Feliz día. No, gracias

El de la Mujer, tal como se celebra en la actualidad, pareciera ser un Día instituido para legitimar el dominio del varón sobre la mujer. El machismo se auto-celebra en un ingenuo ¡Feliz día! Es en esa frase festiva, que podemos encontrar un tipo de mujer, que configuró la sociedad occidental hace siglos atrás: La mujer como un ser especial. Cuerpos sometidos a idealizaciones patriarcales del tipo: Seres únicos, bellos, frágiles, a ser protegidos.
No sería errado pensar que las mujeres necesitamos protección ante un sistema patriarcal que nos vulnera hasta asesinarnos de manera cotidiana. Sin embargo, no es ese el sentido de protección que se oculta en la celebración de este día, sino más bien una protección del tipo paternalista e individual, que posiciona al varón en un escalón superior al de la mujer. Sin irnos muy lejos en el tiempo, la falta de protección fue uno de los argumentos que esgrimió la prensa durante estas semanas, para justificar el crimen de las jóvenes mendocinas asesinadas en Ecuador. A ellas les faltaba una protección masculina. Viajaban solas. Por eso, fueron asesinadas.
La protección de nuestros cuerpos no viene dado por un trato igualitario entre géneros, tampoco por un sistema judicial que nos dé garantías para sentirnos seguras (aunque ha habido avances, como el uso de la figura de femicidio ante un crimen de odio contra una mujer), los programas de televisión que nos exponen como objetos de culto no reciben la condena social que debieran. Las violencias que nos acechan son de diferente tipo, y por esas violencias, el Estado debiera protegernos hasta alcanzar la igualdad que reclamamos cada vez más mujeres.
Esa protección que nos ofrecen y nos celebran cada 8 de marzo, está atravesada por el pensamiento liberal capitalista, que encuentra a los sujetos como individuos, y a las mujeres fuera del debate público. No exagero, si todavía es necesaria una ley que obliga al estado a que las mujeres tengan un cupo mínimo garantizado en los espacios de gobierno. Por eso, también, vernos a las mujeres organizadas en colectivos puede resultar doblemente audaz. Somos mujeres, y nos reunimos en colectivos.
Sin embargo, en la celebración del 8 de marzo radica la legitimación de la condición de sumisión ante el varón. Si es nuestro día, no es porque se reivindique la igualdad de género, sino sólo un estereotipo de género: El de la feminidad occidental. Una vez más, se trata del estereotipo de mujer heterosexual (podríamos agregar blanca, y consumista).
Por esos motivos, estuve pensando distintas respuestas que cuestionen el feliz día que nos acechará durante la jornada. Probemos:
- Feliz día.
- No gracias-. Diplomática, pero ¿Es posible rechazar un saludo?
-Feliz día.
-Hoy no es un día de fiesta, hoy es un día de lucha. Hoy tenemos que luchar por la igualdad de géneros-. Un estilo de respuesta, para mi gusto, demasiado panfletario para usar en lo cotidiano.
-Feliz día.
- No hace falta que me saludes, no celebro este día-. Una respuesta tajante, y sin demasiados argumentos.
-Feliz día.
- ¿Por qué feliz día?-. Una respuesta socrática, que puede abrir al debate.
Cuesta encontrar una respuesta ante un “feliz día” que pretende ser inocente. Por lo pronto, sé que mis posibles respuestas serán argumentos usados en mi contra. Porque, ¿Quién puede rechazar un Feliz día? Sólo una loca.

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