LA INCLUSIÓN Y LA DIVERSIDAD EN EL “BAILAR EL TANGO”

Sabemos desde nuestra experiencia, que para crear y bailar tango se necesitan “dos”, y tradicionalmente estos “dos” deberían ser varón y mujer; esto a veces se dificulta pues no siempre los gustosos de bailar esta danza pueden “ir en pareja”, por lo que no se garantiza que todos/todas tengan la oportunidad de bailar la mayor parte del tiempo para recrearse y complacerse del baile abrazado.

Desde nuestra reflexión esta exposición intenta acercarse a observar la deconstrucción de los roles de la pareja en el tango, que rompe con el tango tradicional o bien lo reinventa… Hacemos referencia en este caso al “tango queer”.

Abordaremos levemente esta teoría pues no podemos escindirla de la fisonomía social. Sabemos que la teoría “queer” surge a mediados de los `80, bajo el amparo de la comunidad gay de los Estados Unidos; esta corriente se aleja de los normas estereotipadas de la división sexual según las características físicas, para que cada quién pueda manifestar su sentir sin el deber de ajustarse al “orden” impuesto por los mandatos sociales (“varón-mujer”), siendo Judith Butler quien aborda el tema de modo académico a partir de 1990. De aquí en más, en la extensión de la historia, comenzaron a surgir innumerables movimientos y políticas sociales, a profundizarse los análisis y debates en relación a las cuestiones de género, a fortalecerse la lucha feminista enmarcada y planteada dentro de los márgenes sujetos a los derechos humanos y favoreciendo la deconstrucción de lo femenino/masculino para dar lugar a la construcción de identidades en sus múltiples expresiones.

Entonces, de a poco, estas deconstrucciones y reconstrucciones de la identidad, comienzan a interactuar en gran parte de los escenarios sociales y por supuesto se cruzan también en el ambiente del tango, planteando la desigualdad de género cuestionando los roles de quienes bailan pues no debería quedar al margen de ese contexto de reivindicación…

Se dice que el tango es un ambiente donde la jerarquía masculina tenía (o tiene aún) una fuerte presencia no solo en la palabra y los discursos, sino también en el desarrollo mismo de la danza donde el hombre domina a la mujer en la conducción de la misma, reservándose el habitual binomio antagónico de género entre los opuestos de virilidad y debilidad reproduciendo las relaciones de poder patriarcal…

Ahora, desde el sentido literal que posee la palabra “QUEER”, es un término del idioma inglés que en su traducción significa “extraño” o bien raro, o poco común o frecuente en su clase para lo que se considera habitual. Deseamos observar esta práctica desde el aspecto lúdico y desde el goce de circular en el espacio entre los brazos con otra persona ponderando el disfrute de danzar…

Pero en esta exposición no tenemos ánimo de establecer una superación de un estilo sobre el otro… no deseamos establecer una diferenciación comparativa en el que uno le gane al otro… no… Se trata en este caso de sumar una alternativa para danzar y que toda persona encuentre a alguien con quien abrazarse y andar al compás del 2×4 ya sea de cualquier identidad sexual o género y no solo o necesariamente de parejas heterosexuales.

Las nuevas generaciones son las que se reconocen más abiertas a la diversidad de las “nuevas” identidades que construyen otros perfiles al bailar. La conducción entre los pasos se comparte y se propone la toma de decisiones de manera activa en una constante de ida y vuelta. La invitación a bailar desde la improvisación y la insinuación varía dentro de la pareja de manera continua, circulan desde uno y otro manteniendo una interesante tensión; esta tensión entre mundo y tierra que nos acerca Heidegger como la tensión entre lo físico y lo emocional, entre el cuerpo y el alma, entre los movimientos y los sentimientos pero sin escindirlos. Lo es también en la expectativa entre la sorpresa y la creatividad, se arriesga intensamente la atención en la pareja para la respuesta inmediata en una suerte de pregunta y respuesta, cediendo entre la intensión y la voluntad compartiendo el mismo espacio, donde la comunión en el abrazo trae al frente una unidad superior que reconfigura a cada sujeto en una pareja, permitiéndoles la posibilidad de cooperar desde cada lugar emprendiendo el intercambio, pues lo más importante es disfrutar del fluir del baile.

Tampoco queremos polarizar ambas posibilidades de danzar ni enfatizar que la “cultura tango” sea machista por excelencia donde la mujer no tenga posibilidad de “ser” durante el baile como el “hombre público” que domina y somete a la mujer a su voluntad… sino que dentro del abrazo habitan dos seres incluidos en el cual uno propone y el otro concede.

La substancial diferencia entre las dos personas danzando claramente es que cada una tiene un frente diferente, es decir, se encuentran enfrentados, por lo tanto, si una avanza, la otra retrocede, si una sale con su paso hacia la derecha, la otra lo hace hacia la izquierda. Cambiando de frente varían lados, sentidos y direcciones, referencias espaciales primordiales para desplazarse en la pista abrazo mediante… además, si el hombre propone a la mujer con su marca o indicación de las figuras desde la improvisación, la mujer puede mantener su ritmo y sus pausas, puede decidir cuánto tiempo tomarse para realizar adornos o frenos mientras el hombre la espera y le permite aprehender el tiempo en el espacio, incluso detenerse, porque si hay algo que sorprende en el tango es la posibilidad de mantener el suspenso en la imagen de la pareja con la detención del movimiento, solo estando en contacto corporal desde el abrazo siendo el único movimiento el flujo de la respiración…

Esa sensación se manifiesta entre emociones y sentires; sensualidad y erotismo en el contacto de dos torsos, torsos desde donde se origina la energía que circula en la comunicación y coordinación de las figuras que delinean sus cuerpos en la pista como una unidad asombrosa, ninguno puede ser sin el otro, son Dos “bailantes” que comparten la misma quinesfera y se hacen solo UNO e irrepetible aunque sea simplemente al caminar.

Entonces, nuestra mejor intensión es promover la entrega al abrazo dejando fluir la armonía de los movimientos y la respiración en una sensación de libertad,  bailando somos libres, desocultando y sacando a la luz la verdad de nuestros cuerpos y emociones sea la pareja del “tipo” que sea incorporándose en la danza como una experiencia entre lo lúdico y lo onírico, entre lo dionisíaco y lo apolíneo de la tragedia griega exacerbando pasiones y placeres…

En esto trágico que es vivir el tango danza aparece como una alegre esperanza de vida, Innovando y recreando los instantes en el devenir de la danza, como un juego constante superando la vida misma…  “ danzo, luego vivo”.

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