Los chicos, ¿son chicos? ¿Para qué?

En el último tiempo se ha generado un gran revuelo a raíz de la reforma que el gobierno  actual quiere impulsar en las escuelas secundarias de la  Ciudad de Buenos Aires. Esta reforma consiste en la modificación del régimen escolar, con la incorporación de pasantías de trabajo para jóvenes de quinto año escolar en 17 escuelas porteñas. Sin embargo, se ha generado una gran controversia por parte de varios sectores de la sociedad, principalmente los jóvenes de las propias comunidades educativas que han decidido, en asambleas, tomar las escuelas como vía de protesta  para alzar su voz contra dicha reforma que implicaría varias modificaciones regresivas contra una educación de calidad. Principalmente aquellas tendientes a reducir las materias y varias orientaciones específicas para introducir obligatoriamente a los jóvenes al mercado laboral como mano de obra barata de varias empresas, además de resultar contradictorio varios planteos realizados por parte del gobierno sobre los objetivos de la reforma a implementar, como inclusión tecnológica, sin contemplar la aplicación en el contexto educativo, donde no existen recursos para llevarlo a cabo. Bajo la escasa información que brinda el proyecto de la nueva reforma educativa en la Ciudad de Buenos Aires, las autoridades gubernamentales han impuesto un plan de modificación educativa, que implica la integración obligatoria de los estudiantes al mercado laboral bajo la modalidad de pasantías anulando la participación estudiantil para discutir las condiciones sobre las cuales se llevará dicha reforma a cabo.

En este sentido, el argumento esgrimido por parte de muchos de los estudiantes es que dicha situación,  en la que está planteada la reforma, abre un camino directo hacia la precarización laboral de la juventud a cambio de una regresión de la educación pública de calidad. Lo que están pidiendo los estudiantes es una prórroga para que esta reforma pueda ser discutida, teniendo en cuenta por parte de las autoridades institucionales y gubernamentales, la voz de los estudiantes en el proceso de toma de decisión.

Este último punto es justamente, uno de los puntos polémicos que ha generado una variedad de comentarios y discusiones en el último tiempo. Más allá de la importancia de la problemática en cuestión, que debe ser contemplada, lo que se ha puesto en el centro de discusión, tanto en la opinión pública como en los medios de comunicación, es el rol y el lugar de la juventud en la sociedad. No solamente de la juventud, sino de la juventud y la política.

“Los chicos-perdón por la tautología, o la redundancía- son chicos” fue la nota publicada por Lanata para referirse a la “incapacidad” de los jóvenes para tomar decisiones sobre procesos que los involucran y para dar cuenta que los “chicos” no pueden “celebrar contratos”.

Sus aclaraciones no sólo tratan de deslegitimar un justo reclamo por quienes son  objetos de dichas reformas, los “chicos”, sino que además estigmatiza, infantiliza y menosprecia la voz de los estudiantes, proyectándolos como niños que “no saben lo que dicen, ni lo que hacen”, como pequeños tiernos e ignorantes al mismo tiempo: “Motorizados por su propia ignorancia, los chicos creen que saben: es hasta tierno escucharlos por las radios con esa seguridad del Che Guevara fusilando en la Cabaña. Saben lo que hay que hacer, y en todo caso, ejercen la política preventiva: imaginan lo que sucederá mañana y actúan ahora” (J. Lanata en Clarín, 23/09/2017)

El bombardeo mediático y violento de este tipo de discursos, disparan en varios puntos y tienden todos a desprestigiar el reclamo de los estudiantes y de varios sectores de la sociedad que los apoyan.

Sin embargo, para los sectores que construyen y reproducen estos tipos de discursos, el problema no es que los chicos sean chicos. El problema es lo que estos chicos ejercen, y que a los ojos de ciertos sectores no tienen derecho a ejercer, como claro dijo Lanata: la política. Su problema no es que son chicos, sino que son “chicos políticos”. Sujetos que saben lo que hacen, y que también creen en lo que saben y hacen, y en pos de eso, se encuentran movilizados y organizados.

A lo largo de la nota palabras como “creen” aparecen siempre antes de las acciones que los estudiantes llevan a cabo: “creen que pueden decidir”, “creen que saben”. Lanata, en representación de la voz (lamentable) de ciertos sectores, expresa que el derecho de decidir sobre sus condiciones educativas y laborales es una creencia. Lo mismo que decir de  que los “chicos” ante todo, estudiantes, sobre los cuales se está planteando dicha reforma, no tienen derecho a tener voz. ¿Porque son chicos? Sí, pero no.

En realidad porque son chicos políticos. Lo que molesta de fondo no es que son chicos que deciden. Es que son chicos que deciden, y por sobre todo quieren decidir, posicionados en determinada visión y perspectiva política, como sujetos sociales.

Tampoco su problema es que sean chicos políticos, porque en el caso de aceptar a gusto la imposición de dichas reformas, también sería tomar cierta postura política sobre el tema en cuestión. Por lo tanto, su problema se reduce a que son chicos con determinada postura política. Esa postura política que les dice: “No”. No a esta reforma. No a la precarización laboral. No a la reducción y regresión en materia educativa de calidad. No a los negocios empresariales sobre la juventud y educación. No.

Y como la derecha, perdón la tautología, es la derecha, anula la voz de los estudiantes imponiendo de manera autoritaria y unívoca, su visión política sobre la educación y la juventud; esa educación a favor de los negocios privados y empresariales, y esa juventud “tierna” “ignorante” que nos sabe lo que hace. Esos chicos, que son chicos para hablar de política y tener una postura propia sobre los asuntos que los rodean e implican, e incluso también política, pero no lo son para ir a trabajar a una empresa en lugar de estar en la escuela. Los chicos deben trabajar pero no cuestionarse ni cuestionarlos políticamente.

Les molesta que sean estudiantes y “chicos” políticos y politizados. Lo que molesta en el fondo es que sepan desde donde están hablando. Y con quienes. Lo que molesta es que tengan herramientas para disentir y decir no a la precarización. No el trabajo en estos términos. No la educación en estos términos. Lo que molesta es que sean estudiantes políticos. Le molesta que no sean dóciles.

La creencia descansa en que nos quieren hacer creer que los derechos son, justamente una creencia. Algo no real,  falso e ilusorio. Los chicos, son sujetos que no tienen la creencia, sino el derecho a ser sujetos políticamente activos, a intervenir y ser parte de los asuntos públicos que los rodean, incluyendo las problemáticas en materia educativa, como lo manifiesta el artículo Nº 24, capítulo tercero, de la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires, el cual asegura la participación de la comunidad, la cual incluye a los estudiantes, en la toma de decisiones.

 

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