Herejes

Actualmente está viendo una revisión titulada "Herejes", guardada en el 20 julio, 2017 a las 9:40 am por Federico Treguer
Título
Herejes
Contenido

Sostenga con suma firmeza y no tenga la menor duda de que

todo hereje ha de tener parte con el Diablo

Ley del Derecho Canónico

Para la Iglesia Católica, negar el dogma siendo alguien bautizado en la fe, es una herejía. Y aquel que lo hace, es un hereje. Cuando mi abuelo, hijo de inmigrantes ucranianos, creció en Argentina, abrazó una fe con sus dogmas y creencias: se hizo de Boca. Pero mi papá, su hijo, fue un hereje. Nacido en los setentas, se enamoró de Independiente y de Bochini. Y yo, por alguna razón, fui más revolucionario que reformista, seguí el mandato paterno, pero no el rojo, sino el hereje. Yo soy un hincha de Racing que tiene un babero de Independiente y que sabe que su hijo, indefectiblemente, va a ser de River o de San Lorenzo. “Todos somos parricidas”, se puede leer en Los Hermanos Karamazov. Ser de otro club, es a la larga enfrentarse (por lo menos dos veces al año) a tu padre. Los herejes merecíamos que se cuente nuestra historia. *** El punto de quiebre fue un clásico que Independiente le ganó a Racing por 1-0. A partir de ahí, luego de llorar bastante y quejarme con mi mamá, decidí que los clásicos se tenían que ver separados. Ayudó en parte que mi papá dejara de lado su fanatismo por el Independiente. Hoy admite que sigue más al Barcelona que a su propio club. Hasta que me fui a vivir solo, la casa de mi abuela era el lugar elegido para escaparme de mi complejo de Edipo futbolero. El pacto, obviamente, incluía no tener que hablar del tema en ninguna mesa. Eran 90 minutos que quedaban flotando en el tiempo sin necesidad que nadie los traiga a colación. Cuando descendieron, aunque no lo admití, fue un alivio como hincha de Racing. Ya era hora de igualar la historia, esa que nos había condenado en los albores del sistema de promedios. Sin embargo, también fue un alivio que haya subido rápido. Yo festejé el ascenso de Independiente, así como de chico me alegré con el campeonato que ganaron ellos en 2002. Y aunque él tampoco lo diga, estoy seguro que la promoción que nosotros le ganamos a Belgrano en 2008 también fue una buena noticia como padre, al igual que el torneo que logramos en el 2014. Los dos somos más hinchas de la Selección que de nuestros respectivos clubes. Él, por lo que dice, lo es gracias a 1986. Yo, por otro lado, creo que lo soy para poder disfrutar con mi viejo de ver un partido juntos, alegrarnos o entristecernos juntos, como padre e hijo futboleros. *** A medida que fui creciendo, me encontré con otro herejes. Y ahí aprendí que no todos éramos iguales. Mi herejía es total, yo soy el “contra de”. Luciano Buscemi, por otro lado, es un hereje de baja intensidad. Su viejo es hincha de Boca. Su abuelo materno, es de All Boys. Hasta el ascenso de All Boys, la cosa era simple, un equipo para festejar en primera (y Libertadores, tuvo esa suerte) y uno para pelearse con Nueva Chicago o Atlanta. Las dos camisetas podían convivir en el armario sin hacer ningún ruido. En un momento, sin embargo, tuvo la agraciada desgracia de que All Boys ascendiera a la A. “Yo soy de All Boys”, dice. “Y de Boca”, agrega. “De chico mi abuelo me preguntaba todo el tiempo, y yo decía lo mismo. Boca y All Boys. Me gustaba ir a la cancha, mi viejo me llevó dos veces a ver a Boca, contra Olimpia y contra Cobreloa, por la Libertadores. Y en el 2008 mi abuelo me llevó al Malvinas. All Boys venía puntero de la B Metro y lo fui a ver contra Cambaceres y Flandria. Íbamos con mi tío y empecé a seguir la campaña, y después seguí en la B Nacional”. En ese momento su entorno avizoró lo que parecía ineludible. Si All Boys mantenía las buenas campañas, en algún momento podría llegar a la Primera, y eso, podía llegar a ser un problema. “Todos me preguntaba qué iba a hacer si ascendía, y yo decía que no sé, que era problema para más adelante”. Hasta que ascendió y adelante no había otra cosa que definirse. El día señalado, Luciano fue a la cancha de Boca, y se preparó para lo que nadie en su lugar está preparado. “Ese día fuimos a la Bombonera y empatamos 0 a 0, por suerte a Boca le anulan un gol. Yo estaba con mi viejo en la platea local, invitado por un amigo cuyo tío era de la CD, que nos hizo pasar a los vestuarios”. Ahí es donde Luciano muestra una foto que pinta toda la contradicción. Se lo ve sonriente, empilchado con la azul y oro, abrazado a un también sonriente Nicolás