dylan y zen

patti smith dice que dylan es energía positiva detrás de una máscara negativa. también conocí a dylan. vi su máscara. en sueños, por supuesto. en vivo lo vi las dos últimas veces que vino a buenos aires y guardo esas entradas como un talismán en la billetera.

pero un sueño no es menos importante que la realidad.

era el descanso, después de una larga jornada de trabajo en el campo. nunca ordeñé una vaca ni sembré ni coseché. mis abuelos sí. supongo que estaba con ellos, en el chaco. bob era el de los sesenta, y con la harmónica y la guitarra al cuello tocaba para nosotros. su voz todavía era su voz y no la de un sapo. se entendía lo que cantaba. podía decir ah, mirá, esta canción es new morning o i shall be released. mis abuelos seguían el ritmo con sus botas.

y desperté con la sensación de haber aprendido algo.

me obsesiona el tema del aprendizaje. ¿qué es aprender? ¿podemos decir que aprendimos sólo cuando podemos decir qué?

zazen arrojó luz sobre este punto. dogen, fundador de la rama soto, sostenía que zazen es tu propio maestro. mil veces había escuchado que meditar consiste en atender a la respiración pero no lo supe hasta que me senté y atendí a la respiración una o dos veces por día, durante meses. con el correr de las sentadas uno encuentra una postura acorde y empieza a encontrar atajos para alcanzar el bienestar.

no me acuerdo cuándo fue la primera vez que escuché a dylan pero sé que dije:

–esto lo conozco.

me encanta cuando pasa eso. no hago más que buscar esa sensación en cualquier expresión artística. es casi condición para que me guste una obra. pero no una condición impuesta, es natural. un día me di cuenta que todo lo que me gusta trae esa sensación de “ya lo conocía”. me pasa incluso con las personas que quiero.

si alguna vez se sentaron a meditar habrán sentido, después de un rato, una especie de zumbido en el oído. me gusta llamar a ese tono el sonido en el que se posan todos los sonidos. es como un cable al que van a posarse los pájaros. estoy convencido de que si aguzara lo suficiente la escucha terminaría reconociendo en el fondo de mi torrente mental una canción de bob dylan. toda la música que amo, sin distinción de géneros, se posa como un pájaro en las cuerdas de su guitarra.

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