EL POLICIAL, UN GENERO POPULAR Y PARA IGNORANTES.

EL POLICIAL: UN GENERO POPULAR Y PARA IGNORANTES.

Como éste es un texto para intelectuales, al contrario del género policial que lo es para ignorantes, daré por supuesto y conocido el concepto y las características que lo definen. Y si no, relean a Teodorov, Chesterton, Van Dine, Poe y todos los demás.

El género policial se estandarizó en el siglo XIX mediante el folletín o novelas por entregas, y en el siglo XX por novelas cortas en papel malo (pulp) o de bajo precio. El folletín nació como una necesidad de los revolucionarios franceses de alfabetizar a las clases más humildes, de aburguesarlos. Y funcionó. Se generó una literatura de consumo masivo y de bajo costo. Los diarios (como La Presse y Siècle en Paris) llevaban en la franja baja pequeños cuadernillos o folletos de forma sucesiva y con finales en suspenso para generar curiosidad y continuidad en la lectura (y más ventas).

Y si los policiales fueron y son de consumo por masas, de reproducción industrializada, de difusión por medios masivos y de bajo costo, de caracteres simples, minimalistas, orientados a un destinatario concreto: el pueblo, y sin altos fines literarios ni estéticos, ¿no les parece que estamos hablando de una obra artística popular? Chesterton dijo, refiriéndose al género policial, que es la “Primera y única forma de literatura popular en la que se expresa algún sentido de la poesía de la vida moderna”. Creo que no hay nada más que hablar. Es arte popular y representa el gusto de la mayoría.

Recordando a Teodorov, la novela policial no transgrede las reglas del género, sino que se conforma con ella. Pero más ajustada aún parece la noción evolutiva que da Roa Bastos al decir “Yo creo que la narrativa policial va estableciendo sus estructuras de compensación: a la novela-problema, que exige el ejercicio de la imaginación inductiva-deductiva, se le opone el relato hard boiled, que implica una decidida toma de conciencia de los vicios y las aberraciones de esta sociedad. O sea que a la línea evasiva se le enfrenta la descriptiva: la primera se explica en tanto permite un escape al habitante de esta sociedad desolada y asolada; la segunda intenta un análisis virulento de una sociedad cuyos privilegios generan la violencia, el crimen.” El género es un hermoso quiosquito que vende y vende, nadie se quiere separar de él, o al menos los escritores del género. Si te corres mucho, transformas las reglas, superas el esquema y haces “gran literatura” para pocos.

Si pasáramos todos los elementos y reglas del género por un tamiz imaginario, debería quedar algo atrancado, algo que no cae porque es justo lo que perdurar al género en el tiempo. Entonces a trabajar, zarandemos. Caen como finos granos de arena investigador, policía, victima, victimarios, personajes, ambientes, trama, lógica, razón, estructura, hecho investigado, pero algo se atasca y no pasa. La intriga.

La intriga es el manejo secreto u oculto empleado para conseguir un fin. En el policial es el nudo y genera tensión e interés. Es enredo y embrollo. Entonces surge la necesidad de restablecer el orden social, la fe en la justicia, la búsqueda de la verdad o como dijo Chesterton simplemente la luz. El relato policial involucra al receptor y en forma directa o indirecta apunta al lector como partícipe. Es él quien termina descubriendo el misterio.

  1. Gombrowicz dijo que la novela policial es un intento de organizar el caos.

Tanto en la ficción como en la realidad reina el caos. Así como el narrador del género policial mientras escribe se diluye en la trama, el futuro lector de esa novela está envuelto su vida real y ambos, por supuesto, en el caos. El narrador necesita un final. El futuro lector una novela policial. Ambos necesitan algo de certidumbre, al menos para descansar. ¿Quién no ha sentido el deseo de sentarse a descansar en un cómodo sillón? Esto sí es una necesidad popular. La naturaleza no es lineal, nada es simple, el orden se oculta tras el desorden, lo aleatorio está siempre en acción, lo imprescindible debe ser comprendido. La conciencia del desorden está avivada según Georges Balander. Todo es movimiento y fluctuación. La trama y la vida real no paran, se embrollan, son puro movimiento. Ahí es donde aparece el final revelador para el escritor y ese gran sillón y la novela policial para el futuro lector. Un hermoso sofá, quieto, rígido, estructurado, para descansar y disfrutar del primer paso hacia el descubrimiento, hacia el conocimiento como placer.

