DE GALEANO A CIRO GUERRA, LA LITERATURA Y EL CINE COMO REFLEJOS DE LA LUCHA ENTRE LA CULTURA ORIGINARIA Y LA CULTURA DOMINANTE.

Quiénes éramos o quienes fueron los que habitaron el nuevo mundo antes del 12 de octubre de 1492? ¿Respondemos esta pregunta para vivir acomplejados, enzarzados en discusiones interminables sobre el indudable adoctrinamiento que explica porque este ensayo está siendo escrito en español y no en chibcha? Absurdo, la primera pregunta es válida desde dos puntos de vista, primero que a través de la reconstrucción de la memoria histórica reparemos en alguna medida el genocidio aborigen y reconozcamos a nuestros antepasados originarios, el respeto que ameritan por su condición de humanos como según se le ocurrió a San Bartolomé de las Casas, segundo para replantearnos como pueblo mestizo que aún es víctima de la incursión del paradigma de la modernidad direccionado por criterios que desconocen la periferia económica del mundo en el discurso de progreso pero no en el de la productividad.

América Latina, el arca de occidente para poner a prueba muchas de sus estrategias limites, muestra un problema de cohesión, por tomar de ejemplo un adagio del gran Jaime Garzón «En Colombia los ricos se creen ingleses, la clase media se cree gringa, los intelectuales se creen franceses, y los pobres se creen mexicanos» como reitera en su famosa conferencia en la universidad del valle en el 97’ el problema es que los colombianos, y no solo nosotros sino también los latinoamericanos, no sabemos quiénes somos, y estas dos experiencias expuestas a continuación son solamente eso, dos ejemplos de resistencia, de reivindicación desde el arte, la filosofía y las humanidades, en un intento por pensarnos ontológicamente para desarrollarnos como pueblo.

 

  1. Eduardo Galeano, la preocupación popular y arcana por nuestra identidad.

En este punto me referiré a algunas apreciaciones de Eduardo Galeano, en propiedad contempladas en el libro Ser como ellos Galeano, E. H. (2010), y algunas otras referencias superficiales a obras del mismo autor.

A América entro en La Pinta, La Niña y la Santa María, el capitalismo, la evangelización y la muerte. Defendemos la civilización traída por los españoles, «reduciendo la realidad indígena americana al despotismo de los emperadores Incas o las prácticas sanguinarias de los emperadores Aztecas» también sepultamos saberes ancestrales, renunciamos a nuestra historia, a modelos de gobiernos compartidos y elecciones calificadas, renunciamos a técnicas agrícolas eficientes y a una relación respetuosa con la naturaleza, este es el juego, cosas buenas y cosas malas de costa y costa.

Pero este es el relato de los oprimidos, microrelatos que se erigen de las venas abiertas de américa latina y que señalan entre las cejas y barbas la tiranía de la colonización. Como estrategia natural en el proceso de forjar una identidad, se marca este antagonismo entre culturas y como proceso de revelación y empoderamiento la ambivalencia de nuestro ser en las mismas, somos hijos de ambas culturas pero de una sola tierra.

Hoy día parece ser que lo de afuera siempre es bueno y lo de adentro siempre es malo, es malo que nuestras economías se protejan, pero es bueno el país que impone las reglas del comercio, es malo el país que produce drogas (nuestro país) pero es bueno el país que crea el sistema que crea la necesidad de consumirlas, nos identificamos con el país bueno, porque es la vanguardia, el progreso, porque en el sueño americano esta nuestra intención de logro, pero no nos identificamos con nosotros porque somos un pueblo atrasado, subdesarrollado y nos vemos en otros pero no en nosotros mismos.

