Liga Infantil de Barrios: a corazón y a pulmón

Liga Infantil de Barrios: a corazón y pulmón

 

Como hace 3 años, todos los domingos se lleva a cabo la Liga Infantil de Barrios, en la ciudad de Santa Fe. Ésta liga se creó con un objetivo bien definido: que clubes de fútbol de barrios periféricos de la ciudad, sin personería jurídica, que no son tenidos en cuenta por la Liga Santafesina de Fútbol por distintos motivos, tengan un espacio en dónde desarrollarse. El principal propósito de quiénes manejan las arcas de los clubes barriales, es que los niños tengan un espacio de contención, tanto en las semanas con las prácticas en sus barrios, y en los partidos que se disputan los domingos por el torneo, materializando el esfuerzo realizado semana a semana.

La llegada de las primeras categorías por jugar, que son los pibes más chicos, de los referentes a cargo de los clubes y los árbitros, está pactada para las 10 de la mañana, pero como bendita costumbre, algún inconveniente siempre retrasa a algún que otro actor de la jornada. Previendo este retraso, que es la regla y no la excepción, la parcialidad que le toca hacer de local, pone a veces en una mesa, en otras ocasiones en un tablón de madera, o lo que esté al alcance que sea funcional para apoyar cosas lejos del piso y de los perros que andan con la panza vacía, bolsones de bizcochos y facturas para el que desee llenar la panza antes de correr tras el balón, o acompañar los mates entre desconocidos, amigos y familiares, típicos de esta liga.

El club que le toca hacer de visitante, tiene la difícil tarea de llegar al barrio del equipo que lo anfitriona. Salvo excepciones, están muy distantes unos de los otros. Al disputarse una gran cantidad de partidos, el traslado de los pibes tiene que ser en algún medio de transporte que pueda traer grandes cantidades de gente y no ser muy costoso; pues esta liga funciona sin ningún apoyo publicitario ni gubernamental, puesto que los que hacen posible su realización son solamente los clubes y sus miembros, que año tras año, dedican gran parte de su tiempo para que los más chicos puedan hacer lo que más les gusta: correr detrás de la redonda hasta que el árbitro diga basta, dictaminando el resultado del encuentro. Como la mayoría de las personas que participan no cuenta con auto, no es extraño ver llegar a todo un club en un flete, o que algunos jugadores no hayan podido ingresar al colectivo urbano y se hayan demorado porque la capacidad estaba agotada.

A medida que los minutos del primer partido van transcurriendo, se ven llegar a los chicos de las categorías que deben jugar más tarde. Aproximadamente a las 12 del mediodía, los padres y miembros de ambos clubes comienzan a planificar el almuerzo comunal. Dejando de lado cualquier rivalidad que pueda existir dentro de la cancha, se encargan de que el fuego que calienta la olla con el guiso que se está cocinando poco a poco, esté siempre flameante y vivo. Es común encontrar a los cocineros compartiendo una cerveza o un vino. Cuando la comida está lista pero todavía se está disputando algún partido, los niños muy hambrientos por haber corrido hasta el cansancio a los rivales y a la pelota, no pueden evitar mojar un poco de pan dentro de la olla. Luego de haber almorzado, los clubes vuelven a acomodar sus engranajes y se terminan de disputar los partidos restantes con la misma pasión y efervescencia que los anteriores.

Cuando la jornada de la Liga Infantil de Barrios va llegando a su fin, las caras de los más chicos, que aún siguen en el club donde se han disputados los encuentros futbolísticos, se perciben agotadas; pues para los que deben volver a su barrio, todavía queda un largo trayecto al hogar, y los que han sido anfitriones, deben ayudar a dejar la casa en orden: sillas, tablones, redes y pelotas deben ser guardadas en su lugar. Los padres y los miembros organizadores del club, deben controlar que las planillas de los partidos estén correctas: a veces hay errores en los resultados y en las tarjetas amarillas y rojas.

Antes de emprender la vuelta a casa, los delegados encargados de la organización de los dos clubes se juntan a planificar lo que será la reunión semanal, en la que se organiza el encuentro del domingo siguiente. Mientras que los pibes se vuelven satisfechos y con ganas de volver a los entrenamientos durante la semana, nadie quiere perder pisadas en la tabla de posiciones, todos desean ganar y obtener el premio al final del torneo.

Es inevitable destacar el esfuerzo que hace cada miembro de este espacio deportivo. Horas, que pueden aprovechar para descansar o estar en casa con la familia, sin cobrar un solo peso, los directores técnicos de las categorías las dedican para entrenar a los pibes; los directivos, que en reiteradas ocasiones también son los DT de alguna división, se juntan todas las semanas, al menos una vez, para diagramar la fecha que se aproxima; o los padres, fieles acompañantes de sus hijos muertos de amor por la redonda, que nunca va a dejar de rodar en el potrero.

En la Liga Infantil de Barrios todos los domingos, desde la categoría 2007/08 hasta la 1997/98, el partido entre los padres de cada club y el equipo femenino, se juegan, sin excepción de ninguna división, 64 partidos, en 6 barrios periféricos de toda la ciudad. En total participan 8 clubes, ellos son: Piratitas (Santa Rosa de Lima), 7 Jefes y Atletas de Cristo (Escarafía), Barcelona (Santa Marta), Pinina Yedro y Virgen de los Pobres (Yapeyú), Cebollitas (Loyola) y Arroyito Seco (Alto Verde).

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