Cambiasso, arquero símbolo del All Boys. Volvió a ir a un partido entre los dos clubes, una victoria de All Boys por 3-1. “En el fondo mi viejo se hacía el boludo, pero yo sé que algo le molesta esta dualidad. Sigo yendo a ver los partidos de Boca con él y gritó los goles. Pero si me preguntan soy de All Boys, no digo públicamente que soy de Boca porque no se puede ser de los dos equipos”, cierra. ¿No se puede ser de dos equipos? ¿Es posible amar de igual manera dos instituciones? Es algo que voy a dejar para otra ocasión. *** Apostasía. La herejía es una cosa, pero la apostasía es otra cosa mucho más tremenda. La historia de Santiago Nigro no es una historia de herejía, sino de apostasía, de ser y dejar de serlo, y pasar a ser otra cosa. “Desde los 3 hasta los 6 años iba con mi viejo y mi hermana a la platea baja de la Bombonera Éramos socios, todo. Después, mi viejo conoció otra mina y dejó de llevarnos, y mi mamá se casó con otro flaco, que me dijo ‘Vos tenés que ser de Huracán’. Nos llevó a un partido contra Belgrano, Huracán perdió y se fue a la B, todos llorando, no me olvido más. Cuando volvimos me preguntó si me hacía de Huracán a cambio de una camiseta. Me fui a dormir y amanecí con la camiseta debajo de la almohada: me la puse y no me la saqué más”, cuenta. El mecanismo de defensa de la comunidad religiosa actuó de inmediato. “A mí papá no le gustó nada, me prometió volver a la cancha, sacar abono. No hubo caso”. Afortunadamente en esta historia, la cosa salió bien y hoy ven los partidos juntos sin ningún inconveniente. “Hemos ido en el mismo auto a la cancha, y después yo iba para el lado de Huracán y el al de Boca. Vino conmigo al Ducó y yo con él a la Bombonera. Simpatizo por Boca, pero el amor por Huracán no me lo saca nadie”, dice el que es socio desde que ganaron una final por el ascenso en el año 2000. La relación entre su padre y quien lo hizo de Huracán es una pregunta obligada. “No hay nada que contar acerca de eso. Entre ellos no tienen relación. Es hola y chau”, explica. A pesar de eso, Santiago no se conformó con ser apóstata y fue por más: se propuso y finalmente logró evangelizar en la doctrina de Herminio Masantonio y Ringo Bonavena. “Mi viejo tuvo dos hijos más de su otro matrimonio, el mayor de esos hijos es de Huracán, socio y viene a la cancha conmigo. El trabajo lo hice yo”, infla el pecho. *** Hace poco TyC Sports lanzó una publicidad sobre este tema. Arranca preguntándole a una serie de padres, biológicos y no, qué harían por sus hijos. Las respuestas son las evidentes. “Todo”, “daría lo que no tengo”, “por un lado soy el padrastro, pero es tal la empatía…”. Inmediatamente la pregunta es otra: ¿Si se hace de otro cuadro, te harías de ese? Las caras cambian, se ponen serias, nerviosas. “¿Qué es esto? ¿Una entrevista?”, “¿De qué pibe me hablás? ¿El mayor?”,“Eso lo tenés que hablar con el biológico”. La placa final es lapidaria: “0 de cada 10 padres se hacen del cuadro de su hijo. No dejes que se cambie de equipo, viví el fútbol con tu hijo todos los días”. Ese final es una puñalada, ¿mi viejo no pudo disfrutar del fútbol conmigo todos los días? ¿Es para tanto? A veces me pongo a pensar qué hubiera pasado de haber sido hincha de Independiente. Me imagino festejando la Sudamericana 2010 o llorando el descenso, pero nunca esa imagen termina de cerrar. Es imposible sentirse de otro club, no podemos concebir que una parte tan nuclear de nuestra identidad pueda ser de otra manera. Es como ser de otra ideología política, de otra religión, incluso de otro país ¿A quién se le ocurre estar festejando el gol de Ronaldo a Oliver Kahn en 2002? Soy parte de un grupo particular, que carga en su espalda el comentario más hiriente: “Uy, pobre tu viejo” ¿Qué culpa tengo yo de ser de Racing? ¿Por qué tengo que se yo el causante de la pobreza de mi viejo? Ser hereje no se elige, no se explica. Se aguanta y a duras penas. A veces tenés la suerte de que entre vos y tu papá entendieron que no es tan grave, o si lo es, se puede fingir la gravedad. Que lo importante es otra cosa y que el fútbol va a seguir siendo fútbol. Para un día del padre, en Facebook publiqué que “no heredé los colores pero heredé la pasión. Felicitaciones”, acompañado de un video del gol de Percudani al Liverpool. Al rato, recibí la notificación de que mi papá había comentado. “Lo importante es que haya pintura, de qué color no importa tanto. Gracias Enano”.
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el 20 julio, 2017 a las 12:40 pm Federico Treguer