La gloriosa jotapé

Peronismo por qué: otro 17 de octubre.

La gloriosa jotapé de Saúl.


 

Era la víspera del 17 de octubre. Saúl Henry Corinto recuerda lo que pasó hace 71 años. La nostalgia le hace derramar una lágrima que se pierde resbalando por la bombilla del mate. Ya no está en Valentín Alsina, pero sigue firme en sus convicciones, a pesar de las sacudidas, en el sur del conurbano bonaerense.

Mañana es un día de gloria para quien creció en un conventillo y hoy descansa en la casa propia. Uno puede preguntarse ¿peronismo por qué? ¡Qué le van a hablar a él de movilidad social! ¿Qué es la política cuando andás a los saltos por un bizcocho?

 

El garca odia la fábrica dónde los obreros llegaron a tener aulas ¡qué va a entender lo que es dejar de ser una huella en tinta para pasar a firmar una planilla! Se construyó una identidad y esa identidad era peronista. Nombre, apellido, la panza llena, la expectativa de los pibes en la escuela. Había que cuidar lo propio. Se le paran los pelos de la nuca cuando escucha a Doña Rosa en la vereda: “son pobres porque quieren”. Toda la vida remando en contra de la meritocracia, rompiéndose el lomo para que igual los ricos siguieran siendo ricos. Entre recuerdos la meritocracia volvía a estar de moda. Ser rubio y llevar camisa abre puertas en el cotidiano, pero él tenía la herramienta de la organización y esas historias les daba de merendar a sus nietos esa tarde, como tantas otras.

 

“El Justicialismo es el sendero que unifica al Pueblo en su lucha por la dignidad de la condición humana y su felicidad”

 

Lo apretaban los recuerdos… Aquella mañana fue turbulenta. El tipo que les había devuelto la dignidad estaba preso en la isla Martín García. Ni clientelismo ni demagogia. El barrio obrero entero marchó. Su papá y su abuelo se enteraron y salieron a las siete de la mañana, cuando volvieron a las tres, los trabajadores y vecinos formaban una columna de más de diez cuadras. Diez, el barrio entero. No nacieron mirando el norte, pero para allá encararon. La montada los esperaba para no dejarlos cruzar el puente Valentín Alsina, pero pasaron igual. Sí, a piedrazos.

 

“La organización vence al tiempo”

 

Nadie se pregunta por qué para Don Corinto este es el suceso más importante de su vida. Lo saben. Fueron horas, de las más intensas, de las que quedan grabadas a fuego. Se recuesta en la hamaca paraguaya del fondo, casi dormitando. Nélida también estaba en el puente. Estuvo en la plaza. Fue de las que quiso estudiar, votar, trabajar y encontrar a todos los nietos. Ahora Nélida está en la sonrisa de Saúl, que se queda dormido bajo el duraznero.

 

“Perón marca la etapa nueva en la valorización de la vida femenina”

 

Los pibes del barrio lo llaman “abuelo”. Su única religión es arbitrar el picadito de las tardes. Entre pelota y charlas, muchos salieron con oficio y hacen Patria enseñándole el oficio a los más chicos. El abuelo es un héroe de capa discreta. Esta tarde fue a la canchita pensando en que él, a la edad de esos pibes andaba juntando moneda sobre moneda. Lo recibió Tincho que desde el arco le contó que se habían normalizado los pagos del PROGRESAR. A los gritos. Se acercó y le quiso devolver la plata que Saúl le venía prestando para la SUBE.

– No me debes nada pibe. Que no entre ninguna hoy.

Los había conocido en pañales, a casi todos, desde la época en que los pañales ni se podían comprar.

 

“La Ayuda Social es un deber de solidaridad humana que supera a todo prejuicio”

 

Se acostó esa noche, como todas pero distinto. Llevó un vaso de agua, se sacó la dentadura postiza y pensó en el plan nacional “Argentina Sonríe”. A sus 84 años, literalmente, comía peronismo. En la silla junto a la cama acomodó su saco marrón, en la solapa izquierda le puso una escarapela de Eva que supo ser de Nélida. De fondo dejó unos tangos de Discépolo, como para no desentonar. Con el velador todavía funcionando se dijo unas palabras de moral. Pensó en sus hijos, en todos los nietos… En el 17 de octubre pasado, faltaba una semana para la primera vuelta y él había militado esa campaña más que a Cámpora en el ’73.

Cerró los ojos y se dijo en voz bien alta: “Jóvenes son aquellos que no tienen el cerebro marchito ni el corazón intimidado”. Aplaudió dos veces, apagó el velador y acarició la almohada de Nélida.

 

“La verdadera democracia es aquella donde el gobierno hace lo que el Pueblo quiere y defiende un solo interés: el del Pueblo”.

 

Por las ventanas entraba toda la luz que necesitaba para alistarse. Se afeitó pero se dejó el bigote. 17 de octubre, otra vez.

