Eclipse de mar

No hablaron de nuestros abrazos, besos, de las lágrimas de emoción que corrieron por sentirnos hermanas.
No van a hablar de nuestra inseguridad, la que encajonan en lo privado, a la que nos enfrentamos todos los días, lo que significa ser mujer en un mundo machista.
No van a querer explicar cuanto cuesta llegar con colectivos que se caen a ultimo momento, dejando la ilusión de esas compañeras esperando. Menos van a contar sobre colectivos que se prenden fuego en plena ruta. De los choferes de los colectivos de linea de Rosario, que además de no dejarnos subir por ser muchas, apenas subíamos bajaban a tomarse un café o fumarse un pucho. Y cuando una compañera tomaba valentía para pedirle que nos vayamos porque llegábamos tarde a los talleres alegaban que nos la teníamos que bancar por viajar gratis.
Hago un esfuerzo y no puedo imaginarme que hubiera pasado de ser hombres yendo a la cancha, probablemente no pasaría.
Seguro tampoco cuenten lo que se siente cantar saltando abrazadas, o de la mano… Mirarnos a los ojos, contarnos como nos organizamos en nuestras básicas, escuelas, sindicatos o centros de jubiladxs.
Los largos minutos que duran los abrazos cuando alguna compañera no aguanta ese llanto que se quiere escapar si comienza a hablar sobre su experiencia de vida.
Como pega ese envión en el pecho de querer cambiar el mundo que tanto tiempo oprimió y oprime a generaciones de mujeres.
Esa aceptación, ese respeto en nuestra diversidad.
“Algo cambia en cada mujer que participa” dicen nuestras carpetas con mapas y cronogramas llenos de talleres y actividades culturales.
Difícilmente vuelvas a ser la misma. Espero que esta crónica, o intento de, sirva para no dejarse llevar por el relato de los medios; molesta que nos juntemos y hermanemos, les sirve la competencia entre nosotras.
Ellos no hablaron de nada de esto que conté. Esos medios que alimentan la idea de la ofensa de una pared pintada o una teta al aire, pero no sufren como nos hierve la sangre cada vez que una mujer es asesinada, como nos quema el pecho por las mujeres muertas en abortos clandestinos. Y cuando les pedís que difundan una foto de una chica desaparecida te cierran la puerta en la cara.
El próximo es en Chaco. Podemos ir todxs.
Nuestros compañeros hombres lejos de sentirse excluidos, cuidaron a nuestros hijxs, armaron la comida y estuvieron ahí dando una mano en lo que falte, sin berrinches machistas. Así las compañeras tuvimos nuestras discusiones, cuando tantas veces ellos discuten mientras nosotras revolvemos la olla. Por un ratito sentimos eso que intentamos cambiar todos los días, salir de los roles ordinarios.
Solo amor vas a encontrar, solo mujeres hermanadas.

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