Brooklyn, de Colm Tóibín. Eilis, un barco trepidante tironeado por dos orillas

Hubo un tiempo macizo y concreto, tan alejado de estos líquidos y efímeros, en los que había certezas y una de esas certezas era que existía en la vida de las mujeres y los hombres una edad en la que se tomaban las decisiones importantes.

Eilis, está atravesando ese período. Ronda los 18 en una ciudad de los suburbios de Dublin. Estamos en las primeras décadas del siglo XX, un período en el que viajar de una a otra costa del Atlántico insumía dos semanas en barco. Una época en la cual la globalización no figuraba en los diccionarios, de modo que cambiar de escenario implicaba necesariamente un cambio de vida, otros hábitos, otro trato, otras posibilidades de progreso.

Eilis es tímida, discreta, estudiosa. Se le dan bien los asientos contables y tal vez termine detrás del mostrador de una tienda. Con un poco de suerte, ese es el panorama más alentador que tiene frente a sus narices. Vive en una casa de mujeres. Su padre murió joven, sus tres hermanos varones no tardaron en abandonar el nido en busca de trabajo en las fábricas inglesas. La acompaña su madre, una mujer dedicada a su hogar, lista para envejecer. Rose, su hermana, es la otra cara de la moneda. A diferencia de Eilis, es vital, deportiva, carismática. A sus 30, y con un trabajo estable en uno de los comercios más prósperos de  su ciudad, Rose está plantada sobre sus pies. Eilis, en cambio, no termina de encajar en ese mundo preestablecido.

Sus amigas se lanzan abiertamente a la caza de los jóvenes de familias ricas, pero Eilis no participa de esa competencia, tampoco reniega del resto. Simplemente, no encaja.

La época, el lugar, los personajes. Todo podría resultarnos ajeno, lejano, sin embargo, la prosa paciente, profunda y simple (que no tienen por qué ser términos antagónicos) de Colm Tóibín nos arrulla y nos acerca con tanta pasión a esas vidas sencillas que, de manera inadvertida, nos vemos al lado de Eilis en un barco que la llevará desde Irlanda al sueño americano.

El truco parece sencillo pero sabemos que sólo lo logran unos pocos escritores. Acaso John Williams con su inmortal Stoner, comparta la pericia de Tóibín para, de la nada, interesarnos e involucrarnos con el alma humana. Porque aunque suene grandilocuente es eso lo que consiguen este tipo de escritores. Y no lo hacen desde el artificio y el efectismo, sino desde el profundo respeto y cariño hacia sus personajes. Desde la entrega y el compromiso por una obra, en tiempos en los que se paren libros como conejos.

Uno, Williams murió en 1994 casi en el anonimato y legó una obra breve y sólida que con el tiempo gana en estatura. El otro, el escritor irlandés, afortunadamente está activo.

Volvamos a la novela.

¿Cómo llegó Eilis a ese camarote? Un sacerdote, el padre Flood aparece en forma providencial en sus vidas. La convence a la madre de que la menor de sus hijas puede hacer carrera en una oficina de Brooklin. La que no está convencida del cambio es la propia Eilis. Ya tiene listas las valijas y ahora las mira abismada y piensa: la próxima vez que las abra estaré en otro lugar, viviendo otra vida. Secretamente, desea que sea otra la persona que desempaque, acaso su hermana tan preparada para los desafíos.

Del otro lado del Atlántico, la espera una buena oportunidad laboral, posibilidades de ascenso, una pensión de mujeres pero también las cartas que llegan desde Irlanda y que, de alguna manera, le recuerdan todo el tiempo lo que Eilis dejó en su hogar.

Cuando la fe en el sueño americano parece declinar, Eilis conoce el amor, un amor de baja intensidad que le permite mantenerse a flote. Por momentos cree que es posible una vida distinta, lejos de sus orígenes, pero es entonces cuando lo imprevisto irrumpe: una noticia funesta le llega del otro lado del Atlántico y la obliga a desandar su camino. Antes de hacerlo, su novio le pide un acto de entrega, un sacrificio que a él le permita creer en su regreso: así es como Eilis y Tony, su novio gris, se casan en secreto.

Lo que en principio se planteó como un viaje de regreso por un par de semanas, se transforma en otra prueba de fuego para Eilis. Pero ya no es conveniente avanzar más en la trama, a esa altura los lectores de Tóibín, los mismos que se aventuraron con reservas en los detalles de estos personajes en apariencia ajenos, estarán pendientes de esa mujer valiente, arriesgada y mortificada.

Puesta en una encrucijada, cualquier decisión que tome Eilis, magullará algún corazón, el propio, el de algún amor, o el nuestro que ya late al unísono a su lado.

Etiquetas: Literatura, novela, Reseña

Discusión (0)

No hay comentarios para este documento aún.

La generación de comentarios ha sido deactivada en este documento.