ES BUENO IRSE PARA DESPUÉS VOLVER

ES BUENO IRSE PARA DESPUÉS VOLVER

En Casa Estoy Bien fue una ocupación poética con proyecciones de video, jardines suspendidos y performances en la inacabada Casa de la Cultura de San Martín de los Andes. Con la intención de “detener los instantes cotidianos para volverlos trascendentales”, Paola Sferco y Valeria Conte Mac Donell propusieron el “estar en casa como algo familiar y a la vez absurdo”. Sin embargo, otros sentidos se abrieron ante la coexistencia de distintas casas y de vivir en ellas en aquella zona de la Patagonia.

Una niña de unos nueve años, con la cara pegada a la pantalla, y con gesto pícaro y amoroso, dice: “¿Querés que te haga el ruido de la gotera? ¿Sí? Sólo me tengo que concentrar, esperá ¿Se dice concentrar?…bueno”, aprieta los labios y los hace saltar, una y otra vez, plac, plac, plac.

He recorrido en auto varios kilómetros de ripio al borde de la Cordillera de los Andes, no hay señal de celular, no hay internet, cada tanto veo una casa, y la tomo de referencia como si fuera un poste de SOS. Si me pasa algo tengo que caminar unos 15 km hacia atrás -pienso-. Algunas casas están ubicadas en lugares paradisíacos, en un valle o al pie de un volcán, al lado de grandes lagunas con patos y rebaños de cabras alrededor, una verdadera postal rural. Sin luz eléctrica, sin gas, sin teléfono. No veo a nadie afuera, tampoco en las ventanas, solo la casa, los animales, la laguna o el río, los árboles, la montaña. ¿Cómo será vivir ahí? ¿Cómo será su rutina cotidiana? Me atrae, siempre, lo distinto. Enciendo la radio, la única radio que se capta, y con dificultad, es Nacional Zapala. Escucho una sucesión de mensajes del boletín comunitario y así obtengo algunos datos que alimentan mi imaginación sobre las vidas posibles de la gente del lugar: “Se comunica a Eduardo Villalobos de Los Toldos que no se preocupe por una bolsita que le falta, se vino arriba de la camioneta, firma Quiroga Nazarena; para la Sra. Raquel Ceballos de China Muerta, mañana temprano estará el agente sanitario Lucas Huinca, firma el agente sanitario; a los pobladores de la zona de veranada de Cutrán, Saricó, Pino Hachado se les encargan dos vaquillas que se extraviaron el día 27 de diciembre del 2016 al bajarse del camión, una pampa colorada señal oreja izquierda, martillo clamp, paletilla a la derecha, la otra colorada mascarilla de la misma señal, solo la diferencia agujero a la derecha marca DOSGG, la misma pertenece a Genoveva Grigord”.

Luego de 10 días de viaje, llego a San Martín de los Andes, me atrae lo distinto y, sin embargo, aparece la alegría de lo familiar, el contar con esas comodidades de la ciudad, una buena cama, una ducha caliente, un número suficiente de miradas y de “hola qué tal”. A las nueve de la noche ya estoy en la inacabada Casa de la Cultura, el segundo impacto de lo familiar, de estar en casa. Unas veinte personas se encuentran trabajando en el montaje de la obra En casa estoy bien de Paola Sferco y Valeria Conte Mac Donell. Tal como ellas la han definido, se trata de la “ocupación poética” de una edificación sin terminar, a la que le falta el techo, las aberturas, las instalaciones eléctricas, y demás. La historia del espacio es la siguiente: durante 2010 el Gobierno Nacional Argentino desarrolló un programa de construcción y puesta en actividad de unas cien “Casas de la Historia y la Cultura del Bicentenario” en todo el país; una de ellas se comenzó en San Martín de los Andes, pero en el transcurso de su realización sucedieron dos hechos que, según cuenta Valeria, interrumpieron tal proceso, la derivación de los fondos para cubrir los daños producidos por la erupción del volcán Puyehue y, luego, el cambio de destino de la obra para que sea Concejo Deliberante, mediante una ordenanza de la intendencia de la ciudad, en el 2016. Según leo en una nota del diario La Voz del Interior, “a partir de allí, los vecinos se autoconvocan y piden a la intendenta Brunilda Rebolledo el veto parcial de la misma, lo que se logró, volviendo el lote a su destino original. Una comisión se reúne periódicamente para pensar acciones de cómo terminar el edificio. El espacio comenzó a ser habitado con eventos de danza y acrobacia, entre otros”. Es así que en el contexto del Decimosexto Festival Estival de San Martín de los Andes, las artistas propusieron cada noche, desde el 26 al 31 de enero pasado, una intervención del espacio de la Casa de la Cultura mediante una acción que se desarrollaba, ininterrumpidamente, durante dos horas.

