Historias que inspiran: es carpintera de aluminio y construyó su propio bote a remo

Miles de puertas y ventanas de aluminio visten casas y edificios de la ciudad, y muchas de ellas, algunas incluso de las que protegen tu hogar, tienen sello de mujer. “Soy oficial carpintero, y en ésto soy la única mujer en la empresa y, hasta ahora que yo sepa, la única mujer en La Plata que trabaja en carpintería de aluminio”. La presentación es de Cecilia Alejandra Varano, el rostro femenino detrás de agujereadoras, remachadoras, punzonadoras, entre tantas otras herramientas necesarias en este trabajo históricamente asociado a los hombres. Y como los desafíos la definen, terminó hace poco de construir un bote a remo, un proyecto que le demandó dos años en el curso que desarrolló en un centro de formación profesional en Berisso. En el medio, se recibió de instructora de zumba, da clases en un gimnasio y en un club, y ya se planteó un objetivo para 2019: estudiar soldadura.

¿Cómo una mujer llega a desempeñarse como carpintera de aluminio? Si bien hace tiempo se hizo más común verlas conquistando oficios o tareas que desde siempre fueron vinculados a los hombres, el caso de Ale es llamativo por otro aspecto más: es la única en esta rama en la empresa en la que trabaja, el Imperio del Cerámico, y, hasta donde sabe, no hay otra mujer en la ciudad de las diagonales que se dedique a esta especialidad.

“Mi ex marido es carpintero de aluminio, y yo empecé con él. El aluminio tiene varias líneas, yo inicié con la básica que es la línea Herrero, y algo de Módena, pero muy poco. Cuando me separé, trabajé limpiando casas, cuidando abuelas, cocinando, planchando, durante un año. Uno de los que era mi cuñado trabajaba en el Imperio del Cerámico, que hacía seis meses había abierto con estos dueños, que agregaron el trabajo en aluminio -porque antes solo tenían cerámico-, y había dos carpinteros nada más. Entonces le preguntaron si conocía a alguien y él les habló de mí. En ese momento le dijeron `no, dejate de joder, no puede ser´. No conseguían a nadie y le volvieron a preguntar a mi cuñado, y les dijo que sí, que hablaba en serio, y le dijeron `bueno, decile que venga´. Fui a la entrevista, me dijeron como trabajaban ellos, me preguntaron qué es lo que sabía yo y al otro día empecé a trabajar, no me tomaron prueba, nada. Y acá me terminé de formar, de aprender a hacer las otras líneas de aluminio que hay”, rememoró en la charla telefónica con LA PERINOLA.

Madre de dos hijos y abuela de tres nietos, cuenta también cómo es una jornada laboral: “Mi trabajo consiste en armar ventanas, puertas, banderolas, ventanas proyectantes… Entramos a las 8 hasta las 17.45 y tenemos media hora para comer, tanto de mañana como tarde. Llego y ya tengo un trabajo del día anterior para hacer”, y ejemplificó: “Me pongo a armar una ventana, que consiste en marcos con hojas con vidrios; por ahí hay que hacer edificios y hay que hacer 50 ventanas iguales, ese es mi trabajo”.

Alejandra resaltó el ambiente laboral ameno: “Me tratan re bien, y el dueño impone también ese ambiente, que me ayuden en ciertas cosas grandes para armar o levantar vidrios pesados, pero casi siempre me las arreglo sola. Hace seis años y medio que trabajo acá, es como mi casa”. Y agregó que son seis carpinteros, otros cuatro colocan las aberturas que hacen en la empresa, y hay un número similar de empleados en la parte de cerámicos.

También carpintería en madera

Animada por un compañero de trabajo que iba a comenzar un curso para reparar interiores de barcos, Alejandra se sumó en marzo del año pasado a la capacitación que dictaba el Centro de Formación Profesional 402 de Berisso. Poco después quien la invitó a sumarse a la propuesta educativa dejó de cursar, pero ella no solo siguió adelante, sino que espera a principios de 2018 hacer la botadura del bote, del cual sólo faltan pintar los remos. Aún no le dio un nombre a la embarcación, aunque espera que lo decida el propietario.

“Un compañero que no trabaja más acá en el Imperio me comentó que iba a hacer un curso para arreglar interiores de barcos. La idea me pareció buenísima, y me dijo `dale, vení conmigo, no hay ninguna mujer tampoco que haga esto y vos sabes de las máquinas. Yo te llevo y te traigo´”, introdujo Ale sobre cómo se iluminó la idea que daría origen a la embarcación. Las clases eran tres días a la semana, de 18 a 21 horas. Pero, meses después sólo ella llegaría a la meta. “Él a mitad del año pasado dejó de trabajar y dejó el curso, entonces me iba en micro los tres días; y este año fui dos veces a la semana para terminarlo”, contó. El título que obtuvo es Restaurador en carpintería de aluminio, y continuó cursando este 2017 en el trabajo sobre fibra de vidrio y plástico, con lo que se recubre al bote que tiene capacidad para tres personas sentadas. A la par de este trabajo -donde usó herramientas conocidas y otras que debió aprender que son específicas de la madera-, Alejandra hizo un velero en escala.

“La botadura será después de fin de año, porque tengo que terminar de pintar los remos”, contó sobre cuándo prevé el bautismo en el agua. “Le quiero poner nombre italiano, pero estoy esperando que mi hijo le ponga nombre, que es para quien va a ser el bote. Él ama el agua, el mar, va a natación, anda en kayak”, describió.

Alejandra también se refirió a la variedad de compañeros que participaron como ella de estos cursos, e instó a que la gente se anime a capacitarse en la variedad de ofertas que ofrece el CFP: “El año pasado había dos chicas, que ya terminaron, pero este año fui la única mujer. Una señora empezó en carpintería naval pero dejó. También había un doctor que fue director del hospital de niños, abogados, ingeniero naval, mecánico, herrero”. “Nunca es tarde para aprender, porque en definitiva lo del bote no me sirve para vivir pero aprendés, tengo un compañero en fibra que tiene 70 años”, celebró por último.

Fotos: gentileza Alejandra Varano.

Attachments

Discusión (0)

No hay comentarios para este documento aún.

La generación de comentarios ha sido deactivada en este documento.