La Patria Stone

Es la banda de tres generaciones. De abuelos, de padres, de hijos. De adultos que evocan sus viejos años adolescentes. De jóvenes que se conectan con el rock como quizás nunca lo hagan con otra banda internacional. Es la banda que revolucionó, junto a los Beatles, la juventud en la década del 60 y ahora viene a reinventar la tercera edad. Son sus majestades satánicas, los que nunca pasan de moda, la banda más grande de todos los tiempos.

-¡Son los Rolling Stones, papa! – Grita alguien en la fila de entrada- ¡Vaaamoss los Stoones! ¡Vaaaamos los Stones! – Alienta luego y la multitud lo sigue con el canto himno.

Los Rolling Stones llegaron a la Argentina por cuarta vez en su historia, luego de las épicas visitas de 1995, 1998 y 2006. Parecía que nunca más iban a volver pero aquí están, una vez más, en el que se dice es el país más rollinga de todos. La cita es en el estadio Único de La Plata, el más moderno del país y sede más cómoda para los recitales actuales luego de quejas de vecinos y denuncias de trapitos en River. Es 10 de febrero, el sol pega como nunca en el verano y los Stones, dispersos en varios hoteles de capital, se preparan para el segundo de los tres shows. A las tres de la tarde la cola para la entrada ya tiene varias cuadras de fanáticos a los que no les ni el calor ni el sol, sino entrar lo antes posible. La ciudad de La Plata se respira más rockera que nunca.

Los Stones llevan más de 50 años tocando, en especial Mick Jagger y Keith Richards, líderes, amigos, rivales, la dupla profesional más exitosa de la música. La leyenda es conocida: Ambos eran compañeros de colegio pero se separaron y reencontraron varios años después en la estación Dartford. Allí, según relata en el documental “Under the influence” de Netflix, Richards vio que el otro traía encima unos discos de Chuck Berry y Muddy Waters. La conexión fue instantánea y en ese momento nacieron los Rolling Stones inspirados, justamente, en una canción de Waters. Con el tiempo se sumaron el histriónico Brian Jones (Fallecido en 1969), el tecladista Ian Stewart (A quien el manager de la banda Andrew Loog Oldham despidió por feo), el bajista Bill Wyman y baterista Charlie Watts quien venía del palo del jazz. Luego de que los Beatles les escribieran un tema – I wanna be your man- los éxitos llegaron y la banda comenzó su carrera al mito.

Aunque a ciencia cierta, bajo el sol de La Plata con la policía cerca y las puertas del estadio a punto de abrirse, no importa demasiado saber sobre la historia de la banda. Los hits hoy convertidos en míticos temas del rock han acaparado varias generaciones. Como sucedió con Soda Stéreo en 2007 para varios esta es la oportunidad de compartir una noche inolvidable con hijos, sobrinos, nietos. De conectar y compartir una pasión, como el padre que lleva a su pequeño a la cancha por primera vez.

