La pasta del campeón

“Las minitas aman los payasos y la pasta del campeón”. El pibe escuchaba a los Redondos mientras iba en el bondi atestado, lleno de olor a sobaco y laburo mal pago, vidas mal pagas, sueños envenenados con glifosato. Se preguntaba para sí por el tabú de la frase inadjetivable: “A la mujer hay que tratarla como una señora de día y como una puta de noche”. El chaboncito tenía la cabeza muy volada, apenas podía ver por las ventanillas que exudaban transpiración, la cercanía a su destino. ¿Destino? Qué era eso sino hipocresía de cuentos baratos para niños estupidizados. Pero el machismo y sus prejuicios le torneaban la masa encefálica como un buen pedestal de roble. ¿Pedestal? ¿Para subirse o para escupirlo? Tira tus ídolos al inodoro, se repetía, y con ellos, sus dichos, su prestidigitación, sus brazos de pulpo, su olor a encierro y sábanas mojadas. Tirate, tirate del pedestal. Tirate del foso. Tirate si aún no caíste más abajo que el fondo. En cuanto ese nihilismo exultante se le vino a la mente, cayó el inspector pidiendo boleto. No lo tenía. Le había pagado un amigo que bajó antes, luego de contarle hazañas de película porno con una rubia básica. El inspector se transformó en un milico, bien de azul pitufo y con la gorra puesta. Lo esposaron, lo bajaron y se lo llevaron en el móvil. Le pegaron un par de patadas cuando lo encerraron en el calabozo que era el desaguadero de un camión atmosférico. Y entre la bosta viva y proliferante, pensó qué identidad tenía, si acaso esa idiota tarjeta que le ponía un número y un nombre era él. Pensó que tal vez ahí se forjaba la “pasta del campeón”. Pero se quedó con el camino minimalista. Se volvió mudo. Luego los milicos le rompieron la boca. Y nadie fue a verlo mientras agonizaba. Quizá pensó en el complejo de Edipo que lo hacía extrañar a su madre. O en el sexo estéril que no se anunciaba como visita. Alguien apareció, se llevó sus pertenencias, las que conformaban también el cadáver del chico. Y un celular sonando con mp3 de los Redondos. La pasta del campeón es muy fácil de hacer. Una cuestión de repostería. Reprimir vía terrorismo de Estado y dejar cuerpos flácidos y atados sólo a la ley de la podredumbre. De eso se trataba la canción, de dejar macerar la mente en pus antes de que el cuerpo sea comida de gusanos.

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