“El arte es el camino del conocimiento de uno”

Quien arribe a ella desde CABA, dirá que es la puerta de entrada a la capital de la Provincia. Quien haga el recorrido inverso, dirá que es la última. Todo depende cómo se mire. Villa Elisa es la localidad del partido de La Plata que se encuentra ubicada a 15 km del centro de la ciudad y a 45 km de Buenos Aires. Martín La Spina, profesor y licenciado en Bellas Artes, vive en este lugar desde que tiene dos años. Lo elige y lo hace propio. Su arte forma parte de la Iglesia, la Casa de Cultura, el Paseo de la Memoria, entre otros sitios de este poblado. También está su Taller donde ejerce una de las cosas que más lo apasiona: la docencia.

                              El arte en la niñez

Podría inferirse que cada escalón que se sube, se asemeja a un viaje hacia ese mundo donde sucede, enseña y comparte el hecho artístico. El taller de Martín La Spina está en un primer piso y, en cada tramo de la pared que acompaña esa escalera, hay muestras de lo que es su labor.

La charla transcurrirá en ese espacio iluminado por un gran ventanal donde además abundan mesas de madera con rezagos de pinturas, sillas, pinceles de todos los tamaños y latas.

 

 

-¿Cuándo descubriste tu vocación?

Todos los niños tienen una clara tendencia a representar. Puede ser a través del juego, de la canción, del dibujo. Cuando era chico estaba siempre dibujando. En ese momento no lo tomé como mi futura profesión pero sí sentía mucho placer. Mi familia me motivó y alentó. Esto hizo que yo no perdiera la cuestión artística. Ésta –claramente- surge en la niñez y muchas veces se va perdiendo por la escolaridad pues la escuela nos recta, regula, nos pone como en un molde donde el dibujo pasa a ser ‘para ilustrar un cuento’ para lo cual te dejan un pedacito de la hoja. Estas cosas de la escuela siempre me fastidiaron mucho, eso de la hoja regulada con los renglones.

En la escuela primaria no tuve buenos docentes de plástica. No obstante, seguí desarrollando mi veta artística en casa. Siempre estaba inventando algo, recortando con papeles, haciendo cerámica, dibujando, pintado.

-Generalmente suele decirse que a quien le gusta dibujar, no le gusta pintar y viceversa ¿Cómo fue tu caso ya que te dedicas a las dos cosas?

Los niños tienen etapas. La primera es bastante pictórica y libre. Después en la segunda y tercera infancia, el niño se pone más descriptivo, entonces aparece el dibujo y el lápiz. De chico siempre dibujaba con lápiz y pintaba con lápiz de color. Nunca pinté con materiales líquidos. Recién en el colegio, en los últimos años, aprendí la técnica del óleo y eso me permitió desarrollar todo un lenguaje personal con el óleo. Cuando éramos estudiantes del colegio no pintábamos con acrílico. Pasábamos de la tempera al óleo. En mi infancia, el lenguaje con el cual me expresaba más era el dibujo y el modelaje en arcilla.

-¿Había algo en particular que te gustara dibujar?

Siempre inventaba cosas fantásticas, fantasiosas, monstruos, personajes de ficción relacionados con la fantasía. Y eso, después, desarrolló una veta en mi pintura.

Por ahí parto de algo, de un realismo, de una foto, de un cuadro, de una recreación de un clásico pero le doy toda una vuelta fantástica desde el punto de vista de lo absurdo. Juego mucho con ese tema de lo absurdo, humorístico, paradójico, imposible. Jugar muchos planos de la realidad dentro de una misma obra. Abrir puertas de mundos posibles en una realidad. Yo me afinco en el realismo, trabajo con fotografías e imágenes que vienen de la realidad pero el resultado no es una copia de la foto sino una transmutación de esa realidad. Eso es el arte fantástico.

-¿Cuándo comenzaste a incursionar en otras ramas del arte como es el caso del mural, el vitró?

Empecé con el mural siendo muy joven. En la Facultad desarrollé toda una técnica de mural porque trabajé muchos años en la República de los Niños, decorando juegos infantiles, trabajando para los Parques de Diversiones. Toqué el tema del mural, en gran formato, relacionado con la temática infantil. Lo hice para vivir porque yo con eso me banqué la Facultad y empecé a trabajar en lo artístico desde ese lugar. Después entré como ayudante de la cátedra de Pintura IV –ahora se llama Pintura III porque cambió la nomenclatura- y hacíamos una experiencia mural que duró más de veinte años. Yo estuve haciendo experiencias con alumnos de la Facultad. Siempre estuve vinculado con el mural, con el gran formato y con el arte social. Eso de sacar el arte a la calle o a lugares donde tuviera un sentido de difusión de alguna idea, un sentido social. Y el tema de vidrio partió de una necesidad de explorar otros materiales. A mí siempre me interesó buscar otras cosas.  

                              Paseo por la Memoria

¿Dónde ésta Santiago Maldonado?, reza una hoja de papel en formato A4 que está pegada en la pared de su Taller. La Spina es un hombre, un artista que, durante la conversación,  defenderá sus convicciones.

-En Villa Elisa se hizo el mural por la Memoria y fuiste parte de esta experiencia colectiva ¿Cómo fue trabajar en ello?

