Educar es combatir: la experiencia del Centro Político y Cultural Galeano.

Por Giuliana Antonella Zocco

Educar es combatir. Deconstruir el sistema que nos ataca con frustraciones. Desarmar las instituciones que nos obligan a  encajar en moldes que solo le son útiles a otras instituciones. La educación no formal que llevan adelante desde el Centro Político y Cultural Galeano va por todo: Eliminar el sesgo del fracaso que este sistema meritócrata nos vende desde el marketing y desde la propaganda oficial, lo que no es tarea para nada simple y mucho menos “express”.

Hacer, desde el campo popular fue una discusión saldada antes de formar el centro político y cultural en San Telmo. La decisión llegó con las ansias de conformar un colectivo que trascienda por sus objetivos. Llegó con las ganas de cada uno de ellos de cambiar el mundo y con la utopía de contagiar esa esperanza.

Las elecciones presidenciales del 2015 les marcaron el rumbo: tenían un proyecto de país que defender. Sus barrios los incentivaban a salir a la calle y ahí se encontraron entre angustia y ganas de no quedarse quietos, de no doblegarse. Se conocían del pueblo, de las universidades, de la vida y decidieron convertir, una derrota en amor.

 

 

El centro se apropia del barrio y el barrio se apropia del centro

 

La educación no formal volvió a escena con el retorno a clases. Fue el espacio construido con mayor dedicación. La apertura del taller implicó la primera reconstrucción de una de las habitaciones del Centro Político y Cultural Galeano para poder salir a conocer un campo nuevo, gente nueva, vecinos nuevos, nuevas oportunidades de construcción. Recorrieron casas, puertas de escuelas y comercios con volantes en mano. A base de expectativas y ansiedad fueron recibiendo nuevas historias de vida que luego se convirtieron en sonrisas clase a clase.

Es destacable como la comunidad que rodea al Galeano está dispuesta a participar en todo lo que se hace, dentro y fuera del taller que los convoca. La participación es completa, incluso los comerciantes aportan, no solo con su presencia, sino que pasan a formar parte activa de las actividades.

Se intenta interpelar al otro desde lo propio, incentivando un redescubrimiento reflexivo de cada uno de los actores que conforman el espacio donde el centro se desarrolla. Una toma de conciencia colectiva que genere identidad de la misma manera, siempre en conexión con lo que sucede alrededor. Porque de nuestra realidad efectiva es que aprendemos. Dentro y fuera de las clases, aunque se nutren de diversos procesos de aprendizaje, se privilegia las prácticas del lenguaje, desde la comunicación oral: Hablar, oír, internalizar, cuestionar. Y así causar un efecto tangible en los hechos, acciones concretas, sujetos de lucha.

Los pibes del Galeano, grandes y chicos, agradecen a los vecinos el interés y el compromiso con las actividades que proponen. El centro se convirtió en un espacio abierto de resistencia que interpela a toda la comunidad. Y, sin duda, sería imposible materializar los proyectos sin ellos.

 

 

Educar es crear voluntades

 

La educación popular como herramienta para la emancipación ha signado la vida de los pueblos latinoamericanos. Ya en 1828, Simón Rodriguez, maestro de Simón Bolívar, señala que los seres humanos buscamos la sociabilidad, la educación es un acto sumamente social, lo importante es cómo se construye mediante el ejercicio de las luces y las virtudes en las escuelas. Por lo tanto, propone  sembrar escuelas en todas partes. Pero ¿es hoy la escuela un espacio para la liberación de los pueblos? Fuera de los dogmas y las estructuras, los talleres culturales no solo revalorizan a los sujetos y sus prácticas sociales sino que sientan la bases para una real construcción de verdad de los pueblos.

 

Como militantes de la educación, creen fervorosamente que en estos tiempos, son los más chicos las primeras víctimas de las políticas neoliberales: indefensos ante la falta de trabajo de los padres, las situaciones de hambre, la falta de espacios de contención y la incertidumbre de los docentes formales acompañan la falta de oportunidades para cambiar las realidades que nos acontecen.  Por eso  aprender jugando, más allá de los cuadernos de la primaria. Dejarlos ser niños y que en ese camino se apropien y disfruten de la cultura nacional es un acto revolucionario ya que tanto ellos, como los educadores, abogan por forjar una identidad a través de los talleres. La tarea primordial es “escucharse”, lo entienden como la única vía para valorar y respetar al otro que nos acompaña.

 

“Acá los chicos dejan de ser recipientes y los educadores dueños de los saberes supremos”. Cada taller, cada momento compartido con los vecinitos del centro, tiene como fin crear herramientas para salir a la vida y revalorizarlos a todos y cada uno. Es un espacio construido de manera diversa, ente los que quieren jugar más y los que quieren pasar horas con matemática, pero siempre de una forma más distendida.

 

Cuando abrieron las puertas de las clases no formales los chicos no tardaron en llegar. Comenzarón con actividades para conocerse entre todos: quiénes eran los nuevos de la cuadra, quiénes los primeros nuevos visitantes del centro. Con juegos grupales, manualidades y canciones de Paka Paka aprendieron sobre cuán distintos eran entre ellos y cuán parecidos. A medida que avanzaron los días compartieron canciones, talleres, proyectos, murales, producciones enteras para festejar a la Patria y así se fue construyendo el vínculo que hoy nos muestra un grupo de intercambio y construcción desde la igualdad y la inclusión que propone el Galeano.

Cada viernes a las cinco de la tarde es la cita para aprender divirtiéndose. Se preparan para la llegada de los chicos dividiendo las tareas: algunos preparan el té y las facturas que acercan las panaderías de la zona, otros diagraman las actividades o preparan alguna actividad, mientras tanto los nenes se disponen en el aula y despliegan sus inquietudes. Pasada la merienda, cambian los manteles por cuadernos y es momento de alistar la tarea de la escuela. El mejor momento de la jornada para las “seños” es ese donde sus alumnitos no se quieren ir, el instante donde se alimentan de motivos y ganas para no bajar los brazos antes las adversidades y seguir transitando por el camino de la organización social.

 

A conciencia, al cierre de cada jornada hay siempre una reflexión que comparten entre ellos: “Tengo que seguir militando por los pibes, no hay que bajar los brazos nunca, que se convenzan de que pueden ser lo que quieren ser”.

Mostrar comentarios ha sido dehabilitado en este documento.