera de ilusiones, perfecciones y autoafirmaciones?

Y qué pasa cuando se da el esperado encuentro cara a cara ¿es lo que esperábamos o nos damos cuenta de que la imagen que nos vendieron no era de primera marca sino de La Salada (como dice Rocío Quiroz)? En casa, la remera, no me quedaba igual que en el probador.  ¿Qué hacemos con las frustraciones acumuladas? ¿Seguimos matcheando?

Y bueh… ¡que pase el que sigue!

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