Las puertas se abren antes de las 16 hs. La cola que se extiende por varias cuadras a la redonda comienza su lento paseo al estadio. Atrás empiezan a quedar los puestos de remeras, gorras, gaseosas y agua mineral con precios que más tarde serán extrañados. Algunos vendedores caminan con la cabeza baja y una mochila mientras casi susurran “Cerveza, cerveza”. La policía apura el paso bajo el sol y los primeros afortunados entran al estadio. Estar entre los primeros es toda una experiencia, ver el estadio vacío, acercarse a las vallas. Hay gente que sacó entradas para los tres días, hay otros que solo vinieron hoy. Para varios este verano hubo que elegir: Ver las tres fechas de los Stones o irse de vacaciones.
Aunque algunos digan que fueron competencia y llegaron a odiarse, lo cierto es que siempre hubo buena onda entre los Stones y los Beatles. Además de aquella colaboración inicial hubo varias otras como Jagger y Richards haciendo coros en All you need is love 1967, Lennon participando de un video de Sympathy for the Devil y el famoso show de Rock and Roll Circus. Incluso en la tapa de los álbumes más extraños de ambas bandas (Sgt Peppers Lonely Heart’s Club Band y Their Satanic Majesties request) se encuentran referencias de unos y otros. Sin contar la recomendación de George Harrison a Andrew Loog Oldham para que les firmara contrato. Sin lugar a dudas Oldham no quería otra banda con perfil bonachón, por lo que decidió explotar el costado de chicos malos del rock y la supuesta rivalidad.
Los gastos del recital no son solamente la entrada y el traslado a La Plata, sino las bebidas adentro. Con el calor casi imposible permanecer sin beber nada y el negocio se hace sólo: Cincuenta pesos una botella de agua mineral chica, lo mismo una lata de gaseosa. La lata de gaseosa con el vaso conmemorativo cuesta 150 pesos y una hamburguesa 90. También se venden remeras, gorras y camperas oficiales.
Después de despedir a Brian Jones (Al poco tiempo mororía) los Stones comenzaron quizás su mejor período, con discos leyendas como Beggars Banquet, Let it Bleed, Sticky Fingers y Exile on Main St. Todos con la guitarra de Mick Taylor, quien abandonaría la banda en 1974 para ser reemplazado por Ron Wood. Con la salida de Wyman en 1993 la banda quedaría con la formación que hoy se conoce. A pesar de que también los acompañan otros músicos. Sin embargo esa esencia de banda clásica de rock es lo que mantiene el espíritu de los Stones.
El mismo espíritu que se respira cuando, a las 18 hs, sale en escena La Berisso, primera banda telonera de la noche que viene de tocar en ese mismo estadio. Recibe muchos menos silbidos que la primera noche y comienza a calentar motores de lo que será una noche histórica. El fuego empieza a despertarse cuando aparece Ciro y Los Persas. Andrés Ciro es un frontman bien al estilo Jagger y uno de los máximos referentes, quizás junto a Juanse y Pity Álvarez, del subgénero rollinga del rock nacional que apareció en los 90. Después de su actuación el estadio está que arde: En menos de una hora tocarán los viejos piolas del rock and roll.
Aunque se presenten como grandes amigos y compañeros de la vida, la paz no siempre reinó en la banda. La década del 80 fue la más problemática, con Jagger alejándose de las drogas y de Richards, al mismo tiempo que se animaba a lanzar una carrera solita paralela. Las grabaciones de Dirty Work fueron desastrosas al igual que la presentación en el Live Aid donde Jagger se presentó por un lado (Haciendo una gran versión de Paint it Black con Tina Turner), y Wood y Richards por el otro junto a Bob Dylan. Encima la muerte de Ian Stewart empeoró las cosas. Pero los Stones volvieron, sacaron discos y salieron de gira.
En 1995 tocaron suelo argentino por primera vez. Unos años antes Richards había vendo con su banda a un festival en Velez. Allí se maravilló con el público local y al regresar a Gran Bretaña les dijo a los demás que debían venir hacia estas tierras. Es por eso que Richards, más tarde, recibirá la ovación más larga e importante del público. Argentina quizás sea uno de los pocos países del mundo donde el guitarrista es tan o más ovacionado que Jagger.
A las nueve en punto, bien ingleses, se inicia la presentación y suenan los primeros acordes de Jumpin Jack Flash. Sus majestades del rock and roll aparecen en el escenario y el estadio se convierte en un mar de locura y emoción. El repertorio de la banda es tan extenso que cambian el comienzo con respecto al primer día pero suena con la misma fuerza. Las lágrimas aparecen en el público incluso antes del tercer tema. Si no es por la emoción y la incredulidad de los más jóvenes, es por el recuerdo y la nostalgia de los más grandes.
Jagger saluda un rato después y lo hace en español. Se sabe que tomó clases más de una vez e incluso en otras visitas se lo veía con cassettes practicando. Aunque quizás lo esté leyendo de algún lado – alguien lo sospechará en voz alta- es el gesto es bien recibido. Pocas estrellas internacionales vienen a Argentina y dicen algo más que “Hola”, “Gracias” o “Buenas noches” en español. Jagger, más tarde, bromea con el público, dice “Hola viejita” e incluso hace mención al partido que jugaron Estudiantes y Gimnasia que terminó en escándalo días atrás. Las palabras en español denotan dedicación al público. La potencia de los shows en vivo es el principal pilar de la legendaria banda que hace más de una década no se mete en el estudio para grabar un disco.
También tendrá tiempo de presentar a la banda. A Bernard Fowler, corista y amigo de Charly García. A Sasha Allen, también corista y reemplazante de la histórica Lisa Fisher, que se luce en Gimme Shelter. Al bajista Darryl Jones y a los demás miembros. Con Richards la gente enloquece y se siente el “Olé olé Richards”. A Ronnie Wood lo reciben igual reconociendo su carisma y su talento que ha salvado varias veces a la banda. Y Charlie Watts – “El Alfredo Di Stéfano de la guitarra” dice Mick- la verdadera locomotora de la banda y el líder según Richards. Tan importante y respetado es Watts que una vez noqueó enojado a Jagger y nadie se animó a decirle nada.
El público argentino mientras vive una fiesta. Delira con It´s Only Rock &Roll (But i like it) y Trumbling Dice, se emociona con Angie – elegida por el público-, responde en Out of Control, vibra en la excelente versión de Midnight Rambler – donde la banda muestra todo su potencia intacto- y se prepara para el final explosivo que incluye Sympathy for the devil – descomunal despliegue de efectos especiales – Start Me Up con fuegos artificiales, Miss you y el final con Brown Sugar. El extasis es total cuando comienza el bis con la excelente You can´t always get what you want con un coro local y el clásico más clásico: Satisfaction, ese himno Stone de cuatro acordes y un riff bastante simple pero que es el cierre perfecto.
Para esa altura la noche en donde tres generaciones se encuentran ya está terminando en el clima ideal con el “Vamos los Stones” como clásico final ovacionando a esos cuatro veteranos que revolucionaron la historia del rock, con pacto con el diablo o no, pero más vigentes que nunca luego de un show espectacular. Y en ese momento más de uno no puede dejar de pensar que no es sólo rock and roll. Es mucho más.

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