Haciendo historia: feminismo de segunda ola

“¿En qué hubiese sido diferente tu vida si hubieses nacido varón?”. Esta pregunta aparece en boca de una de las protagonistas de la segunda ola del movimiento feminista en Estados Unidos, a cuyo testimonio podemos acceder gracias al documental She’s beautiful when she’s angry (Ella es bonita cuando está enojada), de Mary Doe, estrenado en 2014.

La segunda ola surge a mediados de los años ’60 impulsada por los movimientos de liberación de la época. Como cuentan sus protagonistas, emerge como una explosión de todas esas aspiraciones que venían siendo soslayadas, de todos esos derechos que estaban siendo vulnerados, de un mundo restrictivo y excluyente que ofrecía a las mujeres posibilidades limitadas, a diferencia de las múltiples libertades de las que gozaban los varones. Este documental nos muestra cómo a partir del feminismo logran ponerse en cuestión conceptos tales como la masculinidad, la femineidad, pero también, sobre todo, la construcción histórica de los roles sociales que estamos condicionados a ocupar de acuerdo a nuestro género. El film de Dore aborda distintas manifestaciones de la segunda ola del movimiento feminista en Estados Unidos retomando las experiencias de Texas, New York y Chicago, entre otras.

El feminismo permitió a miles de mujeres aspirar a algo más que el matrimonio como la cima para alcanzar la realización personal. La maternidad no era entonces una opción sino una imposición social (y en muchos aspectos lo sigue siendo). El lugar de la mujer: lo doméstico. La belleza y la apariencia física se presentaban como los únicos vehículos posibles para el éxito. Hablar de anticoncepción y aborto seguían siendo temas tabú.
Esta segunda ola del feminismo representó eso: abrir el abanico de posibilidades para las mujeres que, si bien habían conquistado al calor de la lucha nuevos derechos sociales y políticos, ahora iban por algo más: la posibilidad de ser libres. Todavía falta mucho y algunas cosas, lamentablemente, parecieran seguir detenidas en el tiempo: “Si te violaban, la gente no te creía” -dice una de las voces del documental. “Si te maltrataban, nadie te creía” -agrega. ¿Suena conocido, no?

El debate, que continúa vigente, era por la liberación femenina. Mujeres con privilegios de clase que aún así decidieron sacrificar su tiempo y comodidades en pos de la lucha por la igualdad de género. Pretendían que ser esposas, madres y/o amas de casa fuera una opción entre tantas. Pretendían una libertad que, históricamente, había estado restringida a los hombres. Cuestionaban la objetivación del cuerpo de la mujer para el placer masculino y el trabajo doméstico no remunerado. Problematizaban la autoarrogada supremacía del hombre en todos los ámbitos de la vida. Así fueron encontrando su voz en distintas organizaciones sociales y políticas feministas en EE.UU. que, sin embargo, tenían algo en común: sabían que estaban haciendo historia.

Una de esas organizaciones clave para esta segunda ola fue la NOW (National Organization for Women o, en castellano, Organización Nacional de Mujeres), fundada en 1966. Dicho por algunas de sus integrantes en el documental, su principal motivación era la posibilidad de desarrollo profesional para las mujeres, que por entonces era nula mientras la discriminación laboral estaba a la orden del día. El lugar que se proponía para la mujer no era ni la universidad ni el mundo del trabajo, sino lisa y llanamente la casa. Y aquellas que habían logrado acceder a un empleo no tenían la misma remuneración que sus compañeros varones por iguales tareas aún cuando estuvieran mejor calificadas académicamente, tampoco oportunidades de ascenso y crecimiento en sus lugares de trabajo.

Un ejemplo de ello es que en los anuncios de empleo, publicados en los clasificados de los diarios, la belleza femenina aparecía como un requisito común. Esto fue motivo de no pocas manifestaciones en la puerta de las redacciones de los principales medios gráficos estadounidenses, tales como el The New York TimesLas reivindicaciones del movimiento de mujeres también abordaron, como puede observarse en el documental, cuestiones más generales como la exigencia de paz en medio del conflicto bélico en Vietnam, reivindicación que en general provenía de los sectores juveniles y estudiantiles del feminismo. O también el rechazo a la designación de Nixon como presidente, momento clave para marcar una agenda propia del feminismo que tenía cada vez más peso dentro de la izquierda política.

