La voz de Fanny

PERFIL
La voz de Fanny
Fanny Mandelbaum tiene una voz dulce, a pesar de que con esa docilidad sonora sorteó batallas verbales contra el entorno del entonces diputado provincial Angel Luque, el padre de uno de los asesinos de María Soledad Morales. Hoy, después de casi 50 años de profesión, Fanny conserva la voz suave bien fuerte
Por Guillermo Marín

Tarde de jueves. Es una tarde de jueves en una radio de la Ciudad de Buenos Aires. Fanny habla. Teje palabras, descose comentarios: especie de crampones coloquiales que fija en su discurso y que un micrófono traga uno a uno. Fanny sin miedo. Fanny sola. Fanny enlatada al vacío en un estudio de radio que tiene un micrófono gris, una mesa de un metro por cincuenta con papeles desparramados; que tiene cuatro sillas de oficina bordó, y que en una de ellas está sentada Fanny, sonriente, el pelo sobre los hombros, luminoso, apretado por auriculares negros, los ojos dispersos —ojos azul de agua pura—, el cuello erguido que sujeta un colgante plateado, que lleva un vestido azul, uñas rosáseas, labios salpicados de un rosa suave, por los que discurren palabras suaves como una música suave arrojada dentro de un cubo gris, insonorizado; que tiene un televisor mudo con las imágenes rutilantes del noticiero de la tarde, un vaso de agua ondulante, un vidrio que separa lo que se dice de lo que queda; que tiene aparatos con luces rojas, azules y naranjas y un hombre joven que mira primero las luces rojas, azules y naranjas y luego a un monitor rectangular, negro, brillante, moderno que Fanny mira sin mirar, mientras una voz cavernosa dice: “Estás escuchando a Fanny sin miedo, por Conexión Abierta”.

***

Fanny al aire. Y en el aire hay un muy buenas tardes, un gracias a Dios porque las profecías no se cumplieron, un pa` qué te vas a hacer mala sangre, y un yo tuve un solo corte de luz y no me puedo quejar, y para qué hacemos tanta propaganda de aires acondicionados si se corta la luz, y hay un no se puede caminar por la calle de tantos manteros, y hay un tema de Lito Nebia que canta Susana Rinaldi y hay un llamado al aire que dice qué tal Fanny
—¿Qué tal Fanny?
Contame esa historia –dice Fanny con la sonrisa ondulante. Del otro lado del micrófono gris, Eleonora Casano, cuenta.
***
Fanny seria. Fanny lee una gacetilla de Julio Cobos que estila las gotas espesas de los últimos saqueos en el país; que habla de diálogos negados, de economías incontrolables, de quiebres institucionales; que habla de desgaste social, de dar un paso atrás, de rever medidas, de controlar a dirigentes, de gestos de grandeza, de paz social, de compromisos republicanos y democráticos; que habla de garantías de elección, de consensos y libertades.
—Yo no soy ni radical, ni peronista, ni de ningún partido político –aclara Fanny–, y creo que las palabras de Julio Cobos no corresponden a un partido político, corresponden a un ciudadano preocupado por el futuro.
Fanny mira el vidrio del cubo gris –seria– y la voz no es la misma sumisión que se tragaba hace minutos el micrófono.
—Si yo trabajo y soy una mujer decente, y mi dinero lo gano trabajando no necesito que un Echegaray, ni un Moreno me digan qué tengo que hacer con mi dinero o que estén hurgando en mi cuenta bancaria.
Fanny mira al hombre joven que está detrás del vidrio –aún seria– y la voz no vuelve a ser lo que era: la fricción contenida de una música lenta.
—Si yo soy prostituta de lujo, o soy la mantenida de un señor multimillonario que es casado y que no quiero decir quién es, y me paga los viajes, el Porche que tengo en la puerta y el departamento en Punta del Este, por qué tengo que contar de dónde saco el dinero. ¿Acaso yo les pregunto a ellos de dónde sacaron su plata?
“Ellos” eran todos los hombres de la presidente. Todos.
***

La voz de Susana Naidich –un pájaro enredado en las entrañas de una flauta –llega desde unas cajas negras de diminutos ojos negros.
—Summertime –, apunta Fanny.
—Summertime en el aire.
***

