EL INAGOTABLE RÓGER

 I

Es un hombre, pero podría ser otra cosa: un río serpenteante lleno de peces, el rugido de un otorongo antes de cazar su presa, el estertor de un trueno cuando anuncia la lluvia. Pero es un hombre y viste pantalón y zapatos de vestir marrón, camisa blanca con cuadros azules, un reloj y un bolso de cuero.

 – Conversemos, conversemos, ¿Deseas tomar algo?

Es un hombre, pero podría ser una lupuna de 300 años, o quizás el silbido del tunchi, o el motelo sabio que preside la asamblea de los habitantes en el bosque, o quizá en sus otras vidas pudo ser el viejo Oroma. Pero es un hombre y pide tomar una infusión de hierbas con una cucharada de azúcar.

La primera vez que conocí al hombre que podría ser río, que podría ser lluvia, lupuna o felino, o quizás Don Oroma fue a través de un libro; tenía ocho años y mi padre me regaló un libro: “Narraciones de la Amazonía”. Quince años después aún conservo el libro, que tuvo que pasar por la curiosidad propia de un niño de ocho años: hojas ajadas y dobladas, dibujos calcados y manchones.

“Narraciones de la Amazonía” es un libro para niños que también lo pueden leer los adultos, es un libro de relatos en el que el viejo Oroma, el más viejo de los ancianos del pueblo de Terrabona, tenía fama de ser el mejor narrador de historias de los pueblos aledaños al río Amazonas.

Mientras llega el jugo de papaya que he pedido, pregunto si: ¿Es el viejo Oroma de su libro de narraciones su álter ego? Toma un sorbo de su té, mira la carátula del libro (que está sobre la mesa) y me dice que don Oroma es su otro yo, su construcción intelectual y espiritual, porque en el cuento Oroma tiene 90 años y él: Róger, Róger Rumrrill, don Róger Rumrrill se imagina ser don Oroma a los 90 años.

 II

Para Róger Rumrrill la Amazonía no es un simple tema de estudio, ni tampoco solo una realidad para investigar, la Amazonía es su destino. Róger ha dedicado su vida entera a la Amazonía, ha asediarla, a amarla, a entenderla. Es por eso que cree que la selva es un mundo deslumbrante, pero al mismo tiempo trágico, maravilloso pero trágico.  Bajo esta premisa, el destino de Róger a lo largo de su vida son y serán las letras de la lengua hispana y las raíces de la tierra indígena.

Siguiendo los pasos del otorongo, este periodista, sociólogo, antropólogo, historiador y escritor multifacético, ha publicado 31 libros sobre la Amazonía con un abordaje múltiple del mundo amazónico, incursionando en distintos géneros literarios como: el cuento para niños, la novela, el ensayo, el periodismo, el guion de cine. Dicha multiplicidad de géneros no es debido a que el escritor tenga pasión por todos los géneros, sino que cree que, al abordar el tema con un solo género, este se agotaría. Por eso Róger usa todos lo géneros literarios posibles, para que la gente pueda entender la realidad mágica de la Amazonía.

La primera etapa de Róger Rumrrill como escritor es como poeta. De esa época es su libro “Memorias de un otoño”, que ganó el premio nacional de poesía “José Santos Chocano”. Un libro que revisa el pensamiento occidental, pero no plantea una salida, es solo una visión desgarradora. De su biblioteca cuelga una tela con el dibujo de un tapir y Róger me dice que lee mucha poesía, que se fascina con Borges, que cuando quiere sentir la furia lee a Rumualdo. Pero lo que lee ahora y a montones es ciencia. Su interés de ávido lector es por la biología, la antropología, la economía. Lee mucha biología para tener un conocimiento profundo de la Amazonía, pero rápidamente completa la frase diciendo que la clave del conocimiento de la Amazonía es el chamanismo.

III

Escucho hablar a Róger y rápidamente detecto que es una persona con un manejo de datos estadísticos impresiones, lo escucho otra vez y vuelvo a detectar algo intrigante: repite mucho la palabra crisis. Me habla de una crisis civilizatoria, un fin de época, un desmantelamiento del mundo, me da toda una explicación con fundamentos en estudios científicos y datos estadísticos. Róger ha viajado por el mundo para conocer mejor la selva. Estuvo, por decir: en Tailandia, Afganistán, África. Sus ojos han visto lo que se avecina para esta parte del mundo: crisis.

Pero no todo está perdido para un idealista del bosque como él. Después de estudiar por muchos años de su vida conceptos filosóficos occidentales y cosmovisiones indígenas, Róger Rumrrill cree fervientemente que el pensamiento indígena será lo único que nos salvará de esta crisis. Conoce muy bien este pensamiento porque conoce muy bien la selva y a quienes la habitan. Ve el mundo como un habitante más de la tierra indígena: donde hay una relación espiritual, donde no hay acumulación de la riqueza, sino de reciprocidad. Estudios filosóficos en la actualidad plantean que: si el hombre quiere salvarse en el siglo XXI, tendrán que volver a rearticular su relación con la naturaleza. 

Róger me sigue hablando sobre las distintas crisis que tendrá que soportar el país si no hacemos nada.

  • Don Róger, ¿Qué se debe hacer para frenar esta crisis inminente?

Cruza los brazos, respira profundo y tajantemente me dice que: “La solución evidentemente es un cambio de modelo, tendría que cambiar radicalmente el estilo de vida, de utilización del planeta. Einstein dijo una vez que si se tuviera que vivir como vive el hombre ahora se tendría que necesitar tres planetas tierra”.

  • ¿Cuál es el primer paso para cambiar el modelo?

“El primer paso sería cambiar la matriz energética. Ósea en vez de la adicción al petróleo, al carbono, empezar a usar energía eólica, hidráulica, energía solar, gasífera. Es decir, salir de esta adicción al carbono que genera el petróleo, el gas y el carbón y cambiar totalmente la matriz energética, serían los primeros pasos para pensar en una sobrevivencia del hombre en el planeta”.

Don Róger mira su reloj de cuero, utiliza por 5 segundos el silencio y me dice que lo que destruirá el mundo no será la economía, ni la política, será el cambio climático. Utiliza nuevamente el silencio, esta vez aprovecho el vacío de palabras y le pregunto: ¿Cómo ve el Perú de acá al bicentenario? La respuesta es dura, durísima y muy triste. Tal y como don Oroma, don Róger carraspea afinando la voz, esta vez sentado sobre una silla de metal y no sobre un grueso tocón de caoba me dcice: “Si Perú va seguir siendo como es ahora será un estado colapsado e inviable de acá a unos 30 o 40 años. Primero, destruiremos toda la riqueza natural que tenemos. Segundo, somos un país primario exportador, según estudios científicos: los países primarios exportadores serían inviables en el futuro. Tercero, tenemos un sistema político totalmente en crisis terminal. Cuarto, el Perú es uno de los países que menos invierte en educación y salud. Quinto, la sociedad está capturada por la herramienta tecnológica, la pobreza y la alienación. La sociedad peruana, en términos sociológicos, es una sociedad anómica. Entonces yo veo al Perú, si no cambia nada, yo veo una nación inviable en los próximos 30 o 40 años”.

  • ¿Y cuál sería la solución? 

Como todo antropólogo, sociólogo, historiador o periodista, don Róger empieza, también como un buen profesor, a explicarme sus teorías de cambio: “La solución tendría que ser evidentemente política, tendría que construirse un partido político de millones, que tengan el poder suficiente, político y democrático, de tomar el poder en las urnas. Hubo momentos en los el Perú pudo haber hecho eso. El Perú es un país de oportunidades perdidas en lo económico y lo político. El Perú pudo ser un país económicamente solvente con el auge caucho y el salitre, pudo haberse trasformado políticamente, por ejemplo, con la caída del fujimorismo. Todo estaba en quiebra cuando cayó Fujimori y ese era el momento. El ejército estaba quebrado, la policía también, todo el sistema económico en crisis, era el momento. Y en vez de eso tuvimos a Toledo. Pudimos habernos trasformado, pero no lo hicimos. La fuerza y la unión es fundamental y esa fuerza puede ser indígena. 10 millones de indígenas con un pensamiento trasformador, utópico, relacionado con sectores populares, intelectuales y sectores urbanos podrían formar esa fuerza en un periodo determinado”.

Según datos de los últimos censos la población indígena se estima entre 4 millones de habitantes.                  Según datos de Róger Rumrrill, que conoce la selva como nadie, se estima        que la población                      indígena en el Perú es entre 10 millones de habitantes, el 43 % de la      población peruana. Solo                      que cada censo, reduce la población indígena. 

  • ¿Y qué es lo que haría esa fuerza?

“Su primera tarea sería refundar la nación peruana. La nación peruana es una nación multilingüe, multicultural y multiétnica. El estado que tenemos es monocultural, de origen colonial. El estado que tenemos no se entiende, es disfuncional a esta nación. Mientras no haya una reforma profunda de este estado, que se adecue, se armonice y entienda a esta nación, va a existir esa fractura social, política, económica y cultural”.

  • ¿Y cómo se puede refundar la nación peruana en la cabeza de Róger Rumrrill?

“Bueno, primero tenemos que reformar la justicia que se aplica en el Perú, que es una justicia del derecho romano, esa justicia no entiende la justicia de los pueblos indígenas. Todo abogado que aplica el derecho romano no entiende absolutamente nada de la justica indígena. La siguiente reforma es cultural, este país tampoco entiende la cultura ancestral, la diversidad que el Perú tiene. Entonces la viabilidad del Perú como nación pasa por una profunda refundación de la nación y ese debería haber sido el proyecto del bicentenario”.

IV

Un canoso Róger Rumrrill recuerda con una sonrisa disimulada a un jovencísimo Róger que recorría las calles de Soritor observando a las mujeres lindas. Mujeres con un biotipo hispano y colonial; recuerda también: que bajo su brazo guardaba celosamente una libreta en que había apuntado el nombre de todos los personajes del siglo 19 a los que este curioso joven aventuró a entrevistar. Cuando tenía 20 años entrevistó en Iquitos a Miguel Loayza, el lugarteniente de Julio Arana. Diez años después entrevistó en Iquitos a Zacarías Valerio, el lugarteniente de Fitzcarrald. Ambos, personajes y protagonistas vinculados a la sangrienta explotación del caucho en la Amazonía. Después logró entrevistar a Damián Najar, el hijo del que leyó el acta de independencia en Moyobamba.

Con el tiempo, en las hojas de esa libreta se fueron tachando los nombres de Arguedas, Izquierdo Ríos, Ciro Alegría, Humberto del Águila, César Calvo. La Amazonía es un caso especial para Róger: conoce a todos los escritores que nacieron a fines del siglo 19 y los que nacieron el 20. Y conoce a todos los que nacieron después del 50, del 60 y del 70. En resumen, conoce a escritores amazónicos en los últimos 100 años.

Su vida siempre estuvo vinculado a las letras, por eso en 1960 funda junto a otros escritores, pintores, periodistas y gente vinculada al arte, el Grupo Bubinzana. Estos jóvenes intelectuales, liderados por Róger Rumrrill replantean la idea de hacer arte en la Amazonía. Antes de la aparición de Bubinzana, toda la literatura era descriptiva y folclorista. La pintura era igual, todas eran paisajistas. Hasta que estos jóvenes dijeron que el paisaje no es el personaje, el hombre es el personaje, el hombre está dentro del paisaje. Bajo esta idea narrativa, haciendo predominar la denuncia social, escriben sus obras y presentan al hombre amazónico y sus problemas como el factor principal de la obra, dejando a un lado el paisaje y el río.

Este año don Róger Rumrrill, el hombre que no conoce otra manera de ser feliz que conociendo y escribiendo sobre la Amazonía, cumplirá ochenta años. Utilizando las matemáticas me dice que quiere escribir cinco años más para culminar lo que tiene pendiente: terminar con la saga de “La Virgen del Samira”, luego tiene pensado una novela autobiográfica que se llamará “La noche de la hormiga” y después tiene en mente un libro de ensayos totalizador de la cultura amazónica, que tiene como título provisional “Entre Apus y Chuchallaquis”. Culminar esos tres libros cuando tenga 85 años es su meta por ahora. Después –  a don Róger – le quedarán cinco años para cumplir 90 y la gente se preguntará de donde sabe tanto sobre Amazonía. Algunos dirán que cuando eras joven viajaste por todo el mundo y en esos viajes recogiste historias, otros dirán que inventas tus historias gracias a tu gran imaginación, otros creerán que las encuentras en libros, habrá algunos que piensen que eres brujo y que cada cierta época del año te internas en el bosque virgen y allí escuchas las historias de la naturaleza. Lo cierto es – maestro Róger – que la construcción narrativa de don Oroma le calza perfecto y quizá, sin darse cuenta esté usted en algún tiempo, sentando sobre un tocón de caoba en Terrabona, contando historias durante tres días con sus noches, sin dormir, comiendo juanes de arroz de gallina envueltos en hojas de bijau cuando tenga hambre y tomando chicha de maíz cuando tenga sed.

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