De pasada por Perú en época de elecciones

“¿La seguridad de acá que onda?” fue lo primero que le pregunté al taxista que me llevo del aeropuerto de Cusco (Perú) hasta la casa en donde iba a hospedarme durante mi estadía allí. Típica rosarina perseguida y acostumbrada a tener ojos en la espalda cada vez que sale de su casa. Es que a mi ciudad se la conoce como una verdadera narcópolis, la infiltración del narcotráfico en la política de nuestra ciudad es tema corriente; narcociudad, narcosocialismo, narcopolicías, narcodemocracia, son palabras que se sumaron en este último tiempo a nuestro vocabulario cotidiano. Por eso me fue inevitable desconfiar que “todo muy tranquilo, acá es tranquilo” fuese la respuesta.

La desolación nocturna del Monumento a la Bandera, la peatonal Córdoba, o el Parque Independencia, nada tiene que ver con el flujo de gente que se pasea constantemente a toda hora por los puntos turísticos en la capital arqueológica de Perú. Eran las once de la noche y no podía creer estar caminando por la Plaza de Armas cusqueña sin tener miedo a que me arrebaten el celular. Pero claro, estamos hablando sólo de la plaza principal de la ciudad más visitada del país. Nada más lejano para representar la situación de seguridad que se vive en todo Perú.

Los peruanos amables, sumisos, se esfuerzan en alojarte para que vuelvas y para que recomiendes a tus amigos y a tu familia que vayan. Dicen vivir de la agricultura, pero he escuchado decir que el turismo es su fuerte. Casi que en cada esquina te obligan a que te saques una foto con ellos y sus babies alpacas en brazos, y en cada una de sus ruinas turísticas están presentes ofreciendo sus mantas, bufandas, alfombras, pulseras; también sus botellitas de agua y sus chocolates. Parecen recibidos de guías turísticos, todos están al tanto de los detalles de la historia de los huaris, tiahuanacos e incas, listos para responder cualquier duda, de cualquier turista, en cualquier momento. Se los ve unidos e interesados en una misma temática, su historia. Pero no es el mismo panorama cuando se habla de actualidad política.

A tan solo una semana del ballotage de las elecciones presidenciales, estaban quienes decían apoyar a Keiko Fujimori, hija del ex jefe de estado Alberto Fujimori, que actualmente cumple una condena de 25 años por corrupción y abusos a los derechos humanos. Keiko, la aspirante presidencial de Fuerza Popular, entre algunos vendedores ambulantes, mozos y taxistas, es tildada de inexperta obviando su derrota ante el actual presidente Ollanta Humala en 2011; y su descendencia juega tanto a favor como en contra. Algunos deciden pararse en la vereda del antifujimorismo y solo denominarlo como el retorno de la dictadura, la corrupción y la mentira, mientras que otros desean darle la oportunidad de limpiar su apellido y que se convierta en la primera presidenta mujer de Perú.

Quienes aseguraban poner su voto a favor de PPK, el economista Pedro Pablo Kuczynski quien es líder de Peruanos Por el Kambio, tampoco se lo veía tan seguros que digamos. Por un momento recordé las elecciones argentinas del año pasado, donde muchos decidieron votar solo “en contra de”, en vez de ir tras una ideología. Muchos de los que votaron a favor de él lo hicieron por un Parlamento unicameral democrático, apostando al diálogo. Pero la realidad es que el voto viciado es el gran protagonista en las calles. La disconformidad de los peruanos hacia los candidatos es notable en todo punto de vista.
Observe una cultura con ansias de seguir conservando sus tradiciones, visité unos lugares increíbles donde la inmensidad me fue imposible de plasmar en fotos, y conocí gente honesta, dispuesta a ayudar a hacer tu viaje lo más ameno posible.”Están todos muy enojados con Ollanta, prometió cosas que no cumplió” me contaba el taxista que me llevó del hotel en donde paré en Puno hasta el aeropuerto de Juliaca para ya pegar la vuelta, refiriéndose a su actual presidente como si fuera toda una novedad que los políticos prometan en época de campaña y luego no cumplan. Dentro de muy poco se conocerán los resultado oficiales, volví sin tener claro cuál candidato tenía más posibilidades de ser el próximo presidente del pueblo peruano. Pero segura de que el elegido tendrá menos de la mitad de su país a favor.

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