Justicia por Laura

De repente, todo el trabajo, todo el progreso, no sólo el conceptual, sino también moral, espiritual, de reestructuración de las conciencias, se viene parcialmente abajo, y evidencias que golpean como un baldazo de agua fría nos muestran lo lejos que estamos de avanzar en la por ahora utopía de la justicia social y de la igualdad, en su sentido más amplio.

Si bien es innegable la labor de entidades más que comprometidas y esperanzadoramente activas como AMMAR, ATTTA, entre otras, las circunstancias brutales del asesinato de Laura Moyano el fin de semana prueban con demasiada fuerza que aún estamos muy sumergidos en el miedo conservador que se resiste al cambio, y en el cual nos empecinamos en ensimismarnos para nuestra propia calma. Nos prendemos de ese miedo para castigar al extravagante transgresor, al chiflado, al peligroso.

Un odio que es ya anacrónico, como lo son tantas otras posturas igual de cerradas y fóbicas, reaparece como un fantasma y vuelve a abrir debates en los que creíamos haber ganado terreno. Género, trabajo sexual e identidad se combinan en su forma más tétrica e indeseada y golpean nuevamente la mesa. Porque a Laura no sólo la mataron por mujer y por prostituta. A Laura la mataron por transexual, y sus asesinos se encargaron de dejarlo en claro cuando, luego de haberla masacrado, le mutilaron los genitales. No contentos con haber machacado su identidad, atacaron aquello que les incomodaba de su pasado.

Ningún asunto está cerca de estar zanjado. El supuesto avance que pudo representar la marcha no sólo multitudinaria sino también (para orgullo de algunxs) trending topic no aparece cuando la vulnerabilidad persiste, cuando la intolerancia cobra renovada vigencia. La manía de los medios por mediatizar el horror, que tanto erosiona y acostumbra y tanto naturaliza la tragedia, hoy nos sirve para expandir el grito, para estar más alertas y despertar el últimamente perdido instinto de la protección mutua.

Es a nosotros a quienes están cazando. Que no falte nadie más.

Edit: Parece que Mónica Liliana Copello, fiscal encargada del crimen, descartó que los genitales de Laura hayan sido mutilados. Esto, sumado a la desaparición de las pertenencias de Laura, suma razones para creer que el móvil pudo llegar a haber sido otro, como el robo. Decisión, desde un punto de vista teórico, indiscutible, pero que debería sensibilizarse frente a otros factores. No sólo por el agravio sistemático y psicópata, o por la (citando a La Voz) “identidad de género de la víctima”. ¿El supuesto registro visual del episodio, el carácter de espectáculo que súbitamente adquirió para los asesinos, no nos obliga a considerar, mejor dicho, a mantener, la posibilidad de que el móvil haya sido efectivamente el odio (insisto, miedo disfrazado de odio), y de que el hurto haya sido el último movimiento cobarde de los brutos y aterrados asesinos?

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