Esta segunda ola, además, puso en evidencia la falta de equidad al interior de las distintas organizaciones políticas. Si bien en muchas de ellas las mujeres eran un componente mayoritario, los hombres seguían siendo los únicos voceros y conductores. Este nuevo impulso feminista también sirvió, entonces, para eso: democratizar las estructuras orgánicas de las distintas agrupaciones y favorecer la pluralidad de voces. Las mujeres ya no querían hacer el trabajo manual sino también intelectual, no querían ser quienes recibían y acataban las órdenes, sino quienes tomaban las decisiones y ocupaban posiciones de liderazgo porque solo de esta manera estarían en mejores condiciones de plantear las reivindicaciones que interesaban a ellas mismas como sujetos políticos.

Esto suscitó no pocas contradicciones, ya que si bien las organizaciones podían estar de acuerdo en líneas generales en temas como la lucha por la liberación de los negros o la reivindicación de la paz, todo parecía ponerse en cuestión cuando era una mujer la que tomaba el micrófono. También había diferencias hacia el interior del propio movimiento de mujeres en cuanto a los métodos para lograr visibilidad en sus reclamos. Mientras que algunas consideraban que era necesario ser más radicales y llamar la atención de los medios, otras preferían los estrategias tradicionales de movilización. Sin embargo todas se reunían, concienciándose unas a otras y encontrando fuerza en el colectivo. “De repente me di cuenta que no estaba sola.” -cuenta una de las entrevistadas en el film de Dore. Estando juntas se animaban a pensar otros mundos posibles en donde podían elegir sus propios destinos. “Lo personal es político” -se escucha, consigna que se repite incontables veces actualmente en las manifestaciones del movimiento de mujeres de Argentina. Cuando se dieron cuenta que lo que le sucedía a una, también le pasaba a otra y a otra, y a otra, comprendieron que no era una situación personal sino una problemática de carácter social. Así, decidieron tomar cartas en el asunto.  

Otra de las organizaciones que se menciona en el film es la WITCH (Women International Terrorist Conspirancy of Hell o, en español, Conspiración Terrorista Internacional de Mujeres del Infierno, cuya sigla era nada más y nada menos que BRUJAS). Este grupo realizaba manifestaciones político-artísticas disfrazándose de hechiceras y lanzando embrujos que ponían en evidencia la desigualdad, por ejemplo, en el acceso a la educación. Ahí estaban, una vez más en la historia, las brujas que no pudieron quemar cuestionándolo todo. 

Poder femenino y liberación. Como se puede observar en este documental, la creatividad nunca fue un problema para el movimiento de mujeres: desde quema de corpiños y fajas hasta intervenciones con banderas en eventos públicos como el famoso certamen de belleza Miss América. Hay algo que el film de Dore logra expresar con certeza: los derechos no se consiguen de una vez y para siempre. Hay que estar atentas para no retroceder y seguir avanzando. “Las mujeres son seres humanos y tienen los mismos derechos”, dice uno de los testimonios. Nada más simple -y complicado para algunos de entender- como eso. Igualdad social, política y económica: eso es lo que consigue mostrar con claridad el documental como metas del feminismo y, en definitiva, la batalla que continúa encarnando el movimiento.

“We were angry” -dicen las mujeres en la película. Estaban enojadas y esa ira -cuentan- fue lo que les permitió sobreponerse al miedo para seguir luchando por sus derechos. El feminismo es justicia social y eso asusta, principalmente, a los hombres, que ven cuestionados sus privilegios. Sin embargo, cada vez más, pareciera que el miedo estuviera desplazándose para dar lugar a algo nuevo. Todavía estamos enojadas y juntas luchando contra el patriarcado alrededor del mundo.

No se va a caer: lo  vamos a tirar.

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