La génesis de un éxodo

Uno nace en un país con la idea de morir en él. Suele soñar de pequeño con una vida en aquella tierra que considera suya porque sobre ella dio sus primeros pasos. La realidad es a veces aplastante.

 

Quedarse en Colombia viendo como pasan los años sin que alguna posibilidad de estudiar se asome. Crecer en una sociedad en la que se inculca que si no se estudia, no se es ¨alguien¨. Quedarse en Colombia sin educación mientras el trabajo informal, o el formal mal pago, liquidan la clase media así las cifras del gobierno indiquen lo contrario. Quedarse en Colombia engañado por los medios que lo describen como el lugar maravilloso que hace mucho dejó de ser. Ese es el panorama del jóven que decide dejarlo todo para intentar un futuro en otro país. Irse. Huir. Porque su país, ese que lo vio nacer, no le dio nunca algo. No le dio, siquiera, una razón para quedarse.

 

El despertador suena a las 5 hrs. Oscar Diaz, un caleño de 19 años, se levanta para ir a entrenar. Oscar juega al fútbol desde que tiene uso de razón. Vive en Vicente López en una casa familiar y entrena en el Club de Quilmes. Su recorrido incluye colectivo, subte y tren. Su entrenamiento termina y su jornada laboral comienza. De Quilmes viaja a Belgrano hasta un café ubicado en Libertador en el que trabaja de mozo. Su horario laboral es de 14 a 20 hrs. Llega a su casa a las 22 hrs, cena y se prepara para otro día igual.

 

Oscar obtuvo el trabajo en el café gracias a otra colombiana que trabaja allí y que, gracias a su sueldo, pudo estudiar diseño gráfico en una institución educativa. Hellen Gómez pudo hacer en 4 años lo que intentó hacer durante más de 6 años en Colombia: tener un empleo cuyo salario fuera suficiente para estudiar y vivir dignamente. Y a eso apunta Oscar; sabía que en Colombia no iba a tener la oportunidad de estudiar porque para entrar a una universidad es necesario tener un poder adquisitivo que pocos colombianos tienen. En Colombia estudiar es un lujo. Oscar llegó a Buenos Aires sin saber a qué iba a enfrentarse. Llegó sin algún plan y sin ahorros. Solo llegó con su juventud y sus ganas.

 

Colombia cuenta con una baja tasa de cobertura en educación superior. La más baja respecto del resto de los países latinoamericanos. Por un lado, un número importante de estudiantes queda excluido del sistema público que se caracteriza por ser de difícil acceso puesto que demanda un nivel educativo que personas de bajos recursos no reciben.

 

Santiago Bavosi, licenciado en psicología y Máster en Investigación en Psicología Social por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) sostiene “en términos generales, si la instrucción media no es un valor, intentar acceder a la educación pública termina por ser un imposible dado que todo lo que rodea al ingreso y acceso a calificaciones necesarias, opera como filtro social”. Además, existe un desfinanciamiento de la educación superior pública, valorado según un estudio publicado por el Sistema de Universidades Estatales en Colombia (SUE), en 11,3 billones de pesos.

 

La inversión en educación está siendo destinada a otorgar créditos a estudiantes a través de una entidad llamada ICETEX, favoreciendo así a las universidades privadas a costa de las públicas y de los mismos jóvenes que terminan con deudas astrónomicas por el alto interés que cobra la entidad amparada por el estado. Actualmente, son casi 550.000 las familias endeudadas con el Icetex. En el 2014 habían 394.801 endeudados más que en el 2011, es decir, el 23 % de los estudiantes universitarios en el Sistema de Educación Superior. Y en 2013, llegaba al 34%.[1]

 

Solo aquellos con más altos recursos, que en Colombia son minoría, ingresan al sistema privado sin trabas. En este sentido y a pesar de que las características de la migración colombiana a la Argentina son múltiples, son las motivaciones educativas y profesionales una variable importante debido a la gratuidad de la educación universitaria, los bajos costos de la educación de posgrado, la amplia oferta y la calidad educativa con respecto a otros países de la región.

