La Comunidad del Sótano

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Libertad, pasión, unión, amor, encuentro, amistad, entrega, compromiso, igualdad, voluntad, cultura: tantos valores muertos que cansa leerlos. Los cadáveres de estas palabras se entierran bajo el polvo levantado cada día al aceptar el precio de las cosas, al cambiar tiempo por dinero, corriendo tras estímulos que calmen la sed y la tristeza de vivir sin sentido, de ser muertos en vida. Esto es así y no se puede cambiar, no se debe cambiar. Los cien barrios porteños están de acuerdo y, en La Paternal, es ley que nadie viva desde el momento en que cierran los negocios. Esto es así hasta las seis de la tarde cuando abre sus puertas el Multiespacio Cultural de La Comunidad del Sótano, donde parece increíble que tantas personas jóvenes se comprometan a torcer los conceptos que se imponen diariamente y a revivir eso que aterra:la vida con contenido.

Cae la tarde sobre La Paternal con golpes secos de amplios portones metálicos que se cierran. Las calles empedradas se vacían de sonidos, no hay movimiento de autos ni de personas y los pocos faroles encendidos de la luminaria metropolitana se asoman tímidos entre los árboles. Ese momento se repite todos los días y, antes de que el Multiespacio de La Comunidad del Sótano abriera sus puertas, era cuando el barrio perdía la esperanza. comu 4.jpgLos que querían disfrutar un rato más de calle antes de volver a casa, agachaban la cabeza resignados y se encerraban a pensar en la rutina que aplasta. Desde el 2015 el centro cultural le devolvió la vida a esos valores que sabemos muertos. “Al principio no nos querían”, explica Martín, uno de los coordinadores generales del centro y el encargado del sector legal, “pero nos ocupamos mucho de la imagen que damos en el barrio, alquilamos este espacio y trabajamos todos los días para mantenerlo, proponemos talleres para incluir a gente de todas las edades”. El grupo de jóvenes que compone La Comunidad del Sótano se compromete con una causa que rompe con el concepto “el arte no puede ser una profesión” y, como tal, “una forma de vida”. Martín cuenta que la idea que germinó el proyecto fue muy básica: “No se encuentran espacios donde los músicos puedan tocar gratis o los pintores exponer sin pagar, así que lo creamos”. Habilitado como teatro independiente y bar, su único ingreso para mantener el espacio es la barra que abren para cada evento y la venta de comida que preparan en sus casas. En el Multiespacio a los artistas que exponen se les da la posibilidad de cobrar una entrada y recibir el cien por ciento del valor. Pero no es solo eso, La Comunidad quiere generar una conciencia entre los artistas, una militancia cultural, donde la lucha sea solo a través de la expresión artística: “si queremos reclamar por algo, hacemos un festival”, destaca Martín.

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“Chau Multi”, saludan unos chicos que pasan de la mano con la madre por la puerta. Durante el año lectivo, uno de los proyectos del centro son losMinijueves, donde ofrecen meriendas gratuitas, juegos y algunos talleres para niños y padres. “El centro se fue transformando de a poco”, repasa Anette, la encargada de la difusión de los proyectos sentada en el patio del Multi, justo entre el bar y el teatro. “Los proyectos no empiezan y terminan, hay infinitas aplicaciones para el arte y siempre buscamos el ritmo entre las opiniones, el punto medio. Aprendemos y enseñamos y así creamos cultura”.

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Anette comparte la visión de sus compañeros al decir que la filosofía detrás de las actividades del centro es la apertura de pensamiento de la mano de una militancia apartidaria puramente artística. Los voluntarios se identifican como La Comunidad del Sótano, nombre que remite a lo independiente, a lo “under”. La Comu,como la abrevian los voluntarios, nació en el 2009 en una sala de ensayo ubicada en el sótano de una casa en el barrio de Chacarita. Los músicos, al terminar los ensayos, llegaron a conocerse entre ellos y usaron este espacio para desarrollar proyectos: “El lugar quedó chico, las propuestas eran demasiadas”, dice riendo Anette. La Comu creció y, sin dejar el sótano, encontró un espacio más grande en una casa en el barrio de Flores en 2013 que mantuvieron antes de ubicarse de manera definitiva, desde principios de 2015, en La Paternal. “Este año empezamos nuevas ideas, nos conectamos con otros espacios para crear redes y ser parte de la lucha por el frente cultural”, proyecta.

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El centro es realmente un espacio múltiple donde hoy funcionan: una radio web, una sala de ensayo, el Colectivo ultramar de exposiciones, un bar, una productora audiovisual independiente, un escenario donde se presentan bandas de música y un espacio donde se realizan talleres, peñas folclóricas y se proyectan películas. Todos estos son los eventos semanales que se mejoran cada día y se proyectan hacia el futuro. Cuando el año lectivo comience otra vez se plantearan nuevas ideas como retomar los Minijueves, tal vez abrir una biblioteca y talleres de literatura. La alegría y el empeño con el que trabajan los miembros de la comunidad desestructura cualquier idea de rutina, desde las mesas pintadas a mano con diseños propios hasta las chicas colgando guirnaldas para la peña pasando por al lado del sonidista que busca la perfección en su consola al golpe de un bombo legüero y a una guitarra eléctrica en simultaneo. Lo que se siente en el Multi es amor: “¡Las empanadas están listas, la cerveza está siempre helada, tenemos ping pong y metegol!”, irrumpe un grupo de voluntarios descansando de la organización de la peña. Al preguntarles por qué invierten sus horas en mantener el espacio vivo, limpio y siempre encendido, responden: “¿Hay otro lugar donde estar?, esto es un hogar para nosotros”. El Multi es una casa, a la que todos están invitados, y donde todas las ideas se contemplan y se llevan a cabo, donde todos son uno más y la cultura es la fuerza, el motivo y el objetivo final.

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