Algunos de los pocos elementos que han logrado forjar una identidad al menos compartida en Latinoamérica, es el llamado opio del pueblo, el circo; en las grandes ciudades los estadios se llenan los fines de semana para celebrar la fiesta del futbol, en los pueblos de Colombia, los polideportivos y las canchas empolvadas se atestan de grupos, familias y amigos para celebrar los goles, muchas veces acompañados de unas buenas latas de otra institución local forjadora de identidad: Bavaria, si a alguien le pagamos gustosos los impuestos es a Julio Mario Santo Domingo (cuando era Colombiana). Si bien en esta ilustración encontramos dos elementos serios (futbol, fiesta) y uno jocoso (alcohol) que dan alguna unidad como nación, es menester reconocer que como elementos cohesionadores también han sido espacios que propician otra característica con la que se nos identifica mucho desde la sociología: La violencia.

Tanto así que surgen y tenemos de los mejores en su disciplina, violentologos, extranjeros como nacionales, pero esta realidad es como una marca en la cara, que no aceptamos, que muchas veces no importa y que tampoco nos hemos sentado a pensar sus razones ni su posible imposición, ¿por qué es la violencia? ¿Lo que dicen los otros que tenemos por ADN o lo que tenemos porque desde afuera y por deberle el alma a la banca y los poderosos hemos terminado teniendo? La verdad es que en las últimas décadas en Colombia caminar por el campo o por las grandes ciudades se ha convertido en un deporte no apto para cardiacos, Galeano hace una analogía con una cárcel, esta inseguridad se ve precipitada por las exigencias del aumento en la calidad del estilo de vida general y por la falta de oportunidades para satisfacerlas es decir, la desigualdad.

La desigualdad y sus grilletes traen un vicio del alma, la desesperanza, desesperanza es la ausencia de esperanza y la esperanza, es una expectativa de que algo suceda, como esta desaparece, desaparece nuestra utopía, esa que en otro texto Galeano dice que funciona como el horizonte y que sirve para caminar, un logro de la facultad de impunidades, enzarzada en el desprestigio de nuestras instituciones de cohesión social, para creer que no se puede, que todos estamos mal y resignarnos a la postre de una cultura dominante dirigida por ladrones de esperanzas y sueños.

Es así como en la opinión pública la cultura originaria se reduce a indígenas en el cauca tomando fincas y vías o la minga indígena nacional, que en compañía de otros sectores oprimidos por la sociedad, son señalados por los medios de comunicación regionales. Hay dos poblaciones a las que bajo ningún concepto podemos negarles su derecho a la lucha, indignación y rabia hacia el mundo de los blancos: indígenas y campesinos victimas de dos enfoques de la violencia del mismo actor, que pelean por la calidad de sus vidas y por la no imposición de costumbres foráneas, a nosotros ya nos impusieron muchas cosas, nosotros ya no somos de esta cultura o de esta otra, sabemos cuál se sobrepuso a cual, pero no sabemos quiénes somos.

 

  1. Ciro guerra, un eco del amazonas.

En 2015 Ciro Guerra dirigió una película Colombo-argentina llamada el abrazo de la serpiente, con esta película Colombia piso por primera vez la alfombra roja de los Premios Oscar, la cinta lejos de caer en la recurrente trama de las comedias decembrinas o adaptaciones cinematográficas de novelas literarias sobre narcos y sicarios, sorprendió como creo haberle leído alguna vez al columnista Ivan Gallo, porque era una película a blanco y negro, en inglés y de protagonista extranjero, además fue toda una abofeteada a la estética del cine que normalmente van los colombianos a ver en las salas Un colombiano ve en promedio una película al año. (2017), pero aún más importante que todo esto y la razón que nos congrega en este escrito es encontrar un regaño histórico e identitario.

De la serpiente Tsunkui una anaconda, surgió la vida, la Yakruna —una flor— es vida y por tanto proviene de Tsunkui, esto en la cosmovisión de algunas tribus amazónicas representadas por Karamakate, para Theo en la cinta fue la oportunidad de sanarse y “no morir en este infierno” y para Evan fue el signo que marcaba una buena cepa de caucho, dos civilizaciones, tres interpretaciones de un mismo elemento de tal importancia que todos emprendieron el camino por ella a través de los sueños.

