Elige tu propia aventura

 

La crítica tildó a Mommy de inmadura, por la relación demasiado cercana entre madre e hijo, por ser exagerada y forzada. Estos mismos adjetivos se los endilgan a su joven director, Xavier Dolan. ¿Por qué irritan tanto los planteos adolescentes?

El director es joven, tiene 26 años, y eso hace que la crítica lo desacredite como muchas veces se hace con los jóvenes: “todo el día jugando con el celular” (igual que los adultos), “son el futuro” (y no el presente). Pero es valiente de parte del director contar una historia incómoda, con un formato incómodo (la pantalla es de 1:1 prácticamente toda la película). Un adolescente con conductas violentas y una madre sobrepasada, sin ayuda del Estado que echa al adolescente del internado en el que está porque ya no saben qué hacer. Un Estado que solamente propone tenerlo dopado con una camisa de fuerza y sin contacto ni supervisión de su familia.

Dolan mantiene esa frescura adolescente y propone un juego al presentarnos esa ley ficticia que da derecho a los padres que no se puedan hacer cargo de sus hijos, a dejarlos a cuidado del Estado. Esta ley nos condiciona toda la historia. ¿Por qué me avisaron eso? ¿La madre hará uso de este derecho? Y nos empuja, desde la provocación adolescente, a que nosotros mismos nos preguntemos: si tengo un hijo que me hace vivir esta vida dramática y angustiante, ¿me lo sacaría de encima delegando los cuidados al Estado? Nos invita al juego de reflexionar sobre este dilema, Al plantearlo como una ficción, que nos anima más a jugar ese juego. Elige tu propia aventura. Y ahí está la astucia adolescente de invitarnos a jugar, de mostrarnos las escenas crudas para que nos identifiquemos con la madre en su desesperación pero que nos apiademos del joven Steve.

Los adultos también son presentados desde el ojo adolescente, como personas que no cumplen lo que prometen, a quienes los intereses económicos les nublan el juicio, como lo que le pasa a Die, la mamá de Steve, cuando se entrega a un abogado solamente para que la ayude con la demanda que llegó luego de que su hijo provocara un incendio. Adultos cobardes que no enfrentan sus conflictos, como su vecina inhibida y tartamuda que no puede salir adelante luego de un hecho doloroso que no se termina de dilucidar.

Al mismo tiempo que Steve incomoda, libera. En una escena de comunión musical, baila con su madre y su vecina, a la que no juzga, la ayuda a soltarse y bailar. Esa mezcla de incomodidad liberadora de los adolescentes vuelve a aparecer en esa escena que contagia y dan ganas de ponerse a bailar. Bienvenida.

El tema más delicado puesto sobre el tapete en esta película es el suicidio adolescente, por los intentos fallidos de Steve y, lo que suponemos, su trágico final. En la Argentina, la principal causa de muerte en jóvenes son las llamadas “causas externas” que refieren a muertes violentas, entre ellas, los suicidios. Sin embargo, en los medios de comunicación se ocupan de hacer notas sobre qué tiene la jarra loca, de las peleas callejeras, el bullying, en vez de pensar contenidos preventivos. Contar y mostrar el suicidio adolescente es incómodo pero liberador también, como cuando se habla de cualquier tabú.

La película tiene escenas demasiado violentas, sí. Nos provoca el rechazo del joven Steve, sí. Pero nos enfrenta a la decisión ética y afectiva de qué hacer si un hijo o un joven cercano manifiesta estos problemas, sí. Está en cada uno qué aventura elegir, si quedarse en la primera irritación que causan los planteos adolescentes o animarse a hablar de los tabúes y tolerar la incomodidad que producen.

¿Son realmente el futuro o son también un presente que hay que escuchar e incluir?

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Etiquetas: Cine, crítica, mommy

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