LA RECONEXIÓN

 

En enero de 2001, muchxs argentinxs pudimos participar del Foro Social Mundial de Porto Alegre. Aleteaba en aquel año bisagra, las ideas y propuestas de, entre otros, Samir Amin que ya preconizaba como salida viable a un proceso de desarrollo con inclusión para nuestras Patrias; LA DESCONEXIÓN. Es decir el desatar lo más posible nuestros procesos económicos, productivos, científicos, culturales y sociales del proceso Capitalista Central. Centrar nuestros esfuerzos en los vínculos SUR-SUR y abandonar la conexión subalterna y dependiente al proceso económico y geopolítico mundial central, ensayando nuevas vías.

Por esos caminos nos llevó el proceso histórico de los años siguientes. Coyunturas construidas entre voluntades colectivas, historias individuales, tradiciones populares y condiciones internacionales inéditas se amasaron en proyectos políticos emancipadores que encontraron cauce de realización concreta y convergente en Nuestra América.

Así construimos nuestra desconexión. Nos miramos y nos reconocimos. Intentamos poner en juego nuestra posibilidad histórica. Y así fue en Brasil, en Argentina, en Venezuela, en Bolivia, en Uruguay… Nada fue lineal. Nada fue simple. En todas y cada una de las situaciones emergían con fuerza los conflictos reales del conflicto de fondo. Pero pudimos avanzar en la construcción de proyectos de naciones integradas en horizontes comunes y afinidad de intereses materiales concretos.

Se avanzó a sabiendas del tejido, del entramado de intereses, de juegos que, en cada caso emergía ante cada política de redistribución, de inclusión o de soberanía. Ante el FMI, ante el ALCA, ante los pooles sojeros, ante los fondos financieros de pensión, ante los laboratorios internacionales, ante los importadores, ante los grupos de medios, ante los servicios de inteligencia internacionales y nacionales…

Cada conflicto posibilitó crecer cuantitativa y cualitativamente como proyecto pero también cada conflicto empujaba materia a la acumulación adversaria. Mientras el empuje transformador de un proyecto de autonomía generó audacia para articular nuevos sujetos colectivos, masa de intereses, sectores sociales; hubo freno para que lo adversario coagulara.

Cuando el empuje de articulación se debilitó y crecieron por dentro los tabiques, los sectarismos, “las purezas”, “los círculos”; la identidad adversaria pudo desarrollarse. El encierro genera ceguera, canibalismo, faltas de proporción y escala.

Durante todo el tiempo de avance de nuestro proyecto de redistribución inclusiva y soberanía, por debajo, por atrás, por túneles invisibles para nosotros como en “Stranger Things” se socavaba todo.

En este 18 y 19 de diciembre ha terminado de aflorar la “reconexión”. Nos ha resultado visible a todxs. Argentina ha vuelto a estar integrada al proceso financiero y geopolítico global en el lugar subalterno asignado.

El endeudamiento, la valorización financiera, el dictado de los planes económicos por los organismos financieros internacionales, la subordinación de la política a los intereses concentrados del capital, la banalización cultural, el libre juego de los servicios de inteligencia, la naturalización de la cárcel, de la violación de los derechos humanos, de la muerte y la violencia en el cotidiano colectivo, el crecimiento de la pobreza, la desagregación política y social, la fragmentación identitaria, la constitución de un gran partido político del ajuste.

Como en el resto de los territorios subalternos del mundo, la acción política vuelve a estar asociada a la muerte o la violencia. Vuelve a imaginarse a la política como algo ajeno a lo cotidiano de “la buena gente”. La “reconexión” huele a gases, huele a sangre, huele a muerte.

La operación cultural legitimadora de este proceso se inscribe en la estrategia global entre grandes medios de comunicación y redes que se apropian de intereses sociales y los resignifican a los fines de avanzar en estos objetivos. Se trabaja en la construcción de imaginarios extendidos de memoria corta en los que estamos permanentemente arrojados a escenarios inmediatos que tapan lo sucedido hace muy poco tiempo, con elementos o nuevos o distractores. La fragmentación social colabora. La ruptura de identidades políticas también.

El brutal cambio de escenario ha generado quiebres, rupturas, vaciamientos, divisiones y fragmentaciones políticas y sociales en todo el espectro del campo popular, afianzando lógicas individuales, reinstalando sentidos de búsqueda personal y competitiva. Los términos identificatorios de proyectos populares, las consignas y hasta los cánticos se vacían de significado.

El cambio de sentido del accionar del Estado Nacional, los Estados provinciales y municipales es tan enorme y rápido que ha producido aún más desconcierto en lo social y político organizado. Su alineamiento sin más con los intereses del Capital concentrado, el cambio de orientación en las políticas hacia las organizaciones, hacia la vida social; ha generado dificultad para la construcción de nuevo tipo de prácticas.

Una muestra clara de esto es lo que sucede en el espacio de organizaciones de la clase trabajadora. Crisis, deslegitimación, ruptura de vasos comunicantes entre delegadxs de base y conducciones. Aparición de nuevas identidades, fragmentación.

Los espacios sociales y políticos en pugna con este escenario apelan a su memoria social. Emergen de nuevo practicas anteriores. Mucha militancia se encuentra sorprendida, alejada, desacostumbrada. Mucha militancia se encuentra arrancada de cuajo de las mayorías con las que trabaja. Mucha militancia enfrenta esto por primera vez en su vida personal.

Sin embargo, hay capacidad de reacción social. Hay un acumulado de conciencia de derecho. Hay espacio para repensar y prepararse para transitar este tiempo violento.

¿Qué hacer en esta Argentina? ¿Cómo se milita? ¿Dónde se acumula? ¿Cómo salir de la pura reacción? ¿Cómo y a quiénes movilizar frente a los miedos, las indiferencias y los encierros?

La tarea, las tareas que urgen requieren de enlaces intergeneracionales nuevos. Requiere salir de los juegos competitivos que se constituyeron al amparo de otros tiempos. Requiere constituir prácticas nuevas en las que la formación permanente, el estudio, el debate, el sostén afectivo, el fortalecimiento identitario; colaboren en el afianzamiento de nuevas identidades colectivas resignificando y asumiendo las ya existentes.

El quehacer que viene necesita piel más resistente, articulaciones más audaces, formación más sólida, solidaridad y comunicación más creativa. Más capacidad de herejía en las prácticas. Es esa creatividad y esa herejía las que parirán las fuerzas sociales y políticas que enfrenten la reconexión.

Las tuberías están reconectadas. Los escenarios urbanos parecen de Mad Max. El aire se pone difícil de respirar. El héroe grupo se hace indispensable.

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