Hará unos diez años, cuando aún vivía en Rosario, me vi alquilando en el vídeo club de la vuelta de mi casa la película El intruso. En ese momento no sabia que la novela en la que se basa esta película la había escrito quién luego se convertiría en uno de mis autores favoritos (Ian Mc Ewan, una suerte de Stephen King del drama ingenioso) ni sabía que el título era una traducción carnicera, nada que ver con la verdadera intención del original en inglés que es mucho más revelador de la temática luego tratada en el desarrollo de la historia. Enduring Love nos adelanta un paso en lo que luego acontecerá, no nos señala al intruso sino mas bien el propósito del mismo.

Joe conoce a Jed en una situación algo confusa y de ahí en adelante todo lo que haga el primero sera motivo para que el segundo lo analice positivamente en un balance amoroso individual y fantasioso que dista mucho de la realidad. Jed examina los gestos, las actitudes, las posturas de su amado en pos de aseverar lo que internamente desea que sea cierto. Cualquier acto, por insignificante que sea, es susceptible de ser interpretado como un código de amor que alimenta su manía y lo hace sentir especial porque cree haberlo descifrado.

Si bien la palabra erotomania al principio me sonaba mas a concupiscencia que a acoso, según Wikipedia el termino se refiere al Sindrome de Clerambault. Quien padece este síndrome llega a creer que una persona, generalmente inalcanzable, esta secretamente enamorada del el/ella e intenta hacérselo saber mediante pequeños gestos, posturas o movimientos que el enamorado decodificará siempre a su favor.

No es raro que en Wikipedia aparezca Enduring Love como ejemplo en la literatura de este síndrome ya que leyendo la sinopsis del libro fue como llegué a enterarme, no solo de que este existe, sino que tiene un gran exponente en el mundo real: John Hinckley Jr.

El señor Hinckley se hizo mundialmente famoso el 30 de marzo de 1981 cuando intentó matar de un balazo casi certero al presidente de los Estados Unidos Ronald Reagan. Aunque Reagan fue muy controversial en su presidencia por su pasado televisivo y sus tendencias neo liberales, la razón por la que Hinckley intento matarlo dista mucho de ser política.

Según sus propias palabras intentó matar al presidente para llamar la atención de Jodie Foster.

Se dice que Hinckley se había obsesionado con Jodie Foster a tal punto que logro rastrearla e inscribirse en las mismas clases que ella. Le enviaba cartas de amor, la llamaba por teléfono y no cejaba en su lucha por que ella le diera el si. Los días previos al intento de asesinato él confiesa haber visto la película Taxi Driver unas 15 veces. En esta película Jodie Foster encarna a una prostituta menor de edad que se convierte en la protegida del protagonista. Casi al final, cuando suceden todas estas escenas míticas que se hicieron famosas de Taxi Driver, el personaje de De Niro intenta asesinar a un senador. Es evidente que luego de la maratón de Taxi Driver Hinckley comenzó a considerar posible enamorar a Jodie Foster imitando a la perfección el final de la película. Lamentablemente para él no logró ninguna de las dos cosas y hace ya varios años que Jodie Foster es públicamente lesbiana. Pobre, que equivocado estaba…

Hace un par de semanas estaba con un amigo hablando sobre cine y me pregunto cuantas veces me había repetido una misma película. Mi respuesta fue hasta perder la cuenta. Que se yo cuantas veces  vi Death Becomes Her o  Addams Family Values. Recuerdo haberme sabido de memoria el monologo final de Debbie tanto en castellano como en inglés. En la época en que existía el vídeo club el pibe que lo atendía tenia registro de la cantidad de veces en que me llevaba una película, dejando en evidencia mi fuero interno maniático: “Mira que esta ya la llevaste…..siete veces”. Lo decía satisfecho, creo que se sentía poderoso por llevar la cuenta de lo que yo miraba en ese inventario odioso y azul de computadora de los noventa. “Si, ya se” contestaba yo haciéndome la indiferente mientras contenía vergüenza por una práctica que para nada es pecado.

La repetición te hace proclive a encontrar detalles. Soy una erotómana hibernando.