La metáfora del doctor

Falacia interna

La ciencia económica se debate desde hace dos siglos en una falacia interna, que envuelve y engaña a quienes decimos ser parte de la misma. Sucede que la economía esta intrínsecamente vinculada al ser social, en tanto busca explicar los comportamientos de los personas a la hora de encontrar aquellos bienes y servicios que satisfacen sus necesidades infinitas. Sin embargo a la hora de formular dichas explicaciones, y mas aún, a la hora de elaborar cursos específicos de acción, la ciencia económica pretende de sí misma el calificativo de “ciencia exacta”, adjetivo que solo le cabe a las ciencias duras, como la matemática, la biología o la física.
La falacia tiene su origen en la potencia de los modelos que la ciencia económica utiliza para explicar el comportamiento social. Los mismos son maquetas, basadas en supuestos rara vez reales, que funcionan como mecanismo para intentar comprobar que la secuencia lógica “si A y B entonces C”, puede servir para representar la forma en que los agentes económicos toman sus decisiones.
La dificultad se potencia, cuando dichos modelos se extrapolan a lo macro, y se utilizan para la elaboración de políticas públicas, sustanciando en programas, las ideas de tal o cual facción política. Naturalmente es el pueblo a través de las urnas, el que convalida dichos programas. Pero a la vez, es esa misma convalidación, la que la ciencia económica utiliza como reaseguro de su carácter de “ciencia exacta”, algo de lo que a todas luces carece.

La metáfora del doctor

Es en esta auto percepción de científicos exactos, en la que se basan una y otra vez los economistas, para utilizar lo que se conoce como “metáfora del doctor”. La misma, refiere al sistema económico de un país, como si se tratara de un paciente, y al hacedor de política económica, como si fuera un doctor. El razonamiento habilita al economista a “recetar” el remedio mas adecuado cuando evalúa que la economía “esta enferma”, e incluso le permite hacer aseveraciones trágicas y apocalípticas sobre “el futuro de la economía”, en caso de no seguir adecuadamente el “tratamiento”. Es muy común entonces, escuchar a los especialistas en la materia, emitir diagnósticos del tipo “la economía nacional necesita cirugía mayor…”, o del tipo “estas medidas son dolorosas, pero muy necesarias para sanear el país…”.

El razonamiento no solo lleva en las entrañas la falacia fundacional descrita de la ciencia económica. Esconde además la intencionalidad ideológica de quien en determinado momento de la historia, se cree convalidado para determinar cómo son las cosas, y cómo en realidad debieran ser.

Utilizando “la metáfora del doctor”, se fabrica una composición de supuesta enfermedad, se diagnostica un doloroso tratamiento y se justifican así las medidas mas impopulares.

El ajuste

Si recortar gastos, suprimir programas sociales, despedir empleados públicos, devaluar la moneda y “sincerar” las tarifas de los servicios públicos, es de por sí traumático por el fuerte efecto recesivo que genera en los sectores más vulnerables, mucho más lo es cuando todas estas medidas se llevan adelante al mismo tiempo (o en un lapso muy breve).

“Me duele tomar algunas decisiones, lo que generan, pero es el camino de la verdad”, manifestó el presidente Mauricio Macri la semana pasada. Está cada vez más consciente del impacto del ajuste entre los que menos tienen, pero también entre los trabajadores, que ya no solo ven recortado su salario real, sino que a estas alturas temen por su puesto laboral. Las palabras del primer mandatario, se asemejan bastante a la figura de un pediatra explicándole a un niño que debe darse la inyección: “duele, pero es necesario…”.

Algo parecido sucede con las palabras de un especialista cercano al gobierno, que consultado por la magnitud del tarifazo, explicó: “Las tarifas estuvieron distorsionadas por años. No se puede evitar el ajuste en las tarifas. Un aumento menor sería igual que darle una aspirina a un enfermo terminal”.

En cualquier curso de lógica elemental se aprende que si la premisa que da origen a un razonamiento es falsa, todo el razonamiento que se construye a posteriori carece de validez. Algo así sucede con este tipo de justificaciones. La economía no es una ciencia exacta. Lejos está por lo tanto de generar diagnósticos y recetas certeras, cual médico especialista.

Quienes se escudan en este tipo de explicaciones, debieran en verdad, reconocer que son sus propias ideas y su propia cosmovisión, las que los llevan a tomar ciertas decisiones en materia de política económica, y que es esa misma ideología la que les dicta la “mejor receta” en determinado momento de la historia. Receta que yace en la subjetividad de dichas ideas, pero que de ningúna forma guarda el atributo de ser la “unica” o la “mejor” receta, sino simplemente una receta más de las tantas posibles, y en el mejor de los casos, aquella que las mayorías convalidaron de ante mano.

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