La película, la historia o la vida nos lleva a una escena, a un momento o a un lugar digno del realismo mágico de Gabo, La misión de San Francisco de Asis, que dirigida por un capuchino “educa” a los huérfanos victimas del choque cultural de los mundos, una misión de occidente que intenta “proteger” los estragos del mismo occidente, una ambivalencia marcada en los diálogos, reclamos e interpelaciones casi poéticas entre KaramakateTheo y Mancusa.

En el lugar existía todo un proceso estructurado de reformación de los niños indígenas, pero Karamakate introduce un giro en esta dinámica que desencadena en un niño indígena soplon y el fraile muerto, en ese momento en vista de que se aproximaban “colombianos” tuvieron que huir y la misión y los niños quedaron en el desamparo en una fluctuación anárquica que reorganizaría de una forma inesperada la identidad social del grupo, cuando Karamakate con sus problemas de memoria retorna muchos años después con Evan se encuentran con una comunidad adulta que ha fusionado la identidad cultural occidental y la identidad étnica de los indígenas —que desde niños, incluso antes de alcanzar los procesos descritos por Jean Phinney se vio transgredida— la síntesis de esta extraña dialéctica la describe Karamakate muy bien en su lengua natal: “Lo peor de ambos mundos”.

Cabe mencionar dos cosas, primero que cuando se llega allí se encuentra un líder por su asentó presumiblemente colombiano y con estudios religiosos por el manejo del latín y la biblia, segundo que en el momento en el cual arriban Karamakate y Evan se ve un niño muerto en un asta con varios elementos clavados, se explica que se le invito al suicidio por haber sido un soplón y que está allí como señal de que nunca más se debe repetir, — es el niño que informo al fraile hace muchos años sobre las conductas indebidas de sus compañeros—esto recuerda mucho a la teoría Freudiana del parricidio descrita en Tótem y Tabú, en donde después de asesinar al padre de la horda primitiva por acaparar a las mujeres, sus propias hijas, se instaura para todos la prohibición del incesto el primer Tabú y la conmemoracion del asesinato, el primer Totem en donde todos comparten y recuerdan la culpa del asesinato y se produce la expiación.

Para culminar este apartado quiero hacer referencia a lo paradójico de la apreciación de esta película, y es que sin ánimos de generalizar trae una profunda reflexión, reflexión que muchos vieron desde la comodidad de un cine y que posterior a ello, al salir siguieron con una vida de sujetos de consumo, el tipo de sujeto que para Heidegger es eyectado por el sistema capitalista actual.

 

  1. Conclusiones

No hay una claridad con respecto a quienes y como somos, por supuesto no referido a una definición cerrada sino más incluyente y realista, varias situaciones posibilitan este problema, en primer lugar y el más remoto en el tiempo está el del desconocimiento de nuestras raíces étnicas, un meme popular en redes hace referencia a que si se nos preguntan por los barcos en los que llego Cristóbal Colon, por los exploradores españoles que llegaron al nuevo mundo, daremos respuestas más acertadas que las que podríamos dar si se nos pregunta por las comunidades precolombinas que gobernaban nuestros territorios, a esto lo llaman adoctrinamiento, la historia de los vencedores institucionalizada, puede que tenga razón, pero la verdad es que solo tenemos unos vagos datos de nuestra procedencia y estos no contribuyen a definirnos, pues la manera en como esta instaurada en nuestras memorias es de un proceder poco más que mecánico del carácter de un saber de cultura general, un ejemplo reactivo a esta situación que me parece fundamental es el movimiento bolivariano del siglo XXI que independientemente de sus resultados políticos, por medio de la historia rescato las ideas de Simón Bolívar para traerlas al hoy en un movimiento de empoderamiento, liberación e identidad, ahí uno de los efectos de hacer memoria histórica y la necesidad de que sea en todos los tiempos y momentos de nuestro continente.

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