La teta no es capitalista

Cuando cursaba los últimos dos años de la Facultad de Medicina, Gustavo Sager fue papá primerizo de Valeria. En quinto, comenzó a hacer guardias de practicante en el Hospital de Niños Sor María Ludovica de la ciudad de La Plata. Por esos años ya le gustaba más la clínica pediátrica que la cirugía.

En 1981, cuando era residente, percibió que parte de las enfermedades que sufrían los niños -diarreas, bronquiolitis, problemas respiratorios, deshidratación- podían ser, en parte, prevenidas por la lactancia materna.
“En esa época estaba vinculado con la cátedra de pediatría. Luego Marcos Cusminsky –uno de mis maestros- creó la cátedra de pediatría B que primero tuvo sede en el Hospital de Niños y ahora en la ex Casa Cuna. La pediatría que encaramos en cuanto a la enseñanza estaba muy volcada a la pediatría social donde la pobreza, condiciones de vivienda y malas condiciones de alimentación hacían que la lactancia fuera muy importante para promocionar en las poblaciones de bajo recursos”, recordó Sager.

Pero confesó que se enamoró de los nacimientos, la relación madre e hijo y la lactancia durante su segundo año de residencia en la Maternidad del Hospital San Martín de La Plata. “Vi ahí, junto con los equipos de psicología, un terreno fértil para desarrollar mi actividad. Cuando terminé la residencia en el ‘81, hubo vacantes para médicos pediatras, hice concursos y entré. Estuve como concurrente, luego como médico interino y después como médico de planta efectivo donde desarrollé 37 años de mi actividad”.

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Tiene un tono de hablar pausado, expresivo y didáctico que ni bien saluda, genera un deja vu directo a la niñez.

-Hola Doc

-Hola Solita. No me llames Doctor, soy Gus. Ya no sos mi paciente- contestó entre risas mientras abría la puerta de su consultorio.

El reloj marcaba las 18 horas del primer viernes del mes de febrero. También indicaba que habían transcurrido más de dos décadas de mi última visita como ‘pacientita’ en ese mismo lugar de Villa Elisa.

Gustavo Sager es el creador del Primer Banco de Leche Materna en Argentina, ubicado en el Hospital San Martín de la ciudad de La Plata. “Nos inspiramos de la experiencia brasileña que, en el momento que inauguramos el nuestro, tenían 187 Bancos de Leche”, narró.
“Después de hacer un curso en Brasil y de ir al Congreso Internacional de Banco de Leche en el 2005, tomé mucha fuerza para tratar de crear el Banco de leche. En diciembre del 2004 se hizo el proyecto y se presentó en el Hospital San Martín. Luego de la burocracia, inauguramos el Banco el 15 de mayo del 2007 y el 30 de junio de ese año hicimos la primera pasteurización”.

La leche que se usa en el Banco es leche de madres que donan, que generan excedente. Esas madres están testeadas de no padecer ninguna enfermedad que pueda ser transmisible para el bebe. Sobre el proceso de pasteurización, contó “Esa leche es frizada, transportada en cadena de frío al banco de leche donde se la descongela, analiza y después se la pasteuriza con una máquina que la lleva a 62 grados y medio de temperatura, durante 30 minutos, y después se baja bruscamente a 5 grados (en menos de 15 minutos habitualmente)”.

Según explicó, esa leche pasteurizada puede ser dada a los niños que la necesitan, principalmente a los prematuros enfermos que están internados en Neonatología. Aunque también se les da a los niños que son alérgicos a la proteína de la leche de vaca, lo mismo a los chicos que los operan del área intestinal ya que la leche de madre es mucho más suave que la de fórmula. “Siempre es mejor la cruda porque tiene todo lo vivo, la pasteurizada tiene un 40% menos de defensa que la cruda, pero la artificial tiene cero”, remarcó Sager.

Al hablar de las sensaciones que provoca la labor del Banco, señaló “Se crea una red de solidaridad muy linda, entre donantes, la comunidad, las mamás de los prematuros que reciben esa leche”. Ocurre que “son mamás que muchas veces tienen hijos que nacieron con 600 gramos y sus bebés están un mes y medio internado. Ellas pasan momentos donde los informes de sus bebés no son buenos y eso, psicológicamente, las afecta, y hace que bajen los brazos y no puedan amamantar”.

En Argentina hay seis bancos de leche. El primero es el del Hospital San Martín de la ciudad de La Plata donde hay 3 mil partos anuales o un poco más. El segundo es el Hospital Perrando de Chaco donde hay 9 mil partos anuales (en Resistencia). Luego está el Hospital Materno Infantil “Ramón Sardá” de CABA donde hay 7 mil partos anuales. El Carrillo de Córdoba es otro de los nosocomios donde hay un Banco de Leche. También está el Hospital Lagomaggiore de Mendoza con 7 mil partos anuales. Y el de Cutral Có, en Neuquén. Además está casi listo uno en Berazategui y está avanzado otro en General Roca, Río Negro.

