Digamos que sí

Digamos que sí, señora, que era miembro de las Farc, pero señora, dónde está?

Digamos que sí, señora, que era dirigente de una guerrilla mapuche golpista, pero señora, dónde está?

Digamos que sí, señora, que era el peor alumno de su escuela, que golpeó a su madre y a sus hermanos hasta el cansancio, pero señora, dónde está?

Digamos que sí, señora, que nunca tomó la comunión y el artesano tenía por costumbre cagarse en todos los crucifijos que se fuera cruzando, pero señora, dónde está?

Digamos que sí, señora, que era el peor de todos y olía mal, que jamás votó apoyando el esfuerzo de la democracia y que se sonó los mocos con la bandera inmaculada, pero señora, dónde está?

Digamos que sí, que lo que usted quiera decir se lo escuchamos, que cada vez que lo nombra viene a temblarnos algo, que hablamos de un ser humano terrible, irrecuperable para cualquier acto de buen ciudadano, que era tan malo que el cuco decidió salir por las noches disfrazado de Santiago para no dejar nada sin asustar.

Pero, señora, díganos dónde está.

¿Dónde está Santiago Maldonado?

¿Dónde está?

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