—Ustedes saben que a mí me gusta el taaannngo arrabalero –dice Fanny estirando la a y la n, y su mirada hace una complexión en el aire bajo la luz grumosa de los tubos de luz.
—¿Rita estás ahí?
—Siii, ¿cómo estaaas? –dice Rita (la aspereza en el habla da la impresión de una voz curtida por años de tabaco), dilatando la i y la a, mientras Fanny suelta una risa cómplice, como quien recuerda por unos segundos el rostro afable de Rita Cortese (cantante de tango y actriz).
De este lado del micrófono, Fanny dice cosas como estas:
—¿A vos te cortaron la luz?
—Nooo, por suerte no, pero sé que han habido cortes en distintos barrios, algo medio generalizado, algo medio sospechoso, ¿no?
–No sé si medio sospechoso, pero el otro día una oyente decía que antes en una casona vivían siete u ocho personas y que ahora ahí se ha construido un edificio de diez pisos y no se ha cambiado el cableado de la ciudad.
—Claro, no se cambió nada…
—No sé vos por dónde vivís, Rita.
—San Telmo.
—No, no, ahí no tenés tanto quilombo. Yo vivo en Barrio Norte y cuando tengo que cruzar el puente del ferrocarril Sarmiento estoy veinticinco minutos para cruzarlo porque a nadie se le ocurrió ensanchar la calle ni el puente y eso es lo que hace que todos estemos de mal humor, ¿viste? Todo un lío.
—Rita, contame lo del ciclo de los Treinta y seis billares. De algún otro lado, Rita Cortese, cuenta.
***

Las cajas negras emiten otra vibración: cuatro acordes finales de un tango de Cadícamo. Y hay mensajes. Y uno que dice: “¿Cuándo vuelve Grandiosas?” (Magazín televisivo que condujo junto a Laura Oliva y Karina Mazzoco) Y Fanny que suelta “no hay ningún productor inteligente que nos llame, ¿vieron?”, dice con gesto resignado.
—¿Les gusta Ella Fitzgerald cantando un tema de Gershwins? A mí me encanta también de este compositor Swanee, una canción de los años veinte que canta Al Jolson – dice Fanny y agrega–: Ahyyy, no la tengo a Swanee, pero Gabriel…, no te pido que busques a Al Jolson porque es un quilombo, porque encontrar a Al Jolson es un quilombo…
El hombre joven detrás del vidrio sonríe. Y cumple.
—¡No te puedo creer que lo encontraste! Me muero. ¡Ponelo más fuerte!
La voz de Al Jolson –algo fritada por el tiempo –irrumpe por unos segundos.
—¡Maravilloso! Ahora Escuchen a Fitzgerald.
La voz de Ella Fitzgerald –afinada hasta el deliro –arroja dentro del cubo un guante de seda.
***
—Queridos oyentes hay mensajes –apunta Fanny, y dice cosas como estas otras:
–En enero no me van a ver un pelo porque me voy a Celaya {Municipio de Cantabria, España} a arrancar yuyos; me voy a poner la bikini y que no me va a importar si la panza cuelga o si las lolas están medio caídas y me voy a olvidar de la peluquería y de todo… No, mentira –dice entre risas–, me voy a cuidar.
Nana Mouskouri canta La misa campestre con Mercedes Sosa. Fanny goza. Fanny dice que le prestaron una novela.
—Me prestaron una novela que se llamaaa –duda–, Las cuatrocientas tormentas no me acuerdo de quién (en realidad el libro se llama así: Cincuenta sombras de Grey) y que está de moda. Yo les digo la verdad –dice ufana –es un libro de Corín Tellado un poooco máaas explícito. No me conmovió. No me dio ganas de escribir (quiso decir “de leer”) los otros dos tomos. ¡Buen negocio hizo la escritora!
Fanny da consejos para disfrutar de la buena literatura. Fanny dice escuchen a esta mina (se refiere a Adriana Varela) cantando Mano a mano. Fanny saluda a Laura Oliva que ha llegado al estudio.
—Mi amiiigaaa…
—Hola, por fiiin…
—¿Tuviste luz en estos días?
Fanny ríe. Fanny celebra la voz pastosa de Pepe Cibrián que al aire dice ¡Pepe está acáaa!, ¡Pepe está acáaa!, ¿qué tal Fanny?, y Fanny se despide diciendo Pepe sos un genio y dice coman poco y que tengamos luz, que tengamos luz.
***

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