En tanto, Brasil tiene más de 200. “En toda Latinoamérica hay al menos un Banco de Leche. Paraguay, Uruguay tienen dos cada uno. Chile puso uno recientemente, era el único país que no tenía una ley porque decían que la leche de la madre era propiedad del hijo y que había que preguntarle al niño si la madre tenía derecho a donar. Y ahora lo tienen en Santiago”, informó el pediatra platense.

La teta no es capitalista

Sager se refirió a ese período histórico en el cual las necesidades del mercado presentaron batalla a la naturaleza gratuita de dar la teta. Ocurre que la lactancia materna desafía el modelo de mujer consumidora que busca soluciones compradas y fuera de sí misma. La teta, de esta manera, podría inferirse, se vuelve anticapitalista.

“La industria de las leches artificiales ganan 600 mil millones de dólares anuales. Esa fuente de riqueza hizo que no se apoye a la lactancia materna. Las primeras personas que abandonaron la lactancia fueron las de mayores recursos económicos porque podían comprar los productos para darles a sus hijos. Por ejemplo, Nestlé hizo una campaña sobre cómo separar al niñx de la madre, había bares lácteos donde el chico tomaba vasos de leche. Se hizo una estrategia en la que la madre no era necesaria y el chico podía alimentarse de otro modo. Incluso –en los ‘80- se comenzó a darle de comer a los bebes cerca del tercer mes. Y actualmente se logró que los chicxs que toman leche, comiencen a comer al sexto mes porque es más adecuado para la madurez del intestino”.

En esta lucha contra las leches artificiales, Sager es abanderado en promover la lactancia materna y al respecto comentó “Los elementos que tiene la leche materna son irremplazables por la leche de fórmula. Ésta está diseñada por la vaca para un ternero de cuatro estómagos –aunque esté un poco transformada por la industria- y cuando esa leche es tomada por un niño, de un solo estómago, se vuelve un infierno por los desarreglos digestivos que le provoca, las alergias que se crean, hay muchos chicos que no la pasan bien con ese tipo de leche”.

En ese sentido, el pediatra detalló “Cuando se da mamadera hay tres problemas: Primero, el tipo de leche que se da que no es la materna. Segundo, que todo lo que se da de afuera, se deja de producir de adentro. O sea la mamá se va quedando con menos leche. Tercero, la forma de chupar porque cuando el chico aprende a chupar mamadera o chupete, cierra su boquita. Y, cuando se prende al pezón, se prenderá de éste y no de la areola por lo cual lo puede lastimar. Aparte, prendiéndose de la punta, saca mucha menos leche que si se prende de la base con la boca abierta”.

En resumen, Sager puntualizó que la primera característica de la leche materna es que es la única leche viva. “Tiene adentro 4 mil glóbulos blancos vivos por cada centímetro de leche. Esos glóbulos blancos que están en la leche de la mamá, son los que, en la panza del bebe, lo protegen de todas las infecciones que la mamá tuvo, de todas las enfermedades que la mamá se vacunó. En la memoria de esos glóbulos blancos está esa información y en el intestino del bebe. Por eso tienen anticuerpos. En cambio, un chico alimentado con leche de vaca o de fórmula, tiene cero defensas. Es pasible de enfermarse más”.

El doctor explicó que “Los chicos amamantados tienen 18 veces menos diarrea, 3 veces menos neumonía e infecciones de pulmón, 8 veces menos otitis, menos linfomas, menos enfermedades celiacas, menos parasitosis. Y las mismas mamás se benefician, las que amamantaron tienen menos osteoporosis, menos fracturas de caderas, menos cáncer de mamas, matriz y de ovarios”.

Cuanta más cantidad y tiempo de leche materna se toma, mayores son los beneficios. La OMS (Organización Mundial de la Salud), la Sociedad Argentina de Pediatría y Unicef dicen que hay que dar el pecho exclusivo hasta los 6 meses, luego agregar alimentación complementaria y dejar de dar la teta a los 2 años o más. “No es pecado dar la teta hasta los 3, 4 o 5 años. De hecho si la sociedad ve bien que se tome mamadera hasta los 6 años ¿por qué se ve mal que se tome la teta hasta los 4 años?”, declaró Sager.

Y enumeró que la segunda característica de la leche materna es que es la única leche humana, la proteína que contiene es humana por lo tanto no tiene rechazo como sí lo tiene la de vaca. “Los que toman de vaca tienen problemas de colitis con sangre, más asma, más brotes de la piel, reflujo. Eso pasa porque el cuerpo hace anticuerpos contra esa proteína de la leche de vaca. Es muy agresiva para los bebes”.