Rutina y poesía en casa

Mientras Valeria riega, planta, corta, arregla un jardín suspendido, Paola cocina escuchando la radio en la planta alta, a veces lee un libro. Son tareas domésticas regulares, repetitivas. Sobre las paredes ya grafiteadas, se proyectan algunos videos recientes de Paola, los que muestran, también, escenas de la vida cotidiana, cocinar, cortarle el pelo a su hija, limpiar, ordenar. Todo parece ordinario, rutinario, de hecho algunas personas del público manifiestan su aburrimiento y se van, otras salen un rato afuera a comer algo en un chiringuito improvisado para la ocasión, donde asan carnes, berenjenas, papas, y luego vuelven. Sin embargo, lo extraño aparece. Uno de los videos en loop muestra en primer plano frontal una mesa de cocina y en el extremo opuesto las piernas de una mujer que levanta lentamente la mesa, de forma tal que todos los elementos preparados para amasar una torta comienzan a resbalarse, suavemente, para caer estrepitosamente al suelo. De a poco caen el tenedor, la olla, los huevos, el repasador. Hasta que en un momento final la mujer se esfuerza con control y cálculo para elevar la mesa casi en vertical, sin que se le resbale de las manos, y así logra que el último elemento que parecía resistirse (un gajo de mandarina), se deslice hasta caer, azarosamente y como si fuera un chiste, dentro de la olla que ya estaba en el suelo. ¿Qué otras cosas parecen raras? El jardín suspendido mismo; el aspecto de obrero metalúrgico que el mameluco y las antiparras le dan a Valeria; que esté plantando plantas boca abajo, o que las cuelgue con las raíces al aire desde los alambres tensados; que solo una vez a la misma hora de cada noche pasen dos pájaros cruzando el techo de cielo nocturno chillando fuerte, como si estuvieran molestos porque les han ocupado la casa.

La arquitectura, la distribución de los elementos, la iluminación, incluso el techo abierto a un cielo azul casi negro lleno de estrellas y la hilera de álamos cortados a la vista por la pared del fondo, hacen que el espacio se vuelva escenográfico. Las artistas sin hablar realizan acciones pero no actúan: se trata de una especie de poesía visual, una serie de acciones e imágenes visuales-espaciales-audiovisuales que se conectan en red y no en la sucesión narrativa a la que muchos espectadores de teatro están acostumbrados (las artistas me refieren, incluso, a que se sintieron confrontadas al respecto). Podríamos decir que he aquí una diferencia entre lo propiamente teatral y lo performático en las artes visuales. Sin embargo, también cada tanto, suceden otras cosas entremedio de los actos repetitivos de cada una, de cada cual en su tarea. A veces, con la mecánica de una polea de roldana hacen correr un cable, tendido horizontalmente, intercambiando objetos y mensajes escritos entre ellas. Valeria desde lo alto de su escalera le envía, dentro de un balde de albañilería, los productos de su jardín-huerta a Paola, quien le devuelve comida (¡que realmente cocina para ella!). A veces el balde regresa con un mensaje escrito sobre un papelito pero Valeria lo ignora, otras Paola lo corrige con lapicera y se lo vuelve a mandar, a veces se enojan, tironean del cable. Sí, eso es, poesía ocupando un espacio.

Pero, aún, hay algo más para contar. El día de mi llegada, cuando estaban haciendo el montaje pregunté por unos portones hechos con tablas de madera que, apuntalados con troncos, obstruían dos accesos a unas habitaciones de la planta baja. Las artistas me contaron que allí vive un grupo de hombres con los que se inició un pequeño y diario intercambio, una negociación silenciosa, más gestual que verbal, y que derivó en la puesta de los portones como una forma de no invadirse unos a otros. Paola me comentó cómo eso las hizo repensar algunas acciones, y cuestionarse los sentidos de su obra. Una vez más, aparece la conflictiva relación entre estética y ética, entre arte y realidad. De hecho, en un mismo espacio se superponen y se infiltran entre sí las particularidades de las casas (la individual -aunque compartida- propuesta por la obra, la de la “familia” del arte, la del proyecto institucional estatal, la de vivienda básica) y los distintos intentos e intenciones de ocupar dicho espacio.

Vuelvo una noche más, sentada en una reposera disfruto del ambiente cálido y el aire fresco, de las sombras proyectadas en la pared de Valeria, de las plantas y de los hilos de alambre con los que suele dibujar en el aire, de las diferentes calidades de luces, de los movimientos de las dos mujeres. A las doce menos cinco, antes de irme, atraída como los insectos a la luz de una lámpara, ingreso nuevamente a la salita dónde está el monitor con el video que emite las únicas palabras en esta obra, las de la niña. “¿Querés que te haga el ruido de la gotera? ¿Sí?” Pienso que esa es una clave importante para la interpretación de En casa estoy bien. Su voz y gesto le dan ternura y calidad de juego a un hecho de lo más ordinario, que puede llegar a ser un calvario. El título no es una mera afirmación feliz, tampoco una ironía sino que se abre a múltiples sentidos, incluso indefinibles.

Finalmente, luego de conducir de regreso y sin parar, recorriendo 1500 km, no veo la hora de estar en casa. Los dos días siguientes a mi regreso no salgo ni a comprar el pan, me siento bien, recuerdo cada una de las casas: la de la laguna, la que estaba al pie del volcán, la Casa de la Historia y de la Cultura, la del arte, la de la obra – ocupación poética-, la de vivienda – ocupación “real”-. ¿Cómo será vivir ahí? ¿Cómo será su rutina cotidiana? ¿Estarán bien? ¿Estamos bien?


Fotos: Carolina Arias (1), Wolf Herold (2 y 3), Suyai Otaño (4)

Etiquetas: Artes Visuales

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