La vida desde afuera

Pocas cosas deben ser tan hostiles y extrañas como mirar la propia vida desde afuera. Nunca sentirse parte integrante. Vivir sintiendo que eso que se vive, en realidad, lo está viviendo otro, y que uno es sólo un espectador. Eso es lo que le ocurre a Juan Bosch, el protagonista de El espectador, novela de Alberto Badino que mereció el Premio Internacional de Novela 2007, organizado por la Casa de Teatro de República Dominicana y que aquí, en Argentina, acaba de publicar la editorial La Parte Maldita.

El espectador comienza con una llamada telefónica: el cementerio de Recoleta necesita que Juan Bosch vaya a buscar un libro que dejaron para él. Y Juan Bosch no tiene idea de qué se trata. Este libro será un objeto imprescindible para la trama de la novela, aunque su función no es la de ser objeto protagonista sino objeto excusa: gracias a ese libro misterioso conocemos a Juan Bosch, su vida, su pasado, su familia y su inacción.

De entre todas las cosas destacables que tiene esta novela que se lee de un tirón voy a mencionar una: la capacidad de Alberto Badino para separarse de su protagonista, detalle no menor en una narración en primera persona. Esto se nota todo el tiempo en algo puntual: es una novela existencialista, que muestra las dudas, pensamientos y sentimientos de un hombre, y sin embargo su ritmo narrativo es de una agilidad pasmosa. El espectador es Juan Bosch, nunca Alberto Badino. Badino se limita –sabe limitarse- a contarlo.

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