La tercera característica es que es la única leche cambiante: “Los primeros cinco días se llama calostro. Es una bomba de defensas, es laxante, para que el chico elimine el meconio –la caca verde oscura con la que nace-. Luego, hasta el día 14, la leche es de transición. Y después, se llama leche madura”.

Además, remarcó que la leche es cambiante a medida que el bebe toma. Los primeros tres o cuatro minutos que el chico toma la teta, saca una leche aguada, con mucha azúcar, en forma de lactosa y con mucha defensa. Después, hasta los 10 o 12 minutos, saca una leche mediana, que tiene mucha proteína, caseína. Y después de los 12 minutos y hasta alrededor de los 20, hay una leche que tiene cinco veces más grasa que la leche del principio y es la leche que da saciedad y que hace que el niño engorde bien.

Derribando mitos, el pediatra aseveró “En la sociedad está muy difundido algo que está mal: Que el niño debería tomar 10 minutos de cada teta cada tres horas”. Sager dijo que, si toma 10 minutos de cada lado, nunca llegaría a tomar la leche del final, entonces nunca se saciaría y se llenaría la panza de azúcares (porque tomaría solo la de los primeros minutos). “Si hace mucho calor, el chico toma poco tiempo, porque solo quiere la leche del principio. Pero si está haciendo un pico de crecimiento, tomará hasta el final”, expuso.

Otro dato relevante que aportó es que la leche materna, en el estomago del bebe, se vacía el 50% de lo que tomó en media hora, y el resto en dos horas o dos horas y media. Entonces, en el primer mes de vida, el chico debe tomar entre 10 veces la teta.

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-Gustavo, ¿Las cirugías estéticas influyen al momento de amamantar?

Hay dos clases: Las que se ponen prótesis y las que se hacen reducción mamaria. Las prótesis depende cómo se colocaron, si es por la axila, detrás del musculo, eso no influye en la lactancia. Pero si cortan por el pezón, puede influir en la sensibilidad. Y la reducción muchas veces hace que la mamá se quede con menos glándula de la necesaria y eso hace que no le alcance para amamantar en forma exclusiva al bebe.

-¿Qué pasa cuando hay mamás que sienten que no producen tanta leche?

A los 45 días de la primeriza, ella empieza a producir la leche de forma distinta y el 80% de esa leche la genera cuando el bebe toma, no la produce entre mamadas. Por eso sienten los pechos flojos. Pero eso no quiere decir que produzca menos leche sino que esa leche, a partir de los 45 días, la produce cuando el bebe está tomando.

La SAP dice que la lactancia ayuda a disminuir las desigualdades

La Sociedad de Pediatría Argentina da cuenta que, si bien las tasas de lactancia aumentaron hacia fines del siglo XX, en los últimas dos décadas se han estancado. En los países de medianos y bajos ingresos, el 37% de los menores de seis meses tienen lactancia materna exclusiva. Esto quiere decir que hay un 63% de bebes que ya están tomando leche artificial o alimentos.

Con la promoción de lactancia en forma exclusiva hasta el sexto mes y luego continuada hasta los dos años o más, según la indicación de OMS/Unicef, se contribuye a la disminución de la pobreza ya que está disponible para todos los niños y niñas y no representa una carga para el presupuesto familiar. Proporciona nutrientes de alta calidad, ayudando a prevenir el hambre, el sobrepeso y la obesidad, y representa seguridad alimentaria para la niñez. Mejora la salud y el bienestar de los lactantes y sus madres a corto y a largo plazo, es además una fuente de nutrición sostenible y no depredadora de recursos.

Desde la SAP también se indica que la lactancia ayuda a disminuir las desigualdades. Por eso, se remarca, debe ser promovida y apoyada para que pueda ser lograda por todas las mujeres especialmente aquellas en situaciones de vulnerabilidad y pobreza.

En países en desarrollo, 830 millones de mujeres no gozan de empleo protegido y son mal remuneradas. Con la vuelta al trabajo luego del parto, caen las tasas de lactancia, los niñxs se enferman más, lo que provoca mayor ausentismo laboral y caída de la productividad. Por ello, las mujeres deben contar con políticas laborales para que puedan compatibilizar su vida productiva y reproductiva y sean apoyadas por sus empleadores para combinar la lactancia con su empleo, contando con licencias por maternidad, jornadas laborales reducidas y espacios amigos de la lactancia en sus áreas de trabajo. También deben ser apoyadas por la comunidad y sus familias contando con espacios para el cuidado infantil. Los empleos dignos atienden las situaciones de las mujeres que amamantan.

Desde la SAP se asegura que el potencial de cada niña o niño sólo puede lograrse si se respetan sus derechos cabalmente. Por ende, deben garantizarse los derechos de las mujeres para reducir las desigualdades de género.

 

Nota hecha en www.laperinola.net

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