Carnaval toda la vida

El día 6 de febrero comenzaba el ritual. Se denominaba “Jueves de comadre”, es decir, todas las mujeres sin importar su condición emocional pueden salir a divertirse. Todo está permitido. Es su día libre.

Los carnavales en Jujuy significan “la liberación de la carne” , es la alabanza al dios del sexo. Claramente es muy diferente a las fiestas que uno está acostumbrada a ver y a vivir. Durante una semana la gente del pueblo, en este caso nosotras lo pasamos en Tilcara, tiene derecho a la diversión absoluta, al descontrol y al todo vale. Miles y miles de personas festejan la llegada del carnaval.

Pintura, talco, papel picado y la tradicional espuma invaden el territorio. Nadie puede estar “limpio”. Aquel que asoma su nariz por las calles del pueblo será sorprendido por la vivencia del carnaval, por alguien que tenga en sus manos el poder de darle color a tu cuerpo.

La gran ceremonia comienza cuando los diablos de la comparsas bajan desde las montañas y se dirigen a su sede. La más conocida se llama “Caprichosos”. Nosotras vamos tras ellos. Cada uno debe elegir una comparsa y seguirla hasta las respectivas invitaciones. Éstas se realizan en casas, al aire libre o en el medio de la montaña. Uno de esos días se armó tremendo boliche en la cima del cerro. Fue lo más divertido de los carnavales.

Olvídate de las chicas semidesnudas bailando, de las murgas pequeñas, de esperar sentado o no a las grandes comparsas que pasan bailando. Todo eso no existe. El significado del carnaval es totalmente diferente. Es un ritual. Cada año se realiza la misma ceremonia, todos los habitantes del lugar la esperan con ansias. No solamente para la diversión, sino para liberarse de todo. Literalmente de todo los compromisos.

Salimos del hostel para emprender esta locura. Ni bien llegamos a la plaza principal, los chicos nos sorprendieron con témperas. Teníamos la cara llena de pintura. Muchos colores. Todos bailaban y cantaban al ritmo de los “Caprichosos”. La energía de la comparsa era imparable. Difícil de seguir a los diablitos.

“Yo soy así, por caprichoso yo tengo amor. Capri, caprichoso”. Se cantaba sin parar, todos gritaban. Imposible no pasarla bien. La mitad del pueblo seguía a dicha comparsa, eran los mejores, superiores al resto. Nunca bailé tanto. Saltar, cantar, caminar entre las montañas, escuchar bandas de cumbias en las invitaciones, eran cosas que no me imaginaba que podían llegar a pasar en una fiesta carnavalera.

No parábamos de reírnos, estar en medio de una fiesta todas pintadas, llena de espuma y bailando con los capri, no podíamos creerlo. Era muy divertido. En un momento se armó una especie de batalla campal, te tiraban de todo, lo que encontraban. A mi me derramaron un vaso de vino. Eso no fue tan agradable. Debido a la cantidad de espuma que te tiraban, incluso algunos te apuntaban a los ojos, mi amiga Lucia término en el hospital porque no veía nada. Fueron un par de horas, luego todo se calmó.

La vida te sorprende, a veces para bien, otras no. Ese día perdimos la noción de lo que pasaba en el más allá. Solo importaba divertirse. Fueron cuatros días de vivir a pleno, sin problemas, sin tensiones, sin discusiones, sin dramas. El clima estaba lleno de risas, locuras, alcohol y felicidad. ¿No es eso lo que debería hacer uno? Simplemente sonreir. Es necesario. Es vital para la salud.

La sensación de estar compartiendo una fiesta fuera de lo común con mis amigas de la vida era increíble. Se nota nuestro placer en la foto. Nuestra alegría. Los colores, la gente, la sonrisa, la diversión y el vaso de vino fueron característicos en todo momento. El brillo de los trajes iluminaba al pueblo. El baile lo llenaba de vida. La gente que llegaba desde ciudades cercanas lo adornaba con sus risas. Tilcara era otra. Resplandecía con el carnaval.

“Me han dicho que hay un lugar donde el sol del mediodía no quema, donde las noches de luna llena no te hacen llorar”, dice Pity Fernandez cantante de Las Pastillas del Abuelo en una de sus canciones. La frase refleja los días del carnaval. Todo te hacía sentir bien. Era estar en paz con uno mismo. En el medio de lo locura se olvidaba lo que pasaba alrededor, lo que pasaba en la realidad. No queríamos que se termine. No queríamos volver a la rutina. Lindo sería estar en carnaval toda la vida.

Hay que disfrutar de los pequeños detalles que se colocan en el camino. Puede ser que para algunas personas la palabra carnaval no signifique nada pero el hecho está en cómo uno lo vive, en como se disfruta. Nunca fui fanática de estas celebraciones pero justamente en Tilcara era muy distinto. Un simple ritual se convirtió en algo único porque todo vale la pena si te hace reir.

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