 

En 2010 las solicitudes de radicación aumentaron a 16.442. Por su parte, las radicaciones permanentes resueltas fueron 3.036 y las temporarias 12.354[2]. El aumento de la inmigración colombiana en Argentina no solo esta vinculada con las posibilidades de inserción educativa. El contexto político y social y la amplia oferta cultural de este país son un factor decisivo a la hora de elegir el lugar de destino. “Argentina es atractiva porque todavía sostiene un sistema de educación enteramente gratuito. A esto se suma que la educación privada, a valor dólar, está muy por debajo de los precios que debe afrontar el colombiano medio en su propio país. Luego lo que existe es Buenos Aires como centro de atracción, una ciudad con una generación de posibilidades culturales como no existe en el resto de América Latina”, explica Bavosi.

 

Julian Quintero (33) es un ingeniero electrónico que vive hace dos años en Argentina. Julián es un crítico de su país. Desencantado, como muchos que descubren la verdad detrás de las cortinas de humo que constantemente se construyen en Colombia, asegura que lo único que lo ata es su familia. Por su trabajo, Julián ha viajado a varios países latinoamericanos en los que encontró un factor común: van a años luz de Colombia. Este contraste es motivo de preguntas sobre por qué si todos éstos tuvieron un proceso histórico similar, Colombia no ha logrado avanzar en infraestructura, salud o educación.

 

“La respuesta es que desde siempre a Colombia se la han feriado entre las familias oligarcas que tras cientos de años, siguen en el poder”. El deseo de salir de Colombia obedece, también, a un agotamiento personal y/o político que acompaña las razones educativas. “En términos generales, lo que suele suceder es que se crece dentro de un clima en donde ya se sabe que no es mayor cosa lo que se puede expectar, con lo cual la migración es un proceso natural. Simbólicamente termina por operar como una extensión silenciosa de un desplazamiento forzado”, añade Bavosi.

 

Fabio Andrés Olarte es un colombiano radicado en la Argentina hace más de tres años y es licenciado en Letras en la Universidad de Buenos Aires. Columnista de la revista independiente Las 2 Orillas, denunció hace poco ser víctima de discriminación como consecuencia de los malos actos de sus connacionales. [3] Ángela Oliva, colombiana e ingeniera radicada en Argentina hace dos años, tuvo una experiencia totalmente opuesta: “en menos de un mes (de su llegada) había encontrado trabajo en lo que yo sabía hacer y en lo que había estudiado. Mi grupo de compañeros me hace sentir como “uno” mas. El gerente me quiere mucho, confía ciegamente en mí y se preocupa por mí. Mis días de trabajo están llenos de cosas por hacer, con un ambiente de muchas risas y en donde me siento totalmente incluida”.

 

Y es que la percepción del colombiano en Argentina ha mejorado con el tiempo. Según Bavosi “la migración colombiana goza de muy buena reputación local dentro de un contexto que, a pesar de lo que se suele decir, es mucho menos prejuicioso de lo que se supone. Ya estamos lejos de la ecuación colombiano-narco-delincuencia. Es un estereotipo que no funciona o no termina de funcionar más que para algun evento mediático”

 

No es extraño escuchar de bocas colombianas que en su país pensar no es considerado, todavía, un oficio importante. Una realidad que contrasta con una nueva generación para la cual pensar y crear se sobrepone al hacer y producir. Y es por eso que, quizá, cada vez más jóvenes colombianos migran a la Argentina.

 

 

 

 

[1] Karen Noriega, “EL NEGOCIO REDONDO DEL ICETEX” http://www.las2orillas.co/el-redondo-negocio-del-icetex-2/

 

[2] Garay, L. J. y Rodríguez, A. (2005). La emigración internacional en Colombia: una visión panorámica a partir de la recepción de remesas. Ministerio de Relaciones Exteriores, Organización Internacional para las Migraciones, Bogotá.

 

[3] Fabio Andrés Olarte, “LAS CANALLADAS DE LOS COLOMBIANOS EN ARGENTINA”, http://www.las2orillas.co/las-canalladas-de-los-colombianos-en-argentina/

 

 

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