El lector como representante del pueblo quiere poseer la verdad, o para no entrar en discusiones acerca de ella, la conciencia de verdad. La certeza es la afirmación plena de lo verdadero y válido basado en la evidencia. Esto supone un conocimiento comunicable y reconocible por el entendimiento racional. Hay certeza (descubrimiento al final del relato) por la confianza en la validez; esa validez se funda en la evidencia (datos de la trama policial). Dejemos a un costado a los interesantes escepticistas, no nos olvidemos que el objeto es la literatura y en especial el género policial. En el relato, el objeto (hechos, acontecimientos) se pueden conocer por el entendimiento de la comprensión, por eso es posible la evidencia.

Existe una necesidad de comprender el entorno que nos rodea, ya que la especie humana modifica constantemente su ambiente para sobrevivir. En el relato policial se traduce en la necesidad del conocimiento objetivo, de la explicación del porqué de las cosas, de la resolución del problema.

La curiosidad es un instinto natural que nos proporciona la ventaja de supervivencia (y de la reproducción). En el ser humano, la curiosidad se combina con la capacidad del pensamiento abstracto. Y entonces aparece el placer, ese trago de Hesperidina en las reuniones del taller de literatura. Para no desviar el tema en placeres cuyas imágenes ahora distraen mi escritura, me referiré al placer intelectual. ¿No llegamos a él cuándo al leer ampliamos nuestro conocimiento? El nuevo campo aprendido luego del final del relato nos hace más libres y consientes y nos estiramos en el sillón con la cabeza hacia arriba disfrutando del efímero momento.

A esta altura, estamos preparados para ir llegando al final. Como dijimos, la intriga había quedado atrapada en el tamiz. El nudo de la trama aprieta al relato hasta dejarlo sin respiración y necesita una solución urgente, como este texto, para que no se desate y empiece a aburrir. Cuando abrimos una novela policial y nos encontramos con el problema lo reconocemos como lo que es: un enigma. En otras palabras, tenemos una clara noción de que no sabemos su respuesta y queremos llegar a la solución. A la certeza. Pero la seguridad de las soluciones depende de la seguridad de los problemas. Ortega y Gasset dijo que “Darse cuenta de un problema es advertir que no sabemos. Es saber que no sabemos. Delicia socrática de la concreta ignorancia, herida, hueco que hace el problema un ejercicio intelectual”.

La ignorancia a la que me refiero no es la socrática, ni la docta ignoratia de san Agustín. Tampoco el velo de la ignorancia de Rawls. No es la ignorancia de ciertas creencias religiosas o culturales que son un freno para el desarrollo, no es el opio del pueblo como le decía Marx a la religión. Es la ignorancia como ejercicio intelectual, como una realidad social y un elemento constitutivo de la persona, de la mayoría de nosotros. “El acceso a la ignorancia, al margen y por encima de la nesciencia es uno duro movimiento del intelecto (Zubiri)”.

La ignorancia es un primer modo de afirmación, es el principio del camino hacia el conocimiento. Es la afirmación de algo que conocemos: el no saber. La ignorancia está relacionada de forma directa con el conocimiento en relación a sus grados: Confusión, sospecha, duda, opinión y certeza. La gran mayoría (los no intelectuales) para no decir todos los seres humanos, reconocemos de forma sincera e inmediata nuestra ignorancia en las primeras páginas de un buen policial. Y viene la curiosidad y después el placer del conocimiento. Muchas veces el cuerpo se adapta a determinadas situaciones y ya no despide oxitocina, dopamina, endorfinas y serotonina. Se genera mayor placer cuando las cosas son novedosas y el cerebro no las ha procesado aún. O sea que se disfruta más cuando se ignora, cuando realmente se tiene conciencia de que no se sabe lo que vendrá, no se conoce como termina, como se resuelve el caso.

La ignorancia es el punto de partida para uno de los más grandes placeres intelectuales: el relato policial. Y es para todos.

Alfredo Marón

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