Saúl sacó del cajón su libreta del Partido Justicialista, caminó, aferrado a su bastón, con su mejor sonrisa. Con sol o tormenta, es un día peronista y tenía por qué luchar.

 

 

Peronismo por qué: otro 17 de octubre.

La gloriosa jotapé de Mariela.


 

Mariela esa tarde salió del laburo angustiada. Caminó por microcentro y desde el Cabildo miró la plaza vacía en silencio. Tenía la cabeza quemada, hasta le costaba pensar en cocinarse la cena.

Era uno de esos días en los que nada sale bien, un día que ahoga de normal. Un domingo de horas extra. La aquejaba el trabajo, el amor, el alquiler… Iba a ser un 17 de octubre distinto a los que venía transitando.

Todavía no podía digerir el nuevo fichaje de todas las mañanas, apoyaba la huella en un aparato, ya no había testimonio de su puño y letra. El trabajo era un infierno: en pocos meses vio desarticularse el sistema previsional entero, ANSES era solamente afiches nefastos en los pasillos del edificio. La obra social para la que trabajaba como administrativa se lavaba las manos ¡No jodan con la salud de la gente, la puta madre! ¿dónde están los medicamentos? ¡Qué hicieron con la guita!

Los maltratos eran lo cotidiano, de un lado y del otro de los mostradores: La gente se iba sin respuestas, a ellos les pagaban el sueldo en cuotas. ¿Sindicatos? su supervisora llegó a revisarle el recibo de sueldo y decirle que no se entusiasme, que para ella era igual que tenga o no el descuentito del gremio, que no iban a pasar.

– Tan laburante como yo. Igual de explotada. Pero ella estaba contenta con los cambios porque los que se merecían estar peor, estaban peor.

 

“La felicidad no se puede basar en la injusticia”

 

Llegó a casa llorando. El centro cultural que estaba a cuadra y media de su casa ya no era tal. Ya no había títeres ni talleres para los pibes. En la puerta de chapa verde, al ladito del vidrio, un cartel medio despegado, rezaba los horarios de comedor y de la copa de leche. Un poco más abajo había otro, más nuevito, escrito con fibrón y resaltado en naranja: SE AGRADECE LA CONTRIBUCIÓN DE ALIMENTOS NO PERECEDEROS (FIDEOS, ENLATADOS, HARINA). En mayúsculas. Desesperadas.

 

“Luchar por el bienestar del niño es luchar por la grandeza de la Patria”

 

Esa noche no cenó. Se colgó mirando la caja de productos a precio cuidado que el gremio de su mamá había tramitado, pensaba en la caja PAN que conoció en su primera infancia. Se le cruzaban los cables. Se le cruzaban titulares de diario donde tapaban el hambre con los beneficios de hacer dieta eliminando de la alimentación diaria todo lo que ya no se podía comprar. Ni encendió la tele. No sabía si le daba más bronca el grupo Clarín o que Navarro le gritara.

-Formadores de opinión pública- Repetía – Two step flow- Decía entre risas apagadas. También tenía parciales que rendir en una universidad, de las nuevitas del conurbano, en esas que regalan títulos a los negros que se creen con derecho a leer libros.

 

“Capacitarse para ser más útil al país”

 

Mariela estaba cansada. Tenía treinta años y el corazón más roto que el tapizado de las sillas. Como si el último año no hubiera sido poco amable venía de romper con alguien que todas las noches le decía que la política era una mierda, que no debería haber ido a votar. Se propuso descomprimir, disfrutar del amor de los propios, de los que la venían sosteniendo cuando andaba a medio caer. Del abuelo, de las compañeras que se desvelaban con ella.

 

“Para un peronista no puede haber nada mejor que otro peronista”

 

Hacía un par de años se había recibido de profesora en Prácticas del Lenguaje, tenía un par de horitas en un secundario de adultos desde abril. Había tenido que vender el Clio cuando echaron a la madre. Todo a la vez. La sacudida del primer semestre. Hoy aprovechó a corregir. Se reprochó no haber planificado como a las dos de la mañana. Cerró la Conectar Igualdad todavía con la mirada apagada.

  • La vengo pifiando con la mala onda.

Dio marcha atrás y planificó.

“Recordar siempre que por sobre todos los afectos, intereses y consideraciones, está su amor y su obligación para con la Patria”.

 

Se duchó con agua bien caliente y tomó unos mates en la cama. Miró fotos viejas que guardaba en la mesa de luz. Cerró los ojos y se puso a imaginar cosas… ¿Peronismo por qué? Habiendo tantos rumbos… Empalagosa pensó en el último nieto recuperado… Habiendo tantos rumbos…

 

Ese día amaneció iluminada. Era la piba emprendedora que arengaba al grupo entero. Tenía el pelo todavía húmedo y uno de sus vestidos preferidos.

Con la libreta de su abuelo en la mano como amuleto, caminó, aferrada a la tira de su mochila, con su mejor sonrisa. Con sol o tormenta, es un día peronista y tenía por qué luchar.

 

Giuliana Zocco

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