La idea de hacer este mural surgió a partir de vecinos que se auto convocaron. A partir del 24 de marzo de este año, surgió la necesidad de hacer memoria y recordar a los desaparecidos de Villa Elisa. Hemos hecho actos y performances. Surgió la necesidad de hacer el mural en alguna pared y comenzó a tejerse la idea de representar. Se hizo en la pared que está al lado del Banco Provincia. Convocamos a amigos, artistas, otros vecinos y trabajamos por la sumatoria de ideas. Se hizo un mural que cuenta con imágenes simbólicas, lo que sentimos que es esa memoria que hay que tener por los desaparecidos. Se sumaron las fotos de esas personas. Esto movilizó mucho. Se hizo un acto multitudinario. Ese lugar ahora se llama ‘Paseo de la Memoria de Villa Elisa’.

Recientemente también se hizo un acto por Santiago Maldonado, hicimos una pintada, entrega de volantes. Es algo que surgió espontáneo y que ojalá siga teniendo este valor, que los vecinos lo sientan como propio, que sirva para hacer memoria, recordar, reflexionar sobre cuestiones que no queremos que vuelvan a suceder.

Es un espacio de encuentro comunitario. No es de nadie, es de los vecinos. Ahí nos juntamos cuando queremos expresar. El arte convoca. Es un lugar que se re significó. Antes era un paredón y ahora es un mural, un espacio habitable.

 

-¿Cómo es la tarea de enseñar arte?

Siempre tuve una inclinación muy fuerte por enseñar y acompañar el aprendizaje de alguien en lo artístico. Lo vivo de una manera muy natural. A la par que produzco mi obra, doy clases. Dedico casi la misma cantidad de tiempo a la producción que a la enseñanza. Trabajo en la Universidad Pública –UNLP-. Hace veinte años soy docente de la Facultad de Bellas Artes.

Ahora también estoy en el Bachillerato, que fue el colegio donde yo hice mis primeros pasos. Estamos trabajando en un proyecto de mural bajo la temática de la ‘memoria’ pues el colegio hace poco cumplió sus primeros sesenta años. Y, también, se cumplieron 40 años de ‘La Noche de los Lápices’. Entonces, con esas dos cosas, estamos trabajando con los chicos en la realización de un mosaico que se está haciendo en el colegio. Es un trabajo a largo plazo, se está haciendo por etapas.

También tengo mi veta docente en mi Taller. Siempre tratando de dejar algo, de hacer crecer al otro en ese conocimiento personal. El camino del arte es el camino del conocimiento de uno.

-¿El arte es catártico?

Siempre lo es. Es imposible que uno no transmita en la imagen lo que le está pasando o lo que pasa en lo social. Uno es como una antena de lo que pasa.

-¿Quiénes son tus referentes?

Soy muy lector y observador de imágenes. Me fascina todo lo que es la Historia del Arte. Si puedo viajar, hago maratónicas visitas a todos los lugares donde está la historia del Arte.

En pintura, son referentes los surrealistas, los pintores flamencos, del realismo social, Berni (el principal artista de nuestra historia de la pintura), Noé (alguien que en la plástica nacional ha seguido confiando en el poder creativo).

-¿Cómo vivís el proceso de creación, qué te inspira, cómo es ese momento?

Son momentos de la vida donde uno está más creativo, hay una energía y necesidad creativa, producciones catárticas. Y hay otros momentos donde la energía es más introspectiva y ahí se hace más difícil. Hay momentos donde estoy más conectado con lo creativo y otros donde estoy más reflexivo. Siempre hay que madurar, pulir, sintetizar y dejar que se traduzca la idea en imagen. Muchas veces las imágenes se concatenan y otras se descartan. Algunas veces me pongo a pintar de forma inconsciente y de ahí surge la imagen. A veces la imagen es más intelectual y otra más corporal.

-De las propias, ¿Tenés alguna obra favorita?

No. Creo que es cíclico. La obra circula como en un círculo. Hay momentos donde uno está más conforme con lo que hace, luego no. Soy autoexigente y crítico con lo que hago, siempre trato de buscar algo distinto aunque es como dicen ‘uno siempre pinta el mismo cuadro’. Yo me reconozco en lo que hago, en mis primeras pinturas tanto como las de ahora. Uno en eso se busca a sí mismo, comunicar ideas que me son muy intuitivas. Surge la comunicación y lo vivo de una manera muy natural. Muchas veces me sorprende lo que salió nuevo que viene a reinventar eso que está en la base del discurso que uno tiene.

-¿Tenés guardados tus primeros dibujos?

Tengo todo. Desde cuando iba a jardín hasta la Primaria. Guardo registro de todo.

                              Amonites

Tras pulsar el ‘stop’ del grabador que guardó testimonio de la charla, Martín se retiró para dejar que su mundo fuese fotografiado en soledad. En ese choque de pupilas con parte de su obra, llamará la atención esas imágenes recurrentes de amonites (símil caracoles). Espirales llenas de magia, colores y energía capaces de representar el ciclo nacimiento-muerte-renacimiento. O, quizás, el pensamiento cíclico tal cual supo definirlo él